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El dilema ambiental frente a la segunda vuelta

por 15 enero 2010

Si miramos al mundo no ha existido gobierno de derecha que haya resultado en un avance ambiental, justamente por esos dogmas que les impiden el análisis económico ambiental puro. Lo opuesto de algo insuficiente no es necesariamente algo suficiente.

Parto con clarificar que he participado con el grupo programático de medio ambiente y energía de la campaña de Marco Enríquez Ominami. Como externo a esta segunda vuelta, siento tener la libertad de comentar con respecto a las diferencias de enfoques con respecto al medio ambiente de ambas candidatos, tanto por sus programas, como por su historia.

La Concertación ha tenido un historial mixto con respecto al medio ambiente. En materias de tratamiento de agua llevamos la delantera lejos a nivel de Latinoamérica. Las políticas de calidad de aire fueron exitosas en su comienzo, pero cuando se ha debido redoblar los esfuerzos, quizás faltó la voluntad política para poder dar los pasos que faltaban. El Plan de Prevención y Descontaminación Atmosférica de Santiago (parado en Contraloría) que es sólo una sombra del anteproyecto, desprovisto de gran parte de sus dientes regulatorios, deformado en un papiro irreconocible para sus autores.  O Ralco,  un proyecto que hoy no se podría haber aprobado, con los acuerdos internacionales que ha suscrito.

Si miramos al mundo no ha existido gobierno de derecha que haya resultado en un avance ambiental, justamente por esos dogmas que les impiden el análisis económico ambiental puro.  Lo opuesto de algo insuficiente no es necesariamente algo suficiente.

Pero lo que ha ocurrido se puede ver mejorado con la creación del Ministerio de Medio Ambiente. Conama fue un organismo coordinador por muchos años. La fiscalización le correspondió a otros ministerios. Hoy la creación de la Superintendencia Ambiental, y un servicio de evaluación ambiental son pasos para darle más peso al sector ambiental, frente a tantos otros intereses sectoriales.

La Alianza por Chile,  a través de sus centros de estudios asociados ha dado atisbos de su visión de la regulación ambiental, en donde se privilegian instrumentos de mercado (como bonos de descontaminación), y enfoques hacia normas de calidad y no de emisión. En principio no hay problema con ese enfoque si es que las normas le dan valor a los bonos. Los instrumentos de mercado son un medio de bajar costos de descontaminación no un fin, o un ideal. El ideal debe ser cumplir la norma de calidad de aire que tiene por objeto proteger la salud humana.

Cuando el gobierno ha presentado evaluaciones sociales de norma, a pesar de que estas muestran rentabilidad social, se han opuesto a los valores norma porque “son las más exigentes del mundo”, o porque “Chile no ha logrado el nivel de ingreso per cápita para esas normas.” A pesar de esto no dudo de las buenas intenciones de los profesionales, que buscan el costo-efectividad de las medidas. Lo que no entienden es que la regulación ambiental al aumentar los costos de actividades contaminantes está internalizando costos ambientales que quedan fuera en el análisis financiero simple.  No incluirlos es la verdadera distorsión del mercado.

Gane quien gane tendrá que enfrentar problemáticas ambientales, ya sea porque son una carga a nuestra economía (mi visión personal), porque ya hemos suscrito compromisos internacionales (ingreso a OCDE, y lo que vendrá de Copenhague), o porque nuestras exportaciones serán penalizadas (visión pragmática).

En lo que me especializo, la contaminación atmosférica, sugiero como mínimo lo siguiente:

1.)  Retirar el PPDA y reformularlo completamente enfocado tanto al material particulado fino y el ozono. Enfocarse en las fuentes más contaminantes como la calefacción residencial, retiro de vehículos diesel antiguos (tipo cash for clunkers, para autos, micros y camiones),

2.)  Llamar a un concurso internacional para operar el pronóstico de calidad de aire (cuyo objetivo será prevenir a la población de exposición, no condicionar medidas de descontaminación)

3.)  Cambiar el enfoque de las medidas de la gestión de episodios críticos. Tener medidas permanentes, como prohibición de estufas a leña durante todo el invierno, restricción vehicular a catalíticos permanente, y desarrollar medidas específicas para reducción ozono.

4.)  Utilizar el Consejo de Ministros para la Sustentabilidad como plataforma para poder diseñar medidas intersectoriales que enfrenten la problemática de la contaminación por leña en el sur de Chile.

5.)  Aprobar el anteproyecto de norma de calidad de aire de PM2.5 y desarrollar un Plan de Acción para reducción de PM2.5 que contemple normas de emisión de sus principales precursores.

6.)  Aprobar el anteproyecto de norma de emisión de termoeléctricas, que sería parte central del plan de acción.

7.)  Comprar el Centro Nacional de Medio Ambiente, independizándolo de la Universidad de Chile. Elegir a su director mediante concurso internacional.

8.)  Pedirle a Ricardo Lagos que lidere localmente iniciativas de cambio climático y contaminación atmosférica.

Al final creo que un gobierno de Piñera no podrá innovar con instrumentos de mercado, ya que requieren proyectos de ley, como el que está parado hace años en el Congreso.

Creo que Frei se ha dado cuenta que su gestión ambiental durante su presidencia fue insuficiente y ya no puede considerarlo “el tema ambiental”. Creo que ambos candidatos entendieron el concepto de la economía verde (tema en el que ME-O fue pionero). Esto de generar trabajos para el cuidado del medio ambiente. Claro que Endesa se frota las manos de la aprobación sin contratiempos de HidroAysén con cualquiera de los dos candidatos.

Finalmente si miramos al mundo no ha existido gobierno de derecha que haya resultado en un avance ambiental, justamente por esos dogmas que les impiden el análisis económico ambiental puro.  Lo opuesto de algo insuficiente no es necesariamente algo suficiente. Hoy en día, viendo las dos almas ambientales de la Concertación, la que cree en crear trabajo a toda costa, o la que quiere crear trabajos en una economía verde, quiero creerle a la que tiene voluntad de avanzar en medio ambiente. De la derecha tengo la esperanza de que al final del día se den cuenta que lo más sustentable generalmente es lo más beneficioso para la economía y la sociedad. La nueva institucionalidad ambiental se consolidará estos próximos cuatro años, con la dictación de reglamentos para su operación. Y en ese sentido prefiero seguir el curso. Porque lo que se haga definirá los próximos 20 años de nuestra gestión ambiental.

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