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El patito feo, versión bicentenario

por 12 enero 2010

El patito feo, versión bicentenario
Los patos-polilla, por donde se miren, son material idóneo para el sarcasmo. Se les llama así por su extraña afición a las luces de los estudios de televisión, de los flashes fotográficos o de las imprentas offset de los medios escritos masivos. Su gran logro radica en la capacidad de transformar esa, su afición por las luces, en una profesión a tiempo completo.

Érase una vez una larga y angosta granja de aves ubicada en una faja de tierra entre la cordillera y el mar. Su construcción había sido encargada a la empresa externa Mulas de Fuerza & Co., que, de ser responsable de la seguridad de las aves, por encargo del minoritario pero poderoso grupo de los cisnes, propietario del terreno de la granja, pasó a incursionar en el rubro de la edificación (institucional). Los cisnes eran clientes exigentes, así que todo el anatómico diseño de la granja fue hecho enteramente a su medida: las jaulas, las lagunas artificiales, los gallineros, los sistemas de iluminación, los sistemas de comunicación y hasta los bebederos. Como eso es un poco impúdico e impresentable, decidieron maquillarlo con una estrategia maestra: entregando la concesión administrativa a terceros.

De esa forma evitaban la apariencia de que todo, absolutamente todo lo de la granja era de o favorecía a los cisnes. La primera concesión, que quedó en manos de la misma empresa externa Mulas de Fuerza & Co., duró 17 años. La segunda, entregada al grupo de los patos, lleva 20 años de vigencia, y aunque por el momento parece pronta a acabarse, una reunión del directorio ampliado (compuesto por todas las aves inscritas) debe decidir sobre su futuro el 17 de enero próximo.

Los patos-polilla, por donde se miren, son material idóneo para el sarcasmo. Se les llama así por su extraña afición a las luces de los estudios de televisión, de los flashes fotográficos o de las imprentas offset de los medios escritos masivos. Su gran logro radica en la capacidad de transformar esa, su afición por las luces, en una profesión a tiempo completo.

¿Por qué el directorio ampliado está a punto de revocar la concesión a los patos cuando han mantenido la granja de los cisnes tan bien o mejor que los propios cisnes? Las razones son múltiples. Una de las más importante es, probablemente, que los patos no sólo dejaron intacta la edificación hecha por Mulas de Fuerza & Co., sino que hasta empezaron a amarla. Y eso definitivamente disgusta a gran parte de las otras aves. La otra es que los patos entraron en una penosa e indigna fase de decadencia anómica. Por ejemplo, algunos de ellos, los más importantes, los que recibieron la concesión, empezaron a creerse dueños de los medios de administración o a usar los recursos administrativos de la granja para hacerse con la propiedad de pedazos minúsculos y casi imperceptibles del terreno. Y eso los empujó a creerse cisnes. No por nada algunos siúticos un tanto arribistas, de esos buenos pa’l spanglish, despectivamente los llaman “los cisnes-wannabe”.

Otro ejemplo de la decadencia es la proliferación de extrañas y, para algunos, indeseables variedades palmípedas, como los patos-pateros, los patos-rastreros o los patos-polilla. Sobre los patos-pateros y los patos-rastreros no hay mucho que comentar, pues todas las especies tienen variedades similares. Pero los patos-polilla… ¡¡¡Ah!!! Los patos-polilla, por donde se miren, son material idóneo para el sarcasmo. Se les llama así por su extraña afición a las luces de los estudios de televisión, de los flashes fotográficos o de las imprentas offset de los medios escritos masivos. Su gran logro radica en la capacidad de transformar esa su afición por las luces en una profesión a tiempo completo que les permite incurrir en otras actividades profesionales por el puro mérito de estar siempre pegados a las luces y no precisamente porque destaquen en dichas actividades. Así, un pato-polilla muy mediático, conocido despectivamente con el nombre de “Le Canard” por su siútica francofilia, acaba de competir en las elecciones por la presidencia del directorio. Y aunque obtuvo un rotundo “Siga Participando”, no deja de ser llamativo que hubiera sido contendiente gracias a sus dotes polillísticas. Las suyas y las de su pata esposa, por supuesto.

Otro pato-polilla de concurso, conocido despectivamente con el nombre de “The Duck” por su siútica anglofilia, es el que usa su gran capacidad de estar pegado a las luces de los medios para hacer una carrera académica y política. Como es un pato-polilla ejemplar, no ha importado hasta ahora que sus aves-aprendices o sus aves-colegas le guarden poco o nulo respeto. El pato-polilla está ahí por su capacidad de estar pegado a las luces, no por sus dotes docentes. Y como es un pato-polilla ejemplar, no había importado hasta ahora que, para los patos mayores y para los cisnes, fuera tan solo un pato de la banca de suplentes, del equipo de entrenamiento. El pato-polilla se mueve en las altas esferas del poder político por su capacidad de estar pegado a las luces, no por su importancia política. De hecho, sus intentos por entrar al equipo titular, a la primera división de los patos fue siempre poco auspicioso. Ni coqueteando con los palmípedos de primer nivel, como los de Palmitiempo 2000, los de la Granja 21 o los Expansipatos, el pato-polilla “The Duck” pudo dejar la banca de suplentes. De tanto ser obviado y no tenido en cuenta por los patos titulares hasta se le empezó a llamar “el patito feo”. O “The Ugly Duckling” para los anglófilos amigos cibernéticos cercanos… You know what I mean!!!.

Un buen día de aquellos, los patos suplentes, hastiados de calentar bancas eternamente, decidieron hacer el intento de entrar a la cancha sacando a todos los patos titulares. Liderados por el pato-polilla “Le Canard”, conformaron el bando de los patos aspiracionales. Sin chistar, pato-polilla “The Duck”, alias el patito feo, se abanderó inmediatamente con el nuevo bando. Hacía una arriesgada jugada para llegar al equipo titular. De lo que fuera, pero titular al fin y al cabo. Después de todo, ser titular significaba dejar de ser el patito feo…

Lo que pasó después es historia conocida. Como Le Canard perdió estrepitosamente, The Duck volvió a ser el acostumbrado patito feo de segunda división. El de siempre. Pero como ya había decidido dejar el banco de suplentes, un buen día despertó, se miró en el espejo y fue víctima de una (ahora lo sabemos) infortunada iluminación: “¡¡¡Soy un cisne!!!”, gritó el Pato, e inmediatamente, de forma secreta, se puso en contacto con el cisne mayor para regalársele a cambio de tres chauchas. Como el cisne mayor sabe cuán importantes son las luces de los medios (no por nada es propietario de uno), le dio la bienvenida con las alas abiertas, de esas cortitas pero que abarcan mucho. Y como también sabe hacer buen uso de la información secreta, le dio al pato-polilla una cucharada de su propio jarabe: puso a la luz de los medios los mensajes de humo en que The Duck le comunicaba que abandonaba su condición de pato e iniciaba su aspiracional conversión en cisne.

Puesto que las noticias sobre las polillas profesionales son un apetitoso pedazo de estiércol para las moscas de los medios, el patito feo y cisne-wannabe se vio atrapado otra vez por las luces, pero de la única forma que no hubiera querido: sin ser él el relator de su camino de Damasco. Aunque, vistas hoy las cosas, lo más triste de todo es que el cisne mayor hubiera dejado en evidencia que, en política, The Duck no es ni siquiera un pato, sino un pollo.

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