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Análisis Político

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El espíritu de clan golpea a Frei

por 4 enero 2010

El espíritu de clan golpea a Frei
Llama la atención la abierta y casi beligerante postura de la Presidenta Bachelet en defensa de Camilo Escalona. Usó su 80 por ciento de popularidad, alcanzado a través de decisiones que la han transformado en una gran Presidenta, en un asunto aparentemente menor y de tinte claramente clientelar dentro de su partido. Ello reafirma la convicción de que el uso abusivo que Camilo Escalona ha hecho con sus adherentes en ciertos puestos de gobierno, algunos de los cuales han terminado en escándalos, ha contado con su pleno conocimiento y al menos tolerancia.

El incondicional apoyo de Michelle Bachelet a su amigo Camilo Escalona para que no renunciara a la presidencia del PS consumó la lógica de clan que domina a la cúpula del Partido Socialista en su relación con el gobierno y la Concertación.

Ello se confirma, además, con la advertencia que Mahmud Aleuy le habría hecho al comando de Eduardo Frei acerca de que los socialistas se retirarían de la campaña si Escalona debía renunciar a conducir el PS.

El interés corporativo de Escalona y su grupo, le impidió a Eduardo Frei la posibilidad de innovar fuertemente en sus equipos en lo que resta de su  campaña, darle frescura a su entorno con líderes jóvenes y trazar una iniciativa mediática que indicara una efectiva renovación de la Concertación, a todas luces vital en estos momentos.

Llama la atención la abierta y casi beligerante postura de la Presidenta Bachelet  en defensa de Camilo Escalona. Usó su 80 por ciento de popularidad, alcanzado a través de decisiones que la han transformado en una  gran Presidenta, en un asunto aparentemente menor y de tinte claramente clientelar dentro de su partido.

La Presidenta debe saber que todos los representantes socialistas en los directorios de empresas del Estado, que son nombrados formalmente por ella, ya no pasan por la Comisión Política ni por instancia técnica alguna sino solo por la cocina de la Nueva Izquierda.

Ello reafirma la convicción de que el uso abusivo que Camilo Escalona ha hecho con sus adherentes en ciertos puestos de gobierno, algunos de los cuales han terminado en escándalos, ha contado con su pleno conocimiento y si no consentimiento, al menos tolerancia.

Sin embargo, dos hechos son trascendentes. El primero es el impacto negativo que su actitud tiene en la campaña de Eduardo Frei pues la renuncia de los presidentes de los partidos era un hecho notable desde el  punto de vista mediático.

El segundo es la aceptación de involucrarse abierta y públicamente en el debate interno del Partido Socialista, mezclando el poder de su cargo presidencial con las disputas internas del partido.

Con ello, Bachelet cruzó una línea que hasta ahora los presidentes de la Concertación evitaron traspasar. A lo más, usaron asesores o miembros de su gabinete para cabildear o intervenir en las instancias orgánicas de sus partidos; nunca actuaron directamente.

Al hacerlo, Michelle Bachelet queda en situación de recibir y tener que aceptar las críticas descarnadas de sus compañeros de partido, muchas de las cuales son las mismas que tienen por las cuerdas a Camilo Escalona.

Entre ellas la de abolir todo debate político interno y transformar la acción de los militantes en un acto puramente vasallo y disciplinado de lo planteado por el  gobierno. También la de avalar la política de disolución orgánica llevada adelante por Camilo Escalona en especial con las instancias superiores como son el Comité Central o la Comisión Política. La Presidenta debe saber que todos los representantes socialistas en los directorios de empresas del Estado, que son nombrados formalmente por ella, ya no pasan por la Comisión Política ni por instancia técnica alguna sino solo por la cocina de la Nueva Izquierda.

La Primera Mandataria debiera aceptar también la crítica – ética y política – ya que ella ha sido electa miembro del Comité Central con esos mismos padrones electorales, que estos se hayan transformado en listas telefónicas que no reflejan la realidad y que convierten cada elección en un fraude encubierto y un acto de acarreo de personas.

A tal punto es un hecho descarado dentro del PS, que la Presidenta debe recordar que el año 1996 Osvaldo Andrade, destacado miembro de la Nueva Izquierda y ex Ministro del Trabajo de su Gobierno, entonces Secretario General del partido, llegó a plantear de manera pública en un Congreso General  la necesidad de “sincerar” el padrón. Es decir, quien manejaba el padrón planteó un acuerdo para eliminar las inscripciones de falsos militantes.

El malestar del socialismo – histórico y nuevo- y de cualquier ciudadano decente con Camilo Escalona es que este transformó al Partido Socialista en un ente burocrático y de mero cálculo administrativo, contando para ello con  el apoyo irrestricto de la Presidenta de la República.

Este apoyo, sobre todo el explícito de hace pocos días, constituye una acción que va mucho más allá de la simple amistad cívica o política.

La lealtad en política es un valor cívico que se nutre de otros valores de referencia y que son intangibles para lo público, como es el respeto de los derechos políticos de los ciudadanos, la igualdad ante la ley, la tolerancia y el pluralismo frente a las opiniones ajenas y el cumplimiento estricto de las responsabilidades públicas.

Si una cúpula se perpetúa a base de fraudes y omisiones de estos valores, resulta natural que se produzca un malestar democrático y se exija la remoción de los transgresores.

Siendo una persona inteligente, la Presidenta tendría que aceptar que su popularidad ciudadana es algo esencialmente diferente a cómo se actúa dentro del Partido Socialista y las cosas que avala o refuerza con su acción. Camilo Escalona representa la fuerza más conservadora y burocrática del socialismo chileno, y lo más probable es que intente prolongarla mediante todas las armas que tiene, especialmente el clientelismo o incluso la división del partido. Por ahora usa el espíritu de clan y el poder social y político que le brinda la Presidenta de la República.

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