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Editorial:

Coppenhage: una cumbre coja y sorda

por 2 diciembre 2009

Coppenhage: una cumbre coja y sorda
Lo cruel de la situación es que mientras el problema ha sido causado en gran medida por las emisiones de los países más ricos, son los más pobres quienes pagarán el peor precio en salud, agua, alimentos y otros bienes esenciales. Y ni los pobres ni la pobreza mundial constituyen un eje de la Conferencia de la ONU sobre Cambio Climático.

No existen pruebas en contrario de la prevalencia de la estupidez humana a la hora de actuar y producir catástrofes naturales pese a las advertencias sobre los riesgos. Tal parece ser el caso sobre el cambio climático. Este ha emergido como un tema complejo, cada vez más difícil de prever en su evolución y comportamiento.

Ello implica que se manifiesta como un fenómeno casi plenamente autoorganizado y autodirigido, con valores que exceden la suma de sus componentes individuales, y se expresa en una calidad emergente totalmente nueva.

Este carácter imprevisible determina que si bien existe consenso de que parte importante del problema es acelerado por el tipo de matriz productiva y energética mundial vigente, las acciones de mitigación o control que pudieran adoptarse pueden ser insuficientes o simplemente llegar demasiado tarde. Pues en las etapas previas, pese al tono dramático de la discusión, se avanzó muy poco.

De ahí que la reunión sobre Cambio Climático que empieza la próxima semana en Coppenhage, revista un carácter marcadamente global y más urgente que el de reuniones similares anteriores, aunque el fantasma de la sobrevivencia planetaria no ha calado tan hondo como para competir con la matriz lógica del cálculo de mercado en las decisiones internacionales.

Más aún, la percepción sobre la necesidad de imponer un criterio de mayor rentabilidad ambiental y económica puede terminar prevaleciendo en la Conferencia, lo que generaría decisiones discriminatorias para la población y los territorios más pobres del planeta en materia de control.

Está previsto que en la Conferencia se actualicen los objetivos de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero fijados en el Protocolo de Kyoto y cuya primera etapa expirará el año 2012. Se espera también que el encuentro sirva para elaborar una hoja de ruta de las negociaciones posteriores al 2012. Es evidente que parte sustancial del nuevo daño y los controles que se adopten se vinculan a casos como el de China, India o Brasil, que son potencias económicas emergentes y cuyas industrias tienen bajos estándares ambientales.

Mientras el problema ha sido causado en gran medida por las emisiones de los países más ricos, son los más pobres quienes pagarán el peor precio en salud, agua, alimentos y otros bienes esenciales.

China ha dicho que participará permanentemente en la Conferencia y al mayor nivel político, en una clara muestra que ha captado la sensibilidad política del Foro, y la necesidad que tiene de explicar su desarrollo y de no ser objeto de medidas discriminatorias.

Las potencias emergentes han señalado su acuerdo con la adopción de medidas globales, pero creen que los países desarrollados deben asumir la huella de carbono de sus economías, ya que el calentamiento no es un hecho espontáneo sino inducido por un tipo de desarrollo. Por lo tanto, los países desarrollados deben asumir solidariamente los costos que los nuevos controles implican.

Sin embargo, hace mucho tiempo que la retórica internacional sobre un orden internacional más justo fue dejada de lado, al igual que la ética de la solidaridad internacional en materia de desarrollo. Si de algo se preocupa hoy la comunidad internacional es solo de los llamados desastres humanitarios con acciones de imposición de la paz o de simple mitigación de los efectos de las crisis en la población civil.

No son pocas las voces que alientan a que esta Conferencia se oriente a lograr un acuerdo justo, vinculante y de largo alcance que permita políticas internacionales coordinadas de mayor control del calentamiento global, pero sin afectar las políticas de desarrollo de los países más pobres, para lo cual se requieren acciones y mecanismos de solidaridad.

Pero existen pocas esperanzas de que ello ocurra. Según activistas de derechos humanos recientemente reunidos también en Coppenhage, lo cruel de la situación es que mientras el problema ha sido causado en gran medida por las emisiones de los países más ricos, son los más pobres quienes pagarán el peor precio en salud, agua, alimentos y otros bienes esenciales. Y ni los pobres ni la pobreza mundial constituyen un eje de la Conferencia de la ONU sobre Cambio Climático.

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