Jueves, 8 de diciembre de 2016Actualizado a las 12:51

Autor Imagen

Y vino el temporal y la llovizna…

por 15 enero 2010

La autocrítica no basta, por ello se requieren hechos que demuestren un reordenamiento del poder al interior de la Concertación, que podrían haber sido producidos antes del 17 de Enero, pero su no implementación demuestra la lucha interna que sobrevendrá entre conservadores y progresistas.

Habrá que evaluar la carga de arena y desperdicio que dejará el resultado electoral del domingo 17 de enero.

La frustrada “revolución política” que requería Frei para ganar, obstaculiza la posibilidad de su triunfo. Es cierto, escuchó en parte a los electores que estuvimos con Marco cuando el gobierno se decidió a empujar los proyectos legislativos y, de alguna manera, Frei le quitaba el piso a los dirigentes partidarios días antes del término del 2009. Fue a goteras, casi no se notó, salvo por el ruido que provocó la negativa a escuchar al electorado concertacionista y marquista que mostraron los presidentes del PS y la DC.

Por su parte, Marco desarrolló una estrategia poco clara en la formulación de condiciones para definir el apoyo a Frei y liderar a un electorado, que siendo el 20% podía imponer importantes concesiones. Se produjo lo esperado, un proceso de desgranamiento hacia Piñera y Frei que buscó detener con la idea de construir un partido propio, pero en medio de una disyuntiva presidencial era imposible, más aún si no tenía postura sobre el tema y al mismo tiempo lo presentaba como su plataforma para el 2014. Los partidos políticos no se fundan en metas presidenciales sino en programas, utopías realizables, tradiciones a las que recurrir, anclaje en una épica de la que se siente parte y no en la aspiración de llegar a La Moneda, que puede ser un objetivo legítimo pero limitado para un partido.

La autocrítica no basta, por ello se requieren hechos que demuestren un reordenamiento del poder al interior de la Concertación, que podrían haber sido producidos antes del 17 de Enero, pero su no implementación demuestra la lucha interna que sobrevendrá entre conservadores y progresistas.

Así las cosas, hoy con todos los actores políticos con sus decisiones tomadas respecto de la disyuntiva entre la derecha con Piñera o Frei como abanderado del “centro” y la izquierda – ahora incluido el quizás decisivo apoyo de Marco-, se está desplegando el debate en el campo progresista.

Hay autocríticas desde la Concertación que son notables por la franqueza respecto de las oligarquías partidarias antidemocráticas; el uso y  abuso del Estado como “botín”; el monolitismo como valor y la persecución a la diversidad política; la falta de sensibilidad ante las aspiraciones democratizadoras y de mayor compromiso con la igualdad, así como la crisis de confianza en sus dirigentes y el conservadurismo de su pensamiento. Sin embargo, quienes las formulan no son del todo creíbles y la pregunta por las causas no está explicitada.

A mi juicio hay tres cuestiones –entre otras- que entorpecen, y sino, impiden el que la Concertación se pueda reinventar a sí misma: es una coalición en que parte de su elite sostiene su poder político en la ligazón a los centros de poder empresarial, por lo que no aspira a reformar el sistema político y la estructura económica; es una coalición que no pretende cambiar la estrategia de desarrollo  primario exportadora altamente monopólica y financiera por otra con eje productivista y de carácter sustentable; esta fracción de la elite concertacionista no persigue un Estado fuerte, solamente eficiente en la externalización de los recursos y bienes sociales para ser administrado por los privados; así, el Estado adolece de la capacidad de contratar funcionarios respetando la ley laboral. Para ellos el triunfo de la derecha implicaría la continuidad de la “democracia de los acuerdos”.

La autocrítica no basta, por ello se requieren hechos que demuestren un reordenamiento del poder al interior de la Concertación, que podrían haber sido producidos antes del 17 de Enero, pero su no implementación demuestra la lucha interna que sobrevendrá entre conservadores y progresistas.

Frei deberá mostrar cuánto escuchó de la voz del pueblo disidente y su indicador será si formará un Gabinete de integración progresista; los partidos deberán mostrarlo mediante actos democráticos radicales que reconstruyan la relación con la sociedad y sus militantes; y la Concertación en el parlamento debiera esmerarse por impulsar la legislación igualitarista y de fortalecimiento del Estado.

El proyecto progresista tendrá, con todas las dificultades, mejores condiciones para desplegarse si Piñera es derrotado, pues la derecha tras una derrota terminaría su propio ciclo político de obstrucción neoliberal a las políticas solidarias y redistributivas y de defensa del pasado dictatorial, como lo muestran las editoriales mercuriales y de diversos dirigentes contra el Museo de la Memoria. Su derrota tendría consecuencias profundas, ya que también repercutiría en el reordenamiento progresista, pues desde ese momento sólo los conservadores de la Concertación quedarán en pie para defender el pasado, la democracia a medias, las libertades relativizadas y el Estado subsidiario asistencialista.

Los desperdicios del temporal dependen, entonces, de nosotros mismos, de cómo se perfila un amplio espacio progresista que incluya a todas las fuerzas sociales y políticas que con un programa básico, supere el momento actual y enfrente la tarea de reformar radicalmente la política y la economía.

Compartir Noticia

Más información sobre El Mostrador

Videos

Más Noticias

Blogs y Opinión

Encuesta

Mercados

TV

Cultura + Ciudad

Deportes