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Si Dios se apiada, gana Frei

por 16 enero 2010

Sabemos que Navia, Edwards o Ampuero no serán jamás admitidos en El Club de Cachagua. Invitados a animar la fiesta como Américo, es probable. Tanto como Larrain harisque su nariz cuando se los deba topar en alguna juerga de esta derecha que no teme bailar cumbia o reggaeton.

En los últimos días hemos observado como algunos intelectuales se han manifestado públicamente por la candidatura de Piñera. Edwards, Ampuero, antes Cienfuegos y por último Navia, y en su legitimo derecho están. Del mismo modo, nadie debiera hacer otra lectura de la manifestación de apoyo a Frei por; Balmes, Roser Bru, Lemebel, Ángel Parra omitiré a Isabel Allende que también lo hace, pues en este punto mi preferencia está con Bolaño.

En una columna escrita a fines de diciembre, Jaime Campos afirmaba la legitimidad de la decisión de Edwards y hablaba de una suerte de rabia atávica de la izquierda respecto de los intelectuales que se sumaban a proyectos considerados conservadores, en otra columna vuelve e insiste sobre el tema, esta vez, nos ofrece a Octavio Paz y cita algunas frases que revelarían que la llamada del Premio Nobel es la de un intelectual aséptico.

Sabemos que Navia, Edwards o Ampuero no serán jamás admitidos en El Club de Cachagua. Invitados a animar la fiesta como Américo, es probable. Tanto como Larrain harisque su nariz cuando se los deba topar en alguna juerga de esta derecha que no teme bailar cumbia o reggaeton.

En una de aquéllas, hice un comentario, pero todos hacían listas, entre los de izquierda muchos, entre los de derecha se mencionaba a Vargas Llosa respecto de quien además se cuestionaba su apoyo a Uribe.

Qué podemos decir. "Elogio a la Madrastra", escrita por el presunto fascista, es extremadamente más perturbadora e inquietante que la "Lolita" de Nabokov. Que si la razón para no dar el Nobel a Borges es su visita al dictador Pinochet, es una decisión bastarda, políticamente correcta, tanto como la que le entregó el premio a quien ordena bombardear Afganistán mientras se enfrían las Dom Perignon

Quienes expulsaron a Nicanor Parra de la Liga Chilena de Escritores a principio de los setenta por no ser, en opinión de ellos, de izquierda, son unos soberanos imbeciles. Parra, él que a los ochenta y pico años, es aplaudido a rabiar por una multitud que escucha hipnotizada el “Hombre Imaginario” y que emociona hasta poner la piel de gallina, diez años después, al ver un documental que sólo duró algunos minutos en cartelera.

Sobre esta suerte de polémica, regreso una y otra vez, al lector prohibido en mi adolescencia de militante izquierdista de los ochenta: Milan Kundera, pues con una pluma envidiable y un conocimiento profundo de la ética y la estética, se explaya precisamente en lo pelotudamente torpe que resultan las listas, los motes, los prejuicios, y lo hace de magistralmente en "El Encuentro" en dos capítulos, “Listas” y “La Piel”

Pero si alguien cree que Paz o Kundera observan la existencia humana y su complejo relato histórico como dos empaquetadores de pollo, enplasticados para que ninguna caquita se cuele, ciertamente no los han leído o no los han querido comprender.

Kundera, quien está entre mis ídolos literarios, junto con Bolaño, Hunther S. Thompson, Gore Vidal, Nicanor Parra, Roth o Cortázar, escriben desde las entrañas, lo hacen metidos en la existencia misma, metidos en los subterráneos urbanos, entre prostitutas, maricones, traficantes, ladrones, locos, circos, manicomios y cárceles, desde el cáncer de próstata, la impotencia sexual, apretando el gatillo en África, o corriendo por las calles de Paris detrás de una maga sensual. No hacen concesiones, no son políticamente correctos, no dan consejos, no pontifican y no sirven como autoayuda o literatura de playa, son cínicos, juzgan, cuestionan, critican, ironizan, desde aquella trinchera que será imposible para, Edwards, o Ampuero: la genialidad.

Da lo mismo cuantos se suman a la lista de la Derecha, las condiciones de Navia que plantea a Piñera son de una ingenuidad intolerable. Las razones de Allende para anotarse en la de Frei huelen a té en porcelana inglesa y tostadas con mermelada importada ¿el cambio no es necesario?

