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El hito ausente

por 17 diciembre 2009

Mientras tanto la puerta giratoria se traslada al comando de Frei y cada día vemos gente entrando y otras saliendo, una gran base de electores ha entendido que en esta oportunidad no hay un hito que justifique un quinto gobierno.

Fácil sería colgarse de los múltiples análisis que se han hecho hasta el momento sobre los resultados de la primera vuelta presidencial, porque entre todo lo que pudo leerse, ser visto o escuchado, cada cual tuvo cuotas de aciertos y desaciertos en las conclusiones.

Transcurridos ya suficientes días es posible agregar esta otra mirada y lo primero para realizar el análisis es entender lo que se jugaba la Concertación en este proceso eleccionario y que no pasa por hacerse de un quinto gobierno, porque ese logro no es un hito en sí mismo, menos de la mano de Eduardo Frei ni de quienes lo acompañan en esta obtusa cruzada.

Hitos, de esos con mayúscula, fueron ganar el plebiscito del 88, la exitosa transición dirigida por Patricio Aylwin, la reivindicación de los DD.HH. durante los 20 años que llevan en el poder, la apertura comercial de Chile y la contención interna y la capacidad diplomática para administrar la detención de Pinochet en la época de Eduardo Frei.

También fueron hitos preparar a la sociedad chilena para el regreso de un socialista  a La Moneda y la postal inolvidable de la primera mujer colgándose una banda presidencial.  Esos fueron hitos porque cada uno de ellos logró vencer miedos y derrotar resistencias amilanando a la oposición y convenciendo a un país escéptico. Fueron hitos porque marcaron la historia de Chile y la Concertación será recordada por esos logros, más todos aquellos que mi memoria no logre desempolvar.

Mientras tanto la puerta giratoria se traslada al comando de Frei y cada día vemos gente entrando y otras saliendo,  una gran base de electores ha entendido que en esta oportunidad no hay un hito que justifique un quinto gobierno.

Todo lo demás debe ser analizado bajo los criterios tradicionales de gestión gubernamental, cayendo bajo esta línea la protección social de Bachelet, las grandes obras de infraestructura de Lagos, la postergación de la educación de los cuatro presidentes de la Concertación, la acertada conducción macroeconómica de los últimos dos ministros de Hacienda y, por qué no incluirlo también, la desfachatez y vergüenza de todo lo que pasa al interior del Hospital de Talca y de todos los casos de corrupción que se han conocido en 20 años. Pero los líderes concertacionistas no lograron entender en esta primera vuelta de campaña que su propio electorado no buscaba un quinto gobierno como una extensión natural del éxito concertacionista. Ese electorado busca verse representado en un nuevo hito, el mismo que no podrán identificar con claridad simplemente porque no existe.

Quizá creyeron los estrategas responsables de la campaña de Frei que el hito era bacheletizarse, dada la popularidad de la Presidenta; quizá esos mismos pensaron que el país quería más Estado en vez de un Estado eficiente. Probablemente creyeron durante la campaña que podían prometer menos mercado en vez de regular aquellas industrias que todavía operan con bravuconadas frente a los consumidores.

A lo mejor pensaron que con este ideario empujarían nuevamente a la sociedad chilena a ubicarse en los unos y los otros o agruparla en estos y aquellos.  Tras los resultados de la primera vuelta queda claro que el hito que buscaba esta Concertación no era más que sólo impedir que Sebastián Piñera y su poderío económico alcancen La Moneda. Y ni siquiera lograron darse cuenta que siguen en carrera gracias a la alta votación de Enríquez Ominami, misma que impidió el triunfo de Piñera en primera vuelta.

Mientras tanto la puerta giratoria se traslada al comando de Frei y cada día vemos gente entrando y otras saliendo,  una gran base de electores ha entendido que en esta oportunidad no hay un hito que justifique un quinto gobierno. En sufragios se traduce en menos del 30% de los votos para Frei.

El hito para cautivar al electorado concertacionista era simple y  consistía en dar un paso concreto en la renovación de los partidos políticos, removiendo a sus líderes de naftalina y entregando ese espacio a liderazgos jóvenes, que por lo demás existen. Ahí se jugaba el futuro la Concertación, pero los estrategas de Frei prefirieron apostar, carentes de hitos, sin épica ni relato, a la obtención de un quinto gobierno sin saber porqué ni para qué. Lo sabremos el 17 de enero.

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