Jueves, 8 de diciembre de 2016Actualizado a las 11:05

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Voto voluntario o el desinterés por la igualdad

La Concertación, acorralada electoralmente, propone legislar cualquier acuerdo que le permita sumar votos para la segunda vuelta. Incluso a costa de seguir aumentando la desigualdad en el país.

La semana pasada el Ejecutivo envió al Congreso, con carácter de suma urgencia, el proyecto de ley de inscripción automática y voto voluntario. El agitado clima de segunda vuelta y el fin electoralista del proyecto no debiesen impedir, sin embargo, que la sociedad civil analice con detención y cautela sobre las posibles consecuencias que esta reforma puede consigo traer.

En Las Condes hay unos 8 mil jóvenes entre 18 y 19 años. De ellos, más de cuatro mil se registraron para votar en las últimas elecciones. En La Pintana también viven 8 mil jóvenes de la misma edad, pero menos de 300 se registraron para votar. Un patrón similar, no tan pronunciado pero sistemático, se repitió a través de todo Chile: la tasa de registro juvenil fue mayor en las comunas de ingresos más altos. Dicho comportamiento no es particular de la última elección, sino que ocurrió también en las pasadas elecciones parlamentarias del 2001 y 2005, a la vez que muestra un claro aumento en el tiempo. El efecto en el largo plazo es evidente. Estamos en proceso de construcción de un electorado con fuerte sesgo de clase.

La Concertación, acorralada electoralmente, propone legislar cualquier acuerdo que le permita sumar votos para la segunda vuelta. Incluso a costa de seguir aumentando la desigualdad en el país.

Las diferencias tan abultadas entre tasas de inscripción por comuna, indican que la tan discutida desigualdad nacional no es sólo económica, sino que posee una importante dimensión política. A diferencia de la desigualdad de ingreso, que se ha mantenido constante durante las últimas dos décadas de Concertación, la Desigualdad Política, y en particular la de voto, ha aumentado progresivamente.

La relación entre participación electoral e ingreso no es un fenómeno propio de Chile, sino más bien una regularidad de toda democracia donde votan pocos. El caso más ilustrativo es Estados Unidos, donde por cada pobre votan tres ricos. Importantes cientistas políticos del país del norte han abogado por la imposición del voto obligatorio como la única manera de recuperar el principio igualitario que supone el voto universal.

En Chile, por el contrario, el asunto de la Igualdad Política simplemente no se considera a la hora de discutir un cambio en la ley de registro y voto.

Pero, de hecho, el sesgo de clase en el registro de los nuevos votantes en Chile, coloca algunas advertencias sobre la propuesta de voluntariedad.  En la práctica, son las cohortes jóvenes las únicas que tienen voluntariedad de voto, dado que los antiguos registrados deben continuar votando. La voluntariedad universal podría expandir el sesgo de clase que hoy se evidencia entre los jóvenes, esta vez sobre todo el electorado. Dicho efecto será difícil de observar en las primeras elecciones con voto voluntario, a causa de la novedad que este podría implicar. No obstante, sabemos de la experiencia comparada que el voto voluntario reducirá la participación en el largo plazo, y, casi seguramente, aumentará y consolidará el sesgo de clase del sistema electoral en Chile. No sorprende la defensa a ultranza de dicha medida por parte de los centros de estudios de la derecha como Libertad y Desarrollo, pero llama la atención la absoluta falta de interés acerca de la Igualdad Política entre los sectores liberales de la Concertación.

Es cierto que el voto obligatorio (entendiendo el registro como automático) tampoco parece ser hoy una solución viable. El país da muestras de una importante división entre la clase política y los ciudadanos, y la imposición de participar, por parte de la primera, es altamente resistida por los segundos. Sería, sencillamente, represiva. Pero sin ir tan lejos, han existido medidas intermedias para estimular la participación, medidas simples y concretas, que la clase política se ha negado en implementar. ¿Por qué los registros cierran tres meses antes de la elección, incluso antes de que los candidatos se inscriban? ¿Por qué no hay registros para la segunda vuelta?

El voto voluntario tendría altas posibilidades de destrabar la inercia del electorado. Pero en busca de asegurar la participación de los sectores populares, su implementación podría darse a la par de ciertas medidas de obligatoriedad. La necesidad de votar para optar a beneficios estatales, o la pérdida del mismo derecho en el futuro en caso de persistente abstinencia – como el caso italiano – podrían asegurar un grado intermedio de obligatoriedad, el que a su vez no sea considerado por los ciudadanos como un menoscabo a sus derechos. Pero cualquiera sean las reglas adicionales que se sugieran, estas merecen discutirse sin el apuro del actual proyecto que está enviando el gobierno al Congreso.

La Concertación, acorralada electoralmente, propone legislar cualquier acuerdo que le permita sumar votos para la segunda vuelta. Incluso a costa de seguir aumentando la desigualdad en el país.

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