Jueves, 8 de diciembre de 2016Actualizado a las 16:57

Editorial

La hora de los satisfechos

por 17 diciembre 2009

La hora de los satisfechos
En estricto rigor lo de los comunistas no es un triunfo de la democracia sino de la prudencia política y de los acuerdos de cúpula. Pero puede tener el efecto negativo de fortalecer el binominalismo.

Culminada la primera vuelta electoral presidencial sin grandes novedades, queda la sensación de una plena normalidad institucional y de un sistema democrático que el país debiera exhibir orgulloso por la voluntad y cultura cívica de sus ciudadanos. Es una realidad indesmentible que la elección en cuanto manifestación pública de los diferentes bloques políticos en pugna, si bien no tuvo gran altura programática, estuvo exenta de roces violentos o controversias encarnizadas.

No obstante lo anterior, sería una autocomplacencia inaceptable no evidenciar ciertos rasgos institucionales que terminaron por madurar en el actual escenario y que alientan una cultura de enemigos políticos donde precisamente debiera haber aliados.

El actual sistema binominal para la elección de cargos parlamentarios castiga permanentemente a mayorías significativas del electorado, pero además transforma en enemigos a los compañeros de coalición.

El ejemplo más claro de ello estuvo en la elección emblemática para la Coalición por el Cambio en la circunscripción Costa de la V Región, y en el Distrito Ñuñoa Providencia en la Región Metropolitana. Pero también se puede ver en el desplazamiento de Jaime Naranjo por Ximena Rincón en la VII Región Sur. El café de desagravio que normalmente sigue a competencias encarnizadas como la ocurrida entre Joaquín Lavín y Francisco Chahuán es un enmascaramiento absurdo de una realidad que a todas luces es de rencor. Sólo para la foto de la segunda vuelta.

Un segundo aspecto, estrechamente vinculado al anterior, es que el sistema electoral propugna una deformación creciente de las reglas sanas y equilibradas de representación política. El sistema estructuralmente está orientado a la exclusión, la que no solo es un producto seco de la ley, sino también de la manipulación desde posiciones corporativas, especialmente el Estado o el poder económico.

Lo de los comunistas no es un triunfo de la democracia sino de la prudencia política y de los acuerdos de cúpula. Puede tener el efecto negativo de fortalecer el binominalismo.

El sistema no está diseñado para que, como ocurre en cualquier sistema democrático maduro, aquellos que desafían el poder tengan igualdad de condiciones para luchar por el apoyo ciudadano y logren representación política.

La inclusión de tres diputados comunistas en el actual parlamento, que debe ser saludada como un acto de salud política, reafirma la idea que es la ingeniería electoral corporativa, en este caso del oficialismo, la que maneja parte importante de los criterios de entrada al sistema. En estricto rigor lo de los comunistas no es un triunfo de la democracia sino de la prudencia política y de los acuerdos de cúpula. Pero puede tener el efecto negativo de fortalecer el binominalismo.

Ello queda reafirmado por el hecho de que la tercera fuerza electoral presidencial con un 20 por ciento de los votos quedó fuera de toda representación parlamentaria. Ello si bien puede atribuirse en parte a la extrema personalización de la campaña de Marco Enríquez-Ominami, resulta incongruente en el caso de Marcelo Trivelli y Álvaro Escobar quienes perdieron exclusivamente por efectos del sistema binominal.

Un tercer elemento que se debe analizar con precaución es que el régimen político está diseñado para ser gobernado desde un centro poderoso como gobierno, que puede perfectamente actuar de manera corporativa e incentivar el oportunismo político o la disciplina clientelar.

La predicción simple de los analistas políticos para el próximo parlamento es que será de mayorías muy precarias que obligarán a quien sea elegido Presidente a negociar de manera permanente los apoyos en todos los sectores del espectro político.

La verdad es que tal sistema viene funcionando así desde 1990, con la única diferencia que el sistema disciplinario en lo esencial operaba a base de adhesiones políticas y negociaciones entre bloques. Sin embargo, ya a partir del año 2000 y luego de manera exacerbada en el actual gobierno, la adhesión fue reemplazada por una disciplina clientelar de premios y castigos por parte del Gobierno, cuyas primera expresiones se vivieron en las campañas municipales.

Es evidente que tal método puede terminar por imponerse si se considera los enormes recursos financieros y materiales que maneja el Estado central, y la extrema dependencia de todas las regiones del país de sus decisiones. En aras del pragmatismo, no sería raro presenciar un fuerte realineamiento parlamentario en el próximo período que echara por tierra las previsiones de la ingobernabilidad y el obstruccionismo y que diera lugar a apoyos con premio en el presupuesto de la región respectiva. Lo que podría ser un potente aliciente a la compra de votos en el parlamento, lo que es una forma de corrupción y corporativización de la política.

Con todo, es la hora política de los satisfechos, los que pueden sostener que una visión de los riesgos es mirar la parte vacía del vaso y no la llena, cuya expresión más clara es la solidez del acto electoral realizado el domingo 13 de diciembre.

Compartir Noticia

Más información sobre El Mostrador

Videos

Más Noticias

Blogs y Opinión

Encuesta

Mercados

TV

Cultura + Ciudad

Deportes