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El cambio y el continuismo: ¿Verdadero dilema presidencial?

por 30 diciembre 2009

El cambio y el continuismo: ¿Verdadero dilema presidencial?
La Concertación ha pagado los costos de la administración de un modelo económico y social heredado por la dictadura, que administrado eficientemente ha generado importantes transformaciones en el país, pero ha carecido de un discurso que le permita ver su obra como un proceso concluido, logrado y exitoso.

Una vez terminada la primera vuelta de la elección presidencial, emergió con gran fuerza uno de los grandes tópicos de este nuevo proceso electoral: el cambio v/s el continuismo. Para los analistas políticos interesados, para los propagandistas de cada uno de los presidenciales, lo que se jugaba en esta elección presidencial era si los chilenos deseábamos un “cambio o una continuidad”.

La idea del cambio fue monopolizada por la derecha chilena ya en la elección del año 1999, cuando Joaquín Lavín introdujo fuertemente dicha idea, sin dotarla de mayor sentido. Nuevamente la derecha, ahora con Sebastián Piñera como líder, vuelve a instalar  la disyuntiva entre cambio y continuidad. Para el candidato derrotado en la primera vuelta, ME-O, la problemática también debía ser leída en esos mismos términos. A juicio del hijo del fundador del MIR, su candidatura también representaba el cambio.

Según la R.A.E cambio significa: “Dejar una cosa o situación para tomar otra”, así como también “convertir o mudar algo en otra cosa, frecuentemente su contraria”, o bien “dar o tomar algo por otra cosa que se considera del mismo valor o análogo”, tanto como “dicho de una persona: mudar o alterar su condición o apariencia física o moral”. Esas acepciones del concepto cambio, permiten extraer al menos tres consideraciones.

En primer lugar, cambio implica un proceso de transformación, no necesariamente profundo, aunque sí se espera, en una dirección distinta de la inicial. En segundo lugar, implica un trasvasije, un proceso de transacción donde se igualan los valores y lo que cambia es el bien que se intercambia. Por último y en tercer lugar, cambio también considera la idea de mutación, de transformación de la identidad de los sujetos.

La Concertación ha pagado los costos de la administración de  un modelo económico y social heredado por la dictadura, que administrado eficientemente ha generado importantes transformaciones en el país, pero ha carecido de un discurso que le permita ver su obra como un proceso concluido, logrado y exitoso.

¿Cuántas de estas acepciones están en el juego de la circulación discursiva durante esta campaña? Para algunos el cambio debe ser de “rostros” y lo que representan. De hecho para el ex candidato ME-O, la necesidad de cambio se expresa, entre otras cosas, en el cambio de los presidentes de los partidos como condición inicial para generar un diálogo que le permita al candidato de la Concertación aspirar a contar con su apoyo electoral para la segunda vuelta, decisivo para derrotar por quinta vez consecutiva a la derecha chilena. Detrás de ese requerimiento se quiere forzar a un “recambio” generacional y de las cúpulas dirigentes de los partidos que han conducido la transición a la democracia en Chile. Esa es la primera acepción del cambio.

En segundo lugar está la idea del cambio que enarbola el candidato de la derecha que se basa en la idea de “cambio de coalición gobernante”. Nuevamente la idea de la necesidad de cambiar los “rostros” de los conductores del poder ejecutivo. Sin embargo, lo que no dice Sebastian Piñera, es que los rostros de la derecha a la que él pertenece, tampoco han cambiado mucho desde el inicio de la transición. Los mismos rostros y los mismos apellidos, dan cuenta de un proceso de renovación también estancado en la derecha. Pero de eso nada se habla en esta elección.

La derecha habla de un cambio también en un segundo sentido. Cambiar los énfasis de un modelo socio económico, que no aspira a cambiar en el fondo. Cuestión que no podría hacer, por cuanto es parte de sus propias creencias ideológicas y su propia construcción durante la dictadura militar. Ese cambio de énfasis es “más crecimiento y más eficiencia”, quizás sacrificando la equidad, aunque el candidato ha prometido públicamente “mantener”, es decir, “continuar” los avances positivos en materia de protección social. En suma, un cambio poco profundo, que no sea simplemente el de las caras del poder ejecutivo.

