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e-Books: Las plataformas comienzan a construir su imperio

por 17 enero 2010

Los acuerdos firmados entre Amazon y dos de los más cotizados superventas –Stephen Covey y Paulo Coelho– son la mejor seña de los profundos cambios que se están produciendo en la industria. Porque una cosa es la explosión de la oferta de dispositivos digitales de lectura y la ruidosa tecnocarrera por imponer el gadget del futuro, y otra son los cambios que afectan de manera irreversible el modo en que tradicionalmente se hacían las cosas en una industria que está dejando de ser lo que era.

A mediados de los años noventa, las editoriales bien informadas comenzaron a modificar sus contratos para incluir una cláusula que, sin mediar interpretaciones, les permitiera explotar el formato digital de los libros, formato que prometía –en pleno crecimiento de la burbuja de las punto com– buenos dividendos en un lapso breve de tiempo. Atinaron en la estrategia legal, pero se equivocaron en el plazo. Recién trece o catorce años después, Amazon logró afirmar y darle continuidad a un modelo de explotación de obras digitales que tiene al Kindle como protagonista, transformándose así en garantía y punta de lanza de un negocio que ahora parece estar sobrepoblado de ambiciones.

Cuando esas mismas editoriales no terminaban de amasar y decidir qué hacer con su patrimonio digital, Amazon vuelve a golpear la mesa y a marcar una tendencia que está dejando a muchos editores temblando frente a sus catálogos. Si algunos estaban mirando con moderado optimismo el auge del mercado digital, ahora no podrán disimular la sensación de estar amenazados por un gigante.

Stephen Covey (”The 7 Habits of Highly Effective People“, megabestseller publicado en español por Paidós) se inscribió en la historia como el primer autor en entregar a Amazon la explotación exclusiva de sus obras en versiones digitales, saltándose de ese modo a su editorial (Simon & Schuster) y dejándola de brazos cruzados frente al beneficio que supone el negocio de los e-books. Una de las notas de prensa que dio cuenta de la noticia a mediados del mes pasado partía con una imagen elocuente: “El mundo editorial vive su peor pesadilla”. Tres semanas más tarde, Amazon vuelve a la carga anunciando un acuerdo similar con Paulo Coelho: diecisiete de sus libros estarán disponibles de manera exclusiva para el Kindle, en idioma portugués, en su tienda en línea.

A pesar de la competencia del Sony Reader y del Nook de Barnes & Noble, Amazon sigue teniendo una lugar de privilegio en la industria de los e-books y es legítimo leer esta movida como una pura estrategia para mantenerse encima de sus competidores. Para los autores supone un beneficio evidente. Puesta a un lado la editorial, la torta sólo se reparte entre dos: autor y plataforma de distribución. De convertirse en ejemplo, la tendencia amenaza con expropiar de manos de los grandes sellos todo el segmento de bestsellers en versiones digitales, lo que en un escenario de auge de este mercado podría significar un desequilibrio sustantivo en el estado de resultados de esas empresas. Hay que tener presente que, con regularidad, el éxito comercial de muchas medianas y grandes editoriales está asociado al éxito de unos pocos autores de su catálogo.

Sin duda es un escenario delicado que podría tener otras consecuencias. Por lo pronto, la división del mercado de compra y venta de derechos en dos universos paralelos –los derechos para ediciones en papel y los derechos para la explotación digital– y con actores muy distintos. Y es muy probable que en la negociación de derechos digitales sean gravitantes empresas que no son editoriales, sino que, como en el caso de Amazon, Barnes & Noble o Google (no nos olvidemos del proyecto Google Edition), manejan las plataformas de distribución. En este escenario, muchos autores, tentados por un mayor beneficio, podrían intentar desconocer sus contratos o buscar un acuerdo con las editoriales que les devuelva toda la libertad de negociar con alguna de esas plataformas la explotación de sus obras en versiones digitales.

El mundo editorial está cambiando. Y cambiará más.

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