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La disputa por la "Continuidad"

por 1 noviembre 2009

Es legítimo elogiar lo que se ha hecho de manera correcta y modificar ciertas opiniones en el tiempo, pero es inaceptable tolerar el oportunismo electoral por parte de la derecha, teniendo en cuenta las declaraciones en contra de la Presidenta y su Gobierno durante los primeros años de su mandato.

Por Neftalí Carabantes*

Los altos niveles de aprobación obtenidos por la Presidenta Michelle Bachelet son inéditos para un mandatario en Chile. La estrecha sintonía entre la Presidenta y la ciudadanía legitiman su liderazgo y capacidad de conducción de un país que, desde todos los sectores políticos, reconoce el buen manejo en materia económica y social. No obstante, esto se contradice con la opinión que reinaba en los primeros años de su gestión.

Muchos de los que hoy celebran las políticas de este Gobierno, afirmaron en principio que la Presidenta Bachelet ocupaba un rol político menor y que su adhesión se sustentaba sólo en características personales. Incluso se atrevieron  a afirmar que su mandato correspondía por lejos "la peor de la Concertación". A pesar de las críticas ligeras, nuestra Presidenta hoy se consolida como una líder de categoría mundial, dando muestras de gobernabilidad, progreso y firmeza.

La memoria es frágil. Hace una década, la derecha hizo suyo el concepto del cambio como lema insigne de su oferta programática, utilizándolo como "caballito de batalla" para desacreditar las propuestas y avances logrados por la Concertación, pretendiendo instalar la sensación de una coalición de gobierno desgastada. Del "cambio" pasaron al "desalojo", que aseguraba la existencia de una situación de fatiga al interior de la Concertación y su inviabilidad para continuar dando gobernabilidad de cara al 2010; mientras que en estos días presenciamos la teoría de la "intervención electoral".

Desde entonces el argumento de la "alternancia" es parte esencial del discurso de la Alianza por Chile. Sin embargo, hoy el panorama es distinto, pues el país observa cómo el candidato opositor se aferra repentinamente al concepto del "continuismo", al tiempo que la popularidad de la Presidenta Bachelet bate récords. Es coherente que el abanderado oficialista quiera profundizar los avances alcanzados en esta gestión y atender los desafíos pendientes en caso de ser electo. Pero es ciertamente extraño ver la misma actitud en el candidato de derecha que, en un escenario distinto, no se autodenominaría prácticamente como sucesor de la era Bachelet. Sin duda nos encontramos ante un fenómeno digno de ser estudiado: la disputa por la continuidad.

Este atributo se ha convertido en el gran trofeo durante la contienda electoral, con el fin de atraer al electorado que aún no tiene clara sus preferencias, pero que se manifiesta abiertamente conforme con el desempeño de la gestión actual. La imagen de la Presidenta es a todas luces un excelente piso y mostrar adhesión hacia ella sólo trae dividendos políticos positivos. Este criterio instrumental lo ha evidenciado el candidato de la oposición al vanagloriar, en este último año, las políticas de protección social y al asegurar que las reforzará durante su hipotético gobierno, además de prometer bonos al mayor -bono marzo y bodas de oro- como un ofertón de campaña que difiere radicalmente de las profundas transformaciones realizadas en materia previsional y de la primera infancia que cubren un universo importante de chilenas y chilenos. El único que garantiza la continuidad de esas políticas es, sin duda, el candidato de la Presidenta Bachelet.

El modelo de protección social que hoy tanto elogia el abanderado de la oposición fue alevosamente criticado en sus inicios y desacreditado por la forma en que se desarrolló. Además, atacó en forma constante otras aristas como la conformación de consejos asesores para elaborar políticas públicas con una mirada global. En buena hora que los bonos ya no sean "migajas innecesarias" como las calificara la derecha el año 2008. En suma, todo lo que hoy la oposición aplaude, con más de un 80 % de aprobación presidencial, fue tildado como medidas ineficaces que propiciaban el desorden y el desgobierno.

Es legítimo elogiar lo que se ha hecho de manera correcta y modificar ciertas opiniones en el tiempo, pero es inaceptable tolerar el oportunismo electoral por parte de la derecha, teniendo en cuenta las declaraciones en contra de la Presidenta y su Gobierno durante los primeros años de su mandato y que incluso alguno de sus representantes extienden majaderamente hasta el día de hoy. Quizás después de ejercer por 20 años el rol de oposición lo más cómodo es asumir una crítica fácil, mostrando una actitud desesperada por alcanzar el triunfo en los próximos comicios de diciembre, luego de haber perdido 4 elecciones presidenciales consecutivas.

Las copias no son buenas y arroparse con fragmentos de valores y convicciones que le dan identidad a la Concertación responde sólo a criterios utilitarios. Lo que hemos logrado como coalición gobernante, junto con llenarnos de orgullo, tiene un sello único y es justamente por eso que trabajaremos hasta el último día bajo esa lógica. No bajaremos la guardia, nuestras prioridades continúan siendo el bienestar de chilenos y chilenas más allá de los escenarios electorales y del provecho impropio que algunos han querido obtener a partir de la popularidad de la Presidenta Bachelet.

*Neftalí Carabantes es subsecretario de Gobierno.

 

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