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Más actores: el caso de telefonía móvil y la tecnología 3G

por 12 octubre, 2009

En otros términos, el 47% de los consumidores, llamados “grupos vulnerables” (población de menor educación, bajos ingresos, adulto mayor a 65 anos, población rural) no recibe beneficio alguno. De hecho, esos grupos son reacios a cambiarse de proveedores...
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Por Iván Valdés*

 

Hace un par de meses atrás la Subsecretaria de Telecomunicaciones aprobó la entrada de 2 nuevos oferentes a la industria de telefonía móvil con el objetivo estratégico de aumentar la competencia, dando adicionalmente un salto tecnológico importante para el sector (10 y hasta 20 veces más ancho de banda, lo que permite una alta transmisión de datos, más velocidad, la posibilidad de acceder a equipos con mejor resolución, y mejoras a la conectividad en lugares alejados entre otros).

Una pregunta que se discute arduamente en el Reino Unido acerca de estos mercados (técnicamente llamados monopolios naturales) es relacionada al efecto real que tendrán dichas políticas sobre los ciudadanos comunes.

Investigaciones en curso relacionadas al mercado del gas indican que solo 1 de cada 2 consumidores efectivamente son beneficiados. En otros términos, el 47% de los consumidores, llamados “grupos vulnerables” (población de menor educación, bajos ingresos, adulto mayor a 65 anos, población rural) no recibe beneficio alguno. De hecho, esos grupos son reacios a cambiarse de proveedores (adversos al riesgo) y tampoco logran mejores contratos después de la entrada de nuevas firmas.

No obstante, lo que es peor aún, el resultado de la entrada es que, por el carácter pasivo de estos grupos, finalmente son “precios-discriminados” y las utilidades de las empresas incumbentes terminan aumentando después de la “generación de más competencia”.

Contradictorio con el espíritu de la política, la realidad en Chile no es muy distante, por cuanto una gran proporción de consumidores poseen planes básicos con altos precios unitarios, que no son modificados por la existencia de barreras contractuales o porque simplemente las “empresas históricas” no expanden activamente sus beneficios a todos los consumidores y sólo se centran en cuidar a los consumidores más informados (generalmente de alta demanda). Por cierto, estos últimos si son sensibles a la entrada de nuevos actores y negocian mejoras contractuales como mecanismo para mantenerse con sus antiguos proveedores.

En suma, las autoridades de competencia inglesas están pregonando por una regulación activa e informada de tal manera que no se desvirtúe el beneficio que se espera tenga la entrada de nuevos actores. Números más o números menos, esta también (al parecer) es una tarea pendiente para nuestros reguladores.

*Por Iván Valdés, economista Universidad Central.

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