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Elecciones y renuncias

por 12 enero 2010

No basta con decir que los millonarios son peligrosos, pese a que han llegado a serlo de dudosa manera, cuando el éxito económico es la mayor virtud nacional, ni que la derecha in pectore sigue siendo pinochetista, cuando nos vanagloriamos de que la instituciones políticas si funcionan.

Es poco probable que las renuncias de Gómez y Auth  a la conducción nacional del Partido Radical y del Partido por la Democracia hayan aumentado  la intención de voto por Eduardo Frei.  Es seguro que la no renuncia  de Escalona y Latorre a la conducción nacional del Partido Socialista y la Democracia Cristiana en ningún caso han aumentado la intención de voto por el candidato de la Concertación y ahora también del Junto Podemos. Que las renuncias de los máximos líderes de los partidos de la Concertación en el fragor de una campaña presidencial era un despropósito es una opinión razonable y ecuánime, pero que una la mitad de liderazgo renuncie y la otra no, indica, además de un impresentable desorden político, que si bien los partidos de la Concertación tienen institucionalidad interna y direcciones autónomas, la Concertación como alianza política carece de liderazgo y estrategia en medio de una campaña electoral, es decir, en el momento culminante de acceder o abandonar el poder en un sistema democrático.

Esto obviamente no aumenta la intención de voto por  el candidato presidencial de la Concertación entre aquellos que votaron por Enríquez-Ominami, en la primera vuelta, tampoco entre muchos duros de quienes votaron por Arrate, menos aún entre aquellos que en la primera vuelta votaron en blanco, nulo o simplemente no fueron a votar porque el sistema político no le merece credibilidad alguna, en particular porque no se sienten representados por la Concertación.

No basta con decir que los millonarios son peligrosos, pese a que han llegado a serlo de dudosa manera, cuando el éxito económico es la mayor virtud nacional, ni que la derecha in pectore sigue siendo pinochetista, cuando nos vanagloriamos de que la instituciones políticas si funcionan.

Pero el problema electoral más grave que pone de presente la controversia sobre las renuncias de las direcciones políticas de los partidos de la Concertación, es que tal debate ha tenido la virtud de escamotear el debate programático con la Alianza, aquí el hecho político fundamental que es que no hay debate programático. Y no hay debate programático porque tanto el programa de gobierno de la Concertación como el de la Alianza han sido bacheletizados.

La indiferenciación programática de la Concertación con sus contrincantes no puede ser resuelta denunciando al liderazgo contrario como sospechoso de enriquecimiento ilícito y tendencias antidemocráticas encubiertas. No basta con decir que los millonarios son peligrosos, pese a que han llegado a serlo de dudosa manera, cuando el éxito económico es la mayor virtud nacional, ni que la derecha in pectore sigue siendo pinochetista, cuando nos vanagloriamos de que la instituciones políticas si funcionan. Tampoco dice mucho afirmar que son los progresistas auténticos ni los legítimos herederos de la Presidenta Bachelet

La situación política actual es la siguiente, mientras Piñera no logra superar el 44% de respaldo electoral con que cuenta la Alianza por Chile, que es lo máximo que ha podido convocar la derecha, pese a su travestismo programático que la ha convertido en bacheletista según recomendación de Joaquín Lavín hace unos meses, la Concertación sin propuestas programáticas que la diferencien de la Alianza (bacheletizada) tampoco convoca a la totalidad del 56% que no está de acuerdo con que la derecha gobierne al país.

La situación de una parte importante de los electores de ese 56% puede ser ilustrada con la siguiente historia. Hace años un publicista español ante la última confrontación electoral entre Felipe González y José María Aznar inquirido por sus preferencia electoral respondió que: “si Aznar va hacer lo mismo que Felipe González, es mejor que lo siga haciendo Felipe”. En esa misma lógica de la indiferenciación programática y política, bien puede suceder que muchos electores, por acción o, sobre todo, por omisión piensen que si Piñera va a hacer lo mismo que Frei y que ambos van a hacer los que ha venido haciendo la Presidenta Bachelet, entonces dejemos que los otros decidan.

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