El ejercicio de anotarse en listas es en sí mismo patético. Y no suprime la realidad: El 44% de los chilenos votó el 13 de diciembre por la Derecha. El resto lo hizo por opciones distintas que no constituyen un bloque, a pesar de la tozudez de algunos. Algo hay en el 27% que no votó por Frei que sin ser derechistas o algún mote parecido, no se sintió convocado por un relato de país que se tejió entre publicistas, lobbystas, chicos bien intencionados y muy cristianos y en la suma de lo posible por los partidos que conforman esta alianza.

Es probable que no haya un relato que contar, o el candidato no travesti, parafraseando a Pamela Jiles, crea que no es necesario decirle a los chilenos y chilenas cuál es el sueño que tiene de país y qué quiere compartir con nosotros, puede que entienda que, como decía mi abuelo, obras son amores y no buenas razones y de obras, como Concertación, sí tenemos y muchas.

La exhibición de trofeos, premios, medallas y muchos doctor honoris causa, que podemos exhibir como la coalición más exitosa en la historia contemporánea de Chile, no bastan. La sala de trofeos nunca es la más visitada, sino aquélla en que el regente del club quiere decirnos por qué hemos sido campeones, por qué somos campeones y por qué lo seguiremos siendo. ¿Alguien Imagina a Di Steffanno satisfecho después de una goleada en el Bernabeu por el Barcelona, sólo por los trofeos que cuelgan en su memoria? ¿Imaginan ustedes a la hinchada contenta con aquello? No, de verdad No.

¿Qué piden? que el nuevo pibe los haga soñar, que meta goles y que los haga ganar. Piñera, sostiene Pamela Jiles en un correo electrónico que circula en la red, es un travesti. Eso lo sabemos el 66% que no votó por él.

La cuestión es otra. ¿Nuestro candidato Frei nos hace soñar con un Chile distinto dispuesto a entrar por la puerta grande a la historia del siglo XXI?

Le decía a un amigo, un tremendo intelectual de esos que juegan con la vida, como el Oliveira de Cortázar, de esos con quien la tarde se pasa volando tras uno y otro café, algo que ciertamente no pasaría con Edwards, (como pesa no ser el inútil de la familia) que muchos chilenos, espero que la mayoría, iremos el 17 de enero próximo, como lo hacen los feligreses (qué feliz estaría el trío Walker con estas palabras viniendo de un agnóstico) no a comulgar, que Dios nos libre, sino a marcar por Frei, para que esa noche podamos conciliar el sueño y la culpa no nos haga delirar.

Sabemos que Navia, Edwards o Ampuero no serán jamás admitidos en El Club de Cachagua. Invitados a animar la fiesta como Américo, es probable. Tanto como Larraín harisque su nariz cuando se los deba topar en alguna juerga de esta derecha que no teme bailar cumbia o reggaeton y que éstos intelectuales deberán aprender, además de incluir en su estanterías a Coelho, Pilar Sordo o algún libro de auto ayuda para ser mejor en 10 días en cualquier cosa, ocultar los CD de Miles Davis, declararse ignorante de Shostakovich, olvidar las andanzas de Oliveira tras su maga y nunca más emocionarse al escuchar una orquesta juvenil de algún pueblo del sur entonar Deja la vida Volar de Víctor Jara.

Deberemos salir en estas horas a las calles, recordarnos cómo nos emociona y nos estremecemos cuando escuchamos Manifiesto y como se nos pone la piel de gallina con el Hombre Imaginario, apagar la tele, no ver más la franja y decir por qué no votamos por la Derecha, olvidarnos de la propaganda del comando y contarle a nuestros vecinos que hoy una mujer vieja tiene derechos por sus hijos nacidos, decirles a todos, como nos sabemos el rezo de memoria, que hoy los trabajadores tienen derechos, no se los puede botar a la calle sino están pagadas sus cotizaciones, no escuchar nunca más a los voceros y decirle a nuestra madre vieja que la Doctora, la Presidenta, se la jugó para que su cáncer lo cubra el augue y tenga una vejez digna y que el candidato Frei es el candidato de ella.

Si hacemos todo esto, le pregunté a mi amigo ¿Destaparás tu mejor champaña, te la beberás, a tus 70 años, como un loco con tu amada mujer, llamarás ansioso a tus hijos, tus nietos, hermanos y amigos, si Dios se apiada de los chilenos y gana Frei? Hubo un silencio, el prudente, quizá el que da la experiencia y la conciencia de no haber estado nunca en el bando de los del “Club de Cachagua” pues no habría resistido jamás la nausea que provoca estar rodeado de aquellos que hicieron fortuna mientras sus amigos desaparecían.

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