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Los '00s: La década musical fragmentada (y brillante)

por 4 enero 2010

Los tres mejores críticos musicales del Guardian abordan en columnas especiales el pop de la década que los ingleses han llamado «the noughties». Su mirada es la de cuarentones que comenzaron a escribir sobre rock durante el pospunk, y que pueden distinguir con lucidez los últimos diez años de aquellos decenios que forjaron sus respectivos prestigios de analistas.

Su mirada del período 2000-2009 es incamuflablemente incómoda. No por una particular decepción sobre los discos que se han venido publicando ⎯existe consenso en lo estimulante que es la actual cosecha⎯, sino por lo inasible que resulta diferenciar tendencias de identidad arraigada. Simon Reynolds considera a la oferta musical de esta década como “diaspórica, con movimientos fragmentados en sub-movimientos; la pregunta “¿Has escuchado a X?” con cada vez más posibilidades de ser respondida con una sacudida de cabeza o una mirada de incomprensión”. Es como si ya fuese imposible el consenso en torno a discos fundamentales o, incluso, a la línea musical central que definió la década. Nos rodea probablemente más música de calidad que nunca antes, estima Reynolds, pero escasos músicos de los últimos años han sido capaces de ofrecer “grandeza”, a la manera de los clásicos que engrosan el cánon rockero de los años 60 ó 70. Tenemos calidad, pero no necesariamente trascendencia, entendida ésta como el encuentro entre un disco y el impacto en su época y en la inquietud contingente de su audiencia:

“There was just so much music to be into and check out. No genres faded away, they all just carried on, pumping out product, proliferating offshoot sounds […]. It’s tempting to compare noughties music to a garden choked with weeds. Except it’s more like a flower bed choked with too many flowers, because so much of the output was good. The problem wasn’t just quantity, it was quantity x quality. Then there was the past too, available like never before, competing for our attention and affection. The cheapness of home studio and digital audio workstation recording, combined with the wealth of history that musicians can draw on and recombine, fuelled a mushrooming of quality music-making. But the result of all this overproduction was that “we” were spread thin across a vast terrain of sound».

En el análisis estricto de las listas de venta y mayor difusión radial,Alexis Petridis lamenta la falta de contrastes: si teletransportáramos a un auditor del año 2000 a enero del 2010, su sorpresa no sería tan sincera como la de quien hubiese saltado, por ejemplo, de 1960 a 1969. Las modas hoy se alargan, se estancan, y los relevos tardan cada vez más en quitarles el testimonio de la maratón pop de las manos. Para peor, demasiados subgéneros han sido objeto de revivalismo, y el debate sobre el impacto social de los discos ha sido reemplazado por la discusión en torno a la tecnología y los medios de distribución que nos permiten escucharlos. Ante el panorama ya instaurado de la long tail de audiencias y la difusión vía internet, Petridis augura un futuro “en el que cada artista será famoso por 15 comments

El gran Paul Morley ocupa su turno para despotricar contra las listas de fin de año (o década) en general, y reclama por cómo este gusto extendido por la categorización y jerarquización de los sonidos alrededor nuestro “están entorpeciéndole el paso a la vida y el misterio de la música antes de que ésta pueda vivir y encantar”. Quizás sea ese apuro por la definición el que hoy nos impida encontrar grandes corrientes sociales de sonido, y sentir que el pop de los últimos diez años ha sido un continuo de propuesta sin un ancla de conexión entre sí o con nosotros. Como sea, al próximo nostálgico por los sesenta que me diga que “la música actual es basura al lado de la que se hacía antes” no le vendría mal sumergirse en un diez por ciento de estas listas ⎯arbitrarias, confusas, cada vez más desarticuladas, si se quiere⎯ y dejarse asombrar por un caudal creativo que nos hace recibir el 2010 con el más alto de los optimismos.

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