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Vuelta a casa

por 4 diciembre 2009

Yo apostaría a que Michelle Bachelet se quedará en Chile. Es que le gusta Chile, y se le nota. No pertenece a esa elite cosmopolita que se mofa del patriotismo y que hace gala de que su chilenidad fue una opción racional.

No. No crean que estoy imaginando que la Presidenta Michelle Bachelet va a “retornar” adonde nunca estuvo: a la función de mujer doméstica, volcada exclusivamente a la gestión de su hogar. No, nada de eso. Cuando digo “vuelta a casa” estoy pensando que ella volverá en gloria y majestad al espacio donde pertenece y parece sentirse más cómoda, y del cual da la impresión que salió sólo por un rato y en comisión de servicio: a la sociedad civil.

Si lo anterior es cierto, ello descarta algunas alternativas. No me la imagino, por ejemplo, tomando un cargo en un organismo multilateral, que la obligaría a instalarse fuera de Chile por al menos ocho años. Tampoco incorporándose al circuito de los conferencistas internacionales, paseándose de aeropuerto en aeropuerto. No descarto, no obstante, que pase temporadas en alguna universidad extranjera renovándose intelectualmente y enseñando, pero no instalada ahí con camas y petacas, ni menos haciendo carrera en ella.

Yo apostaría a que Michelle Bachelet se quedará en Chile. Es que le gusta Chile, y se le nota. No pertenece a esa elite cosmopolita que se mofa del patriotismo y que hace gala de que su chilenidad fue una opción racional. Ella tiene algo de ese espíritu propio de la gente de armas. No por nada ella es hija de militar y se crió en la “familia militar”.

Si siendo Presidenta tomó distancia del exceso de protocolo y de la pompa del poder, y se cuidó al mismo tiempo de no ser cooptada por las élites, con más razón evitará estas tentaciones una vez que deje la Presidencia. Ella volverá al pueblo llano; ese que la quiere precisamente porque siente que nunca dejó de pensar en el para protegerlo y alentarlo.

Michelle Bachelet dejará la Presidencia con una popularidad sin precedentes. No sólo por ser la primera mujer Presidenta de la República. No sólo por haber sabido manejar la abundancia y la crisis económica. Sino, sobretodo, por ser la “Presidenta del Pueblo”.

Pero todo balance tiene un lado negativo. Esta no es la excepción. Michelle Bachelet termina su mandato con una Concertación pulverizada, por la incapacidad de sus partidos de asumir lo que significó su Presidencia. Esto le impone, inevitablemente, una responsabilidad. No en el sentido estrictamente político, como sería dedicarse a reorganizar la centro-izquierda y sus partidos. Pero sí en el plano simbólico: si la centro-izquierda se va a re-unir y re-inventar bajo una identidad más amplia e inclusiva, la figura de Bachelet será clave.

Por todo lo anterior, me imagino a Michelle Bachelet en Chile, prosiguiendo su cruzada por romper la distancia entre la sociedad civil y las instituciones políticas, sin pompa y con la sencillez que la caracteriza, jugando un rol crucial –aún sin quererlo– en la consolidación del nuevo ciclo política que ella inauguró con su Presidencia.

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