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El Big Bang democrático progresista

por 25 diciembre 2009

Cual IBM, satisfecha de sus éxitos, la Concertación no fue capaz de advertir los nuevos tiempos, las nuevas claves, el nuevo país que ella misma, con envidiable éxito, había construido. Resolvió enfrentar con las mismas claves del pasado la transición del ciclo que muere.

A última hora de hoy se dieron a conocer los resultados de las elecciones primarias de la refundada coalición gobernante. Los resultados fueron los siguientes:

El candidato del Partido Socialista, Marco Enríquez-Ominami un 27,5%,
la candidata del Partido por la Democracia, Carolina Tohá un 20%,
la candidata del Partido Radical, Macarena Carvallo, un 12,5%,
la candidata del Partido Comunista , Claudia Pascual un 12%
el candidato de la Democracia Cristiana, Claudio Orrego, un 28%.

En consecuencia, ha sido ungido como candidato único de la coalición el actual alcalde de Peñalolén, Claudio Orrego. En sus primeras declaraciones convocó a sus adversarios internos a reconcursar unidos por el voto ciudadano y triunfar, en primera vuelta sobre el candidato liberal de la derecha conservadora, Sebastián Piñera. Anunció que mañana se constituirán un Comité de unidad, para diseñar la plantilla parlamentaria, cuyos objetivos son terminar con la exclusión, ganar la mayoría tanto en la Cámara como en el Senado; y un Comité Programático para fijar un rumbo estratégico del Cambio y su expresión en una plataforma programática electoral.

Esta no fue la noticia de aquel 6 de Abril de 2009, sobre las primarias de la Concertación.

Los socialistas propusieron a José Miguel Insulza, el ministro más “longevo” de la historia del país, el PPD al ex presidente Ricardo Lagos, los radicales al senador Juan Antonio Gómez y la DC al ex presidente Eduardo Frei. Como es sabido, los dos primeros bajaron su candidatura por temor a competir, y Frei derrotó a Gómez, en unas primarias truchas. El PC levantó la candidatura testimonial de Jorge Arrate, viejo luchador de mil batallas concertacionistas, para asegurar su legítimo acceso al Parlamento.

Cual IBM, satisfecha de sus éxitos, la Concertación no fue capaz de advertir los nuevos tiempos, las nuevas claves, el nuevo país que ella misma, con envidiable éxito, había construido.  Resolvió enfrentar con las mismas claves del pasado la transición del ciclo que muere -que Bachelet cerraba con un 70% de aprobación ciudadana y con no pocas señales del cambio que profundizar- el nuevo ciclo que puja ya con numerosos síntomas. Sin duda la mayoría del país quisiera renovar la confianza en los demócratas progresistas, pero sólo a condición de su refundación y de asumir el cambio. Chile no puede seguir siendo gobernado como hasta ahora, se requiere un cambio de verdad. No entenderlo fue el principal error estratégico de la dirigencia concertacionista, que la tiene al borde de una derrota histórica a manos del candidato digitado por las fuerzas regresivas del país.

Cual IBM, satisfecha de sus éxitos, la Concertación no fue capaz de advertir los nuevos tiempos, las nuevas claves, el nuevo país que ella misma, con envidiable éxito, había construido.  Resolvió enfrentar con las mismas claves del pasado la transición del ciclo que muere.

La elección presidencial del 13 de Diciembre de 2009 dio como resultado la mayor derrota de la Concertación en su historia, superada 1,5 veces por la derecha y casi empatada por la suma de los candidatos progresistas que corrieron por fuera.

La crisis actual es evidente. Cual IBM todavía no entiende lo que está pasando y sus audaces palos de ciego no logran revertir la tendencia a su inevitable derrota. Creo que Einstein decía que los problemas no tienen solución en el mismo nivel de pensamiento en que fueron creados.

La Concertación no tiene hoy más alternativa que un Big Bang, pero puede escoger:
O uno dramático luego del triunfo de Piñera en segunda vuelta, o uno positivo, cargado de futuro, ahora, sin más demora, que le puede permitir luchar con fundamentos y optimismo en las elecciones definitivas del 17 de Enero.

Marco Enríquez-Ominami ha convocado a formar la Federación de Fuerzas Progresistas.  Lo hace para dar cauce al enorme caudal de ideas nuevas y respaldo ciudadano que surgió de en su campaña. También, creo yo, este llamado refleja una intuición básica de perspectivas amplias e inclusivas, que todavía no emerge plenamente en la mente de sus creadores.

Marco convoca a una “larga marcha” al poder, con la vista en el 2014 o sucesivos, propone un desafío mayor y hermoso para llevar al poder al nuevo progresismo, con ciudadanos de a pié, movimientos y partidos que le dieron el sorprendente 20% de los votos, casi un millón y medio de adherentes. Si el camino tropieza con Piñera victorioso, la catarsis de los demócratas progresistas puede envolverlos, a todos y por años, en un mar de culpas y odiosas luchas cargadas de pasado; si es con Frei actual en el Gobierno, se habrá congelado el tiempo político y el nuevo ciclo de renovación y cambio de la política chilena tendrá que atravesar dolorosas turbulencias para reemerger más temprano que tarde, lamentablemente con demora. En esta marcha estarán los votantes de  Marco, con los dientes apretados y defendiendo el futuro  en la adversidad, si no hay más remedio.

Existe, sin embargo, un atajo. Que Marco, Arrate y dirigentes renovados de la Concertación, ojala encabezados por el candidato, convoquen, aquí y ahora (como diría un ex), a formar el Frente Democrático Progresista en el cual se disuelvan el Juntos Podemos, la Izquierda Progresista de Marco y la Concertación de Partidos por la Democracia. No es la disolución de los partidos, incluso puede traer la conformación de algún otro, sino la formación de una Nueva Alianza, con innovación a fondo de sus prácticas políticas y propuestas programáticas, que se haga cargo del cambio positivo que el país demanda y conduzca al Chile del Bicentenario, con más democracia, más emprendimiento y más solidaridad, a  la mayor felicidad de sus habitantes.

Esta es una cirugía mayor, quizás tardía, más vale…  y requiere de mucha audacia,  completa resolución, mentes abiertas y generosos desprendimientos. Pero el enfermo podría salir airoso, incluso rejuvenecido para muchos años más, y facilitaría enormemente la recuperación de la confianza de la ciudadanía que, junto con apoyar entusiasta lo realizado hasta hoy, reclama con vehemencia que sus líderes se hagan cargo del cambio que Chile necesita con urgencia.

José Salvador Sanfuentes, adherente a la ex candidatura presidencial de Marco Enríquez-Ominami.

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