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Respuesta a Patricio Navia: ¿De Concertacionista a votar por Piñera: opción legítima?

por 6 enero 2010

El voto es un acto por el cual los ciudadanos de un país eligen a candidatos que los representan para que desde el gobierno puedan actualizar los principios que simbolizan y satisfacer las demandas de sus electores. El voto es un acto libre, voluntario y, en cierta medida, irracional en términos económicos. Debido a que el voto de un solo individuo no cambiará el resultado de la elección y el trámite de la votación es un costo que muchos quisieran obviar, un sector de la población en edad de votar elegirá quedarse en su casa en vez de ejercer su derecho ciudadano.

Es por esto que en países donde el voto es voluntario, la legitimidad y competitividad del proceso eleccionario se puede medir por el grado de abstención. Entre menos gente acuda a las urnas, el Presidente elegido obtendrá un porcentaje menor del universo total y, por ende, tendrá menor legitimidad. ¿Pero qué pasa en Chile, donde casi de un tercio de los ciudadanos no está inscrito en los registros electorales, y el resto está obligado a votar? ¿Cómo podemos constatar la legitimidad y competitividad de la elección si no es por la abstención de los ciudadanos?

En su columna de hoy en La Tercera, Patricio Navia quiere convencer a los ciudadanos que se identifican con los principios de izquierda a votar por el candidato de la derecha, Sebastián Piñera, argumentando que si “un concertacionista se siente decepcionado de la incapacidad de los líderes partidistas para escuchar la voz de la gente, legítimamente puede votar para que el candidato de la Alianza sea el próximo Presidente.”

En contraste a lo que Navia postula, yo diría que es el voto nulo el que representa el descontento con las prácticas de la Concertación.

Sin embargo, el voto no es necesariamente un acto racional, a través del cual se seleccionan libremente medidas, bajo un criterio de eficiencia, y se castiga a los que no las cumplen votando por otra coalición. Una cosa es el voto de protesta, el voto nulo o la abstención, y la otra es votar por alguien que no te representa.

El sugerir en su columna votar por Piñera como algo legítimo de hacer para los simpatizantes de la Concertación es una invitación a la venta de principios, a legitimar a un candidato y sus partidos, sin representación real, a ser cómplices por acción (y no por omisión) de lo que Piñera hará durante su mandato. ¿Debería Codelco ser privatizada? ¿Debería la píldora del día después ser distribuida gratuitamente en consultorios? ¿Debiera legalizarse el aborto? ¿Debiera haber educación sexual en los colegios? ¿Debieran los gays y lesbianas tener los mismos derechos que los heterosexuales? ¿Debieran las Isapres discriminar por sexo, edad, o preexistencia? ¿Son la educación y salud de calidad un derecho o un commodity?

Si los concertacionistas desilusionados siguen el consejo de Navia y votan por Piñera como castigo a la Concertación, ¿cómo sabremos cuántos de esos votantes realmente son de derecha y cuántos son sólo votos de castigo, cuántos apoyan los principios morales encarnados por los partidos de la Alianza y cuántos quisieran un Chile más liberal?

Las elecciones no son un juego en el que el voto se va al mejor postor (al menos no todos votamos de esta forma), sino una vía para elegir los principios que quieres que se materialicen durante un gobierno. El voto no es una forma de cambiar de marca, como quien de un computador PC se pasa a un MAC y vice versa, dependiendo del modelo. Incluso esta decisión de cambiar de sistema operativo es una decisión con más peso que la que Navia propone. Si te cambias de un PC a un MAC, lo más probable es que sea definitivamente. ¿Significará entonces que los que voten por Piñera, en afán de protesta, adoptarán también los principios conservadores, formando una nueva mayoría de derecha en Chile? ¿Cómo sabrá el candidato de la Alianza si tiene o no un mandato para transformar el país?

Navia hace caso omiso de la opción de votar nulo, del legítimo espacio de protesta entre el voto por Frei y el voto por Piñera. Al parecer, para él es lo mismo castigar a la coalición que comparte sus principios, pero que está tan corrupta y colapsada que ya no lo representa, que darle su voto a la coalición opuesta, que no representa sus principios. Sin embargo, es muy distinto castigar a tus cercanos no dándoles tu voto, que legitimar a tus adversarios dándoles tu apoyo explícito.

En contraste a lo que Navia postula, yo diría que es el voto nulo el que realmente representa el descontento con las prácticas de la Concertación, las que han sido fomentadas por el sistema político que ha hecho a esta coalición hegemónica. Si los descontentos concertacionistas eligieran votar nulo en vez de darle su voto a Frei o a Piñera, al menos habría información acerca de cuántos chilenos adhieren a los principios progresistas de izquierda y están en contra de la corrupción y el sistema electoral poco participativo que la sustenta. No hay necesidad de venderse para demostrar el descontento.

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