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¿Universidades estatales versus universidades privadas?

por 8 octubre, 2009

El rector Zolezzi además comete un doble error que es recurrente y a estas alturas insostenible. En primer lugar, afirma que las universidades privadas han crecido y expandido sin límites, involucrando a todos los planteles y no haciendo distingo que en el sector hay una diversidad de...
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Por Sergio Torres Pinto*

Las visiones antagónicas entre universidades estatales y privadas han sido recurrentes en las últimas dos décadas. Por un lado, se señala que el sector privado experimentó un crecimiento irresponsable sin resguardo de calidad y, por el otro, se habla de ineficiencia e inadecuación a los nuevos requerimientos por parte de las instituciones públicas. Algo de esa actitud simplista y maniquea se reproduce en los comentarios, a propósito de la fecha de entrega de resultados de la PSU, y la acusación de competencia desleal en la Educación Superior a la que alude Juan Zolezzi, Rector de la USACH y Presidente del Consorcio de Universidades del Estado.

El rector Zolezzi tiene razón al señalar una serie de trabas administrativas de las universidades estatales que dificultan su gestión y no necesariamente apuntan a salvaguardar la consistencia y transparencia de sus procedimientos, pues muchos  de ellos son bastante anacrónicos y no fortalecen la calidad del desempeño efectivo. Pero, no son las trabas administrativas las que ocasionan mayores dificultades en el desempeño de las universidades estatales, sino el serio retraso de las políticas públicas en renovar la misión específica que la sociedad les asigna, dotarlas de los recursos para ese cumplimiento y de mecanismos eficaces para evaluar su  desempeño. Es evidente que su institucionalidad está sobrepasada y, en más de alguna de ellas, su quehacer pareciera estar capturado por los intereses internos más que por la función específica.

El rector Zolezzi además comete un doble error que es recurrente y a estas alturas insostenible. En primer lugar, afirma que las universidades privadas han crecido y expandido sin límites, involucrando a todos los planteles y no haciendo distingo que en el sector hay una diversidad de proyectos y que, si bien existen instituciones de dudosa calidad y responsabilidad, no es posible generalizar. Prueba de ello son los procesos de acreditación, tanto institucionales como de carreras. En segundo lugar,  la naturaleza estatal y la pertenencia al CRUCH no es, sin más, sinónimo de calidad y responsabilidad. Olvida, el Sr. Zolezzi, que un buen número de así llamados programas de regularización, de dudosa calidad y en áreas tan importantes como la formación de profesores, se han impartido por instituciones estatales y miembros del honorable Consejo de Rectores. Y qué mencionar de la proliferación de sedes sin diagnósticos de requerimientos. ¿Dónde estuvo el recaudo de calidad y de responsabilidad social  del Consorcio de Universidades Estatales y la del Consejo de Rectores para analizar estas y otras situaciones que afectan gravemente al sistema?

La calidad y responsabilidad social no dependen de la naturaleza jurídica de las instituciones. Es urgente que el país siga avanzado en asegurar calidad al sistema terciario. Hoy la matrícula asciende sobre los 800 mil jóvenes estudiando en educación superior, en 194 instituciones (59 universidades), en 3.790 carreras. El dato central a considerar es el tránsito de un sistema que atendía sólo a una minoría, con características homogéneas en sus niveles de aprendizaje a la entrada al sistema y financiado con rentas públicas, a uno masivo, altamente diverso en los niveles de aprendizaje y donde las familias asumen mayoritariamente los costos.

En consecuencia, centrar la atención en la diversidad de comportamiento de las instituciones en razón a su naturaleza jurídica parece anacrónico y no se condice ni con la historia de la educación superior del país ni con las demandas de mayor y mejor formación. Necesitamos instituciones centradas, según sus misiones específicas, en la calidad y pertinencia de la formación que les debemos a nuestros jóvenes. Esperemos que las instituciones estatales y las privadas tengamos capacidad para centrar la atención ahí donde se requiere: asegurar calidad; romper con la asimetría de información; velar por el financiamiento de aquellos que tienen talento pero escasos recursos; dotarnos de mecanismos que evalúen según al aporte efectivo al medio y una representación de las instituciones que haga posible terminar con la actual exclusión.

*Sergio Torres Pinto es rector Universidad Católica Silva Henríquez.

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