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Las transacciones de Arrate

por 7 diciembre 2009

Las transacciones de Arrate
Sin consulta ni vergüenza entró en el juego concertacionista de la compra venta de convicciones, de la subasta de principios y del regateo de ideales. Ajeno a las lógicas transformacionales que parecía liderar, el contrato de Arrate se opone a la visión y a los desafíos de la izquierda, tanto en un plano formal como en uno de fondo.

Arrate fue el candidato de la resistencia. El que planteó una dicotomía entre el deber ser y las estructuras imperantes, el que convocó a un proceso de transformación política, económica y cultural capaz de romper con las lógicas de las cúpulas partidistas, aquellas que no sintonizan con los intereses ciudadanos, que son ajenas a las revoluciones cotidianas que se dan en espacios reducidos,  como las del barrio, las de la comuna. Arrate, durante un breve instante, propuso una narrativa de izquierda con futuro, conectada con su pasado, valiente y consecuente.

Arrate, el candidato que volvió a llenar de significado el concepto de izquierda, el mismo que llamó a hacer del voto un testimonio, un acto de rebeldía en contra de la concentración del poder, en contra de las desigualdades en educación, en contra de las descaradas diferencias entre el ingreso de ricos y pobres; es el que hoy, sin embargo, llama a negociar, a transar las convicciones, los sueños. Arrate, sin consulta ni  vergüenza entró en el juego concertacionista de la compra venta de convicciones, de la subasta de principios y del regateo de ideales.

Sin consulta  ni  vergüenza entró en el juego concertacionista de la compra venta de convicciones, de la subasta de principios y del regateo de ideales. Ajeno a las lógicas transformacionales que parecía liderar, el contrato de Arrate se opone a la visión y a los desafíos de la izquierda, tanto en un plano formal como en uno de fondo.

Arrate ha propuesto un pacto contra la derecha ante el temor que esta, de llegar al gobierno, concentre el poder político y económico. Sin embargo, ajeno a las lógicas transformacionales que parecía liderar, el contrato de Arrate se opone a la visión y a los desafíos de la izquierda, tanto en un plano formal como en uno de fondo.

Desde una perspectiva formal, está vendiendo al mejor postor algo que ni siquiera está a la venta: el proyecto de una sociedad más justa e igualitaria. Lo hace a través de una transacción, un contrato por el cual pone a disposición de un tercero el conjunto de convicciones que su campaña en su momento aglutinó. El valor de cambio que le ha puesto a los ideales es un desprecio a las bases del proyecto que intentó liderar. Arrate no entendió que la esperanza no se transa, que el sueño de la izquierda no se inmoviliza, ni siquiera ante la eventualidad de un gobierno de derecha. Después de la oferta lanzada, poco o nada queda de su campaña ya que las convicciones, que fueron su eje principal, parecen haber desaparecido.

Desde una perspectiva de fondo, el contrato de Arrate no responde a un proyecto progresista de sociedad sino que al temor que inspira la posibilidad que la derecha llegue al poder. Por justificados y correctos que sean dichos temores, estos no son motores de transformación. El verdadero cambio de paradigmas se hace a través de la convicción clara y precisa, permanente y resuelta de modificar los sistemas de dominación imperantes, de dar espacio a la deliberación, al discurso y a la acción ciudadana por sobre acuerdos cupulares o negociaciones de principios. La acción política, entendida desde esta perspectiva, no tiene su fuente en el miedo, por el contrario, se nutre de la convicción de que un futuro más digno y justo es posible.

El contrato de Arrate es por axioma opuesto al ideario de la izquierda. En efecto, al entrar en el terreno de la transacción hipotecó principios y convicciones.  Al entrar en las lógicas del miedo destruyó la vitalidad de la acción política. De esta forma, el voto por Arrate perdió su carácter simbólico, testimonial o de protesta. Pareciera ser, después de todo, que el legado concertacionista de Arrate traicionó su vocación de izquierda en un momento en que la izquierda, después de mucho tiempo, tiene opciones serias de llegar al poder.

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