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La segunda vuelta y la aritmética electoral

por 1 enero 2010

Podemos entender la votación de Frei como la crónica de una muerte anunciada y no sólo de él, si no también del conglomerado oficialista. La sensación que queda, es que estamos frente a un candidato y a un conglomerado que está muerto en vida, y que ni el mejor guión de George A. Romero -el padre del cine de “los muertos vivientes/zombies”- se lo podría imaginar.

Lo primero que queda claro de esta elección, es que la Concertación tal cual la conocemos ha dejado de existir. Y es el cierre de una situación que comenzó a manifestarse hace 10 años atrás, cuando al término del gobierno de Frei, las sucesivas elecciones presidenciales (Lagos y Bachelet) comenzaron a mostrar un declive en las preferencias electorales de este conglomerado. Un dato no menor, es que esto comienza con el gobierno de Eduardo Frei, quién ha sido el único presidente de la Concertación que ha terminado su período con una baja considerable de popularidad, la cual no se correspondió con la votación que obtuvo para ser Presidente.

Una segunda cuestión a considerar, es la extraordinaria votación que obtuvo Marco Enríquez-Ominami. Que un candidato independiente a la presidencia logre un 20% es muy significativo, y muestra que hay espacio para un tipo de pensamiento más crítico sobre la forma de hacer y vivir la política en nuestro país. Por lo tanto, se puede pensar que es posible introducir nuevos aires, cuestión difícil pero no imposible. Sin embargo, hay que poner dos puntos de atención sobre esto: el fracaso de la lista parlamentaria que minimiza de alguna forma la alta votación obtenida, y por otro, hay que ver la capacidad efectiva que se va a tener para articular un referente que congregue a “los hijos de Marco” que sea lo suficientemente atractivo para retener y mantener a un porcentaje significativo de personas que votaron por él, dado lo heterogéneo de su voto, referentemente que se debería ubicar dentro de lo que se puede denominar “izquierda progresista”, pero que abre la interrogante de cuánto de izquierda y progresista tendría y a donde se irán los sus votos.

Ad-portas tenemos entonces, una segunda vuelta que se transformará en la “madre de todas las batallas”. La tarea más difícil la tiene evidentemente Frei, que debe remontar una diferencia de 14,4 puntos porcentuales sobre Piñera sólo para empatar. Esa diferencia disminuye si se incluye la votación obtenida por Arrate (6,21%, que está por verse si se traspasa completa), lo cual arroja un 35,83% de preferencias para el candidato oficialista, frente al 44,03% que alcanzó el candidato opositor. Más aún, si Frei quiere llegar a ser presidente, debe sumar mínimo un 14,2% más de votos. Al parecer el 14% sería el porcentaje maldito del candidato oficialista, tal como el 29% que alcanzó el domingo 13, que es similar a la cifra de popularidad que alcanzó al final de su gobierno. Como dicen en el mundo del cine, nunca segundas partes son buenas.

Podemos entender la votación de Frei como la crónica de una muerte anunciada y no sólo de él, si no también del conglomerado oficialista. La sensación que queda, es que estamos frente a un candidato y a un conglomerado que está muerto en vida, y que ni el mejor guión de George A. Romero -el padre del cine de “los muertos vivientes/zombies”- se lo podría imaginar.

Pero como la aritmética electoral da para mucho, por ahí surgen algunas tesis favorables a Frei que no resisten análisis. Una de estas, señala que la base a considerar para el análisis de posibles escenarios en una segunda vuelta para la Concertación, son  los resultados obtenidos en las parlamentarias (44,4%) y no la de presidentes. Como es sabido, un porcentaje de los votantes en las parlamentarias vota por la persona como candidato, no por el conglomerado o partido que este representa, o sea, tenemos un voto personalizado que es transversal en muchos casos (vasta ver el caso de Carlos Montes en La Florida por ejemplo), y que no es transferible a las presidenciales, por lo tanto, no se puede tomar seriamente este porcentaje para la planificación de una segunda vuelta, ya que hay que descontar unos buenos puntos porcentuales, que nos aproximarían a la sumatoria de Frei y Arrate antes señalada.

