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Del maniqueísmo al MEOismo

por 21 diciembre 2009

Un sector importante del electorado no se puede insertar dentro de esta lógica maniquea. No le tienen miedo al mercado, pero tampoco ven el Estado como un Leviatán que les quitará la libertad.

Durante la campaña que terminó el domingo pasado en la noche, el mensaje principal de Eduardo Frei ha sido uno del bien y el mal, Estado y mercado, derecha e izquierda. Fue un mensaje maniqueo, que pareciera estar más centrado en una lógica de Guerra Fría que en una visión de futuro. La crisis económica no ayudó, porque brevemente reinstaló el debate mercado-Estado en todo el mundo. Irónicamente, gracias a su propio buen manejo económico, el principal mensaje de la Concertación rápidamente perdió relevancia. Sin embargo, el dualismo del discurso freista se mantuvo.

La campaña que comienza será mucho más parecida a una campaña tradicional, la coalición del Si y la coalición del No se enfrentan en enero. Pareciera que sigue vigente el clivaje político del plebiscito. Eduardo Frei podría concluir que acertó con su discurso, y que el debate que partió la semana pasada es de derecha e izquierda.

Sin embargo, una conclusión de este tipo sería errada. Sería desconocer lo que Marco Enríquez-Ominami identificó hace meses: un sector importante del electorado no se puede insertar dentro de esta lógica maniquea. No le tienen miedo al mercado, pero tampoco ven el Estado como un Leviatán que les quitará la libertad. De hecho, entienden que un mercado sano, ayudado y vigilado por un Estado eficiente, les ofrece grandes oportunidades. El Estado les dio mejor salud, pero el mercado les dio el mall. Es un votante que valora los almuerzos de domingo en familia, pero tiene una visión amplia de qué es lo que constituye una familia.

Un sector importante del electorado no se puede insertar dentro de esta lógica maniquea. No le tienen miedo al mercado, pero tampoco ven el Estado como un Leviatán que les quitará la libertad.

Lo anterior no es un fenómeno exclusivamente chileno. Hace muchos años que los clivajes políticos en Europa no han coincidido con las estructuras tradicionales de los sistemas de partidos. La revolución de Tony Blair dentro del partido laborista británico se basó precisamente en un giro hacia esos votantes medianos, para los cuales la antigua política laborista, centrada y apoyada por el movimiento sindical, parecía anacrónica.

La Concertación, en su esencia, reconoce este fenómeno. La coalición entre democratacristianos, socialistas y radicales se debe a que los clivajes socio-económicos se vieron superados por otros más urgentes y relevantes. En su momento, este fue un clivaje autoritarismo-democracia. Pero que hoy ya no sea relevante el gran issue del plebiscito, no significa que haya que volver al debate Estado-mercado.

El llamado de Eduardo Frei a los votantes de Enríquez Ominami ha apelado, por el momento, al objetivo (supuestamente) común de derrotar a la derecha. Pero más allá del maniqueísmo de siempre, la Concertación deberá retomar ese rumbo transversal, que alguna vez inspiró su propia creación. Tiene días para hacerlo.

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