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Obstáculos para la renovación del PDC

por 22 enero 2010

Obstáculos para la renovación del PDC
Sin la cooperación de quienes ocupan puestos de poder no habrá una genuina renovación de rostros. En ello tiene un rol clave Gutenberg Martínez, que tiene un enorme poder e influencia, habiendo ocupado altos cargos (secretario general, vicepresidente y presidente), ha sido muy influyente en la elección de sus directivas y del consejo nacional por su ascendiente en la junta nacional, el órgano decisorio superior del PDC.

Hemos escrito anteriormente en El Mostrador acerca de los problemas de los partidos de la Concertación: debilitamiento electoral; incapacidad de renovar a sus dirigentes con personalidades de reconocido prestigio fuera de la clase política, predominando ex funcionarios de gobierno de nivel intermedio, descuido en cuestiones programáticas y desinterés por el rol de las ideas en la política, etc., y sobre sus repercusiones en las posibilidades de elección de un quinto presidente. El resultado del 13 de diciembre y del 17 de enero lo confirmó, aunque los partidos no son los únicos causantes de la derrota.

El futuro de la Concertación depende de la capacidad de renovación de sus partidos, especialmente de los que la fundaron en 1988 a partir de la Alianza Democrática: el PDC y el PS.  La experiencia comparada demuestra que los partidos se renuevan en la oposición y no en el gobierno, que los desgasta y los puede destruir.

Los costos de la política de coalición

La renovación de los partidos se requiere no sólo por los altos costos que ha tenido la larga permanencia en el gobierno, sino también por haber mantenido durante más de dos décadas una política de coalición, que ha desvanecido las singularidades de cada colectividad. La fortaleza de la Concertación estuvo en reunir distintos partidos, representando un arco iris, lo cual en algún momento se perdió, probablemente por el impacto del presidencialismo en el sistema político.

Los partidos descuidaron sus singularidades políticas. Se habla a menudo de “la Concertación”, como si fuera una organización distinta y superior a los partidos. Se dice, soy “primero” concertacionista y después, DC o socialista, sin darle un contenido programático, aunque los candidatos se benefician porque pueden apelar a votantes de todos los partidos, agravando el desvanecimiento de sus singularidades propias. Algunos dirigentes e intelectuales aluden a “la Concertación” como si fuera un partido único, objetivo que no corresponde a un país con una larga tradición de multipartidismo, que refleja la diversidad política y cultural de su sociedad. Están pensando, además, en la experiencia de Italia con El Olivo, un mal ejemplo porque tuvo una corta vida en la dirección del gobierno, que abrió el camino a la llegada al poder de Berlusconi.

Algunos dirigentes e intelectuales aluden a “la Concertación” como si fuera un partido único, objetivo que no corresponde a un país con una larga tradición de multipartidismo, que refleja la diversidad política y cultural de su sociedad.

Fuerzas centrífugas en la izquierda

El PS y el PDC enfrentan diferentes problemas. El PS tiene que detener las fuerzas centrífugas que lo han desangrado con las renuncias de dos senadores, un ex presidente y un diputado, Marco Enríquez-Ominami, cuya candidatura presidencial tuvo un efecto muy determinante en la derrota de Frei, funcionalmente similar al rol del cura de Catapilco en 1958, que favoreció el triunfo de la derecha. Estas deserciones se explican principalmente por los costos de los cuatro gobiernos de la Concertación y, en particular, el impacto del tipo de gestión y liderazgo de