Otros calculan y señalan, que la sumatoria de votos de Frei, Arrate y Marco -que da un 56%- es la expresión del cambio o progresismo anti-derecha y anti Piñera, y por lo tanto sería el piso a conquistar por el candidato concertacionista. Otro error, ya que el análisis de algunas encuestas muestran, que dentro del voto de Marco hay por lo menos un tercio (6,6%) que pasaría a Piñera, cuestión que ya se está viendo con la integración de algunos insignes liberales que estaban con Marco al candidato opositor (Fontaine y Bellolio por ejemplo), por lo tanto una simple resta deja a Frei con un 49,4%. Habría que considerar también que al interior de la votación de Marco, hay un núcleo muy duro (cerca del 4% o 5% si es que no es más) que sencillamente no van a votar por Frei y menos por Piñera, o sea, que van a anular su voto. Es un voto, que podríamos llamar “ilustrado”, que tomó la decisión al inicio de esta campaña presidencial, de anular el voto si Marco no pasaba a segunda vuelta, ya que Frei y Piñera aparecen como más de lo mismo; no representan para nada el famoso cambio del cual hablan. Así que este 4% o 5% que no se va a traspasar a Frei, será el que decida la elección del 17 de enero, por lo tanto, si hacemos una nueva resta, nuevamente no dan los números para el candidato oficialista.

Obviamente que para Piñera el escenario es mejor, ya que si un tercio de la votación de Marco se va con él (6,6%), y se toma como base el 44,03%  obtenido este domingo, obtendría un 50,9%, suficiente para hacerse de la presidencia.  Hay que señalar también, que las interpretaciones que señalan que Piñera ya recogió la votación de Marco  no resisten análisis, dado que la votación obtenida por el empresario el 2006 en segunda vuelta, fue cercana al 47%, tres puntos porcentuales menos que las del 13 de diciembre pasado. Por lo tanto Piñera no ha alcanzado su votación histórica, ni la de la derecha tampoco, ya que en las elecciones del 2000, en segunda vuelta, Lavín obtuvo un 48,69% de los votos, siendo este el piso del candidato opositor y por lo tanto requeriría de 2 o 3 puntos porcentuales más en este escenario.

Entonces, quién tiene que subir más y esforzarse por convencer a un porcentaje significativo del electorado, evidentemente es el candidato oficialista, quien tiene que transitar un camino cuesta arriba y lleno de baches (por ejemplo, Piñera ganó en todas las regiones del país), por lo que tendrá que utilizar una muy buena 4x4 para sortear precisamente ese camino, y un muy buen discurso que permita ver señales de cambio, que convenza al electorado indeciso y que votó por Marco especialmente, aunque también debe fijar sus mirada en los votantes nulos y blancos.

Ahora, si la aritmética electoral fuese suficiente, evidentemente que Piñera ya sería presidente. Por otro lado, si consideráramos la “tradición electoral” que se ha mantenido hasta ahora en las últimas 2 elecciones presidenciales, donde el candidato que ha ganado la primera vuelta ha sido elegido presidente en la segunda, Piñera se alzaría con el triunfo. Pero como en política nunca nada está definitivamente escrito, y hemos visto levantarse cadáveres de su tumba, todavía tenemos que esperar.

Podemos entender la votación de Frei como la crónica de una muerte anunciada y no sólo de él, si no también del conglomerado oficialista. La sensación que queda, es que estamos frente a un candidato y a un conglomerado que está muerto en vida, y que ni el mejor guión de George A. Romero -el padre del cine de “los muertos vivientes/zombies”- se lo podría imaginar. Aun si ganará Frei, tendríamos un gobierno de dirigentes zombies, muertos en vida, porque la época gloriosa de la Concertación llego a su fin, pase lo que pase en esta segunda vuelta.

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