La coalición gobernante, por su parte, se ha debido subir a regañadientes al discurso del cambio. Incómoda e insegura frente a dicho eslogan, también ha intentado enfatizar que Frei significa un cambio. Claro está, ya no se trata de rostros, que en estricto rigor deben seguir siendo los mismos, pero sí de énfasis en torno a la profundización de ciertas transformaciones inconclusas que la propia Concertación ha enarbolado como parte de sus propuestas gubernamentales. Se ha dicho: ahora sí más equidad, ahora sí más integración, ahora sí más preocupación por la clase media, ahora sí más crecimiento económico sostenido. En suma, algo que la Concertación le ha proporcionado al país durante 20 años de gobierno y que todos los candidatos han promocionado como la base de su propia propuesta. La Concertación ha pagado los costos de la administración de  un modelo económico y social heredado por la dictadura, que administrado eficientemente ha generado importantes transformaciones en el país, pero ha carecido de un discurso que le permita ver su obra como un proceso concluido, logrado y exitoso. No ha sido capaz de jugársela por cautivar a la ciudadanía con el discurso de lo bueno que podría ser la continuidad demostrada de quienes han administrado por más de 20 años el modelo. En suma, está presa del discurso del cambio.

Lo que sí ha cambiado en Chile, y profundamente, ha sido la sociedad. Como bien expresaba Carlos Peña en su columna de El Mercurio el domingo 20 de diciembre, las transformaciones culturales de esta sociedad de consumo, se han expresado en los resultados electorales también. Eso es lo que hay que leer como lección en lo recientemente ocurrido.

Más allá del cambio vacío que expresan todas las candidaturas, falta en este debate electoral un tema de fondo. Las propuestas, la eficiencia y los rostros no se ejecutan en un marco sin intereses, ni sin ideas fuerza detrás. El problema no son más o menos impuestos a la clase media, más o menos dinero para la educación. El problema de fondo es qué representan valóricamente las dos fuerzas que se opondrán nuevamente este enero próximo. Cuáles son las ideas de país que están detrás, cuáles las premisas valóricas, cuáles los fundamentos identitarios, cuáles los elementos que justifican tal o cuál medida, cuál la mirada del pasado con las que han construido su discurso histórico autoexplicativo. Eso es lo que debería debatirse, porque ese es el verdadero debate.

Sin embargo ese debate puede hacer aparecer fisuras internas dentro de la Concertación y, por otro lado, descubrir el velo de la derecha más reaccionaria. Por eso, es mejor seguir manteniendo el discurso del cambio por el cambio, como significante vacío,  que le ha sido tan eficiente a la derecha y tan destructor a la Concertación.

A veces uno quisiera poder visibilizar qué hay detrás de ese cambio que todos enarbolan como ideario. Así como en los años 60 todas las propuestas presidenciales se veían imbuidas por la idea de revolución, que también significa cambio, y el debate de fondo era hacia dónde dirigir esa revolución; hoy día el debate se centra en el cambio, sin debate de fondo, enmascarando lo valórico.

La política como construcción de los órdenes deseados, no sólo necesita de medidas, sean 20, 40 o 100. Necesita poner esas medidas en el marco de un proyecto, que las dote de sentido, que las signifique y les de direccionalidad. Esos proyectos o no existen o están escondidos, invisibilizados en la verborrea demagógica que a algunos les ha dado buenos dividendos políticos y que no permite transparentar los intereses que están detrás.

Cambio de rostros, cambio de énfasis, cambio en los cuadros dirigentes… ¿Para qué? ¿Por qué? ¿Qué es lo que se esconde en el eufemístico debate sobre el cambio y la continuidad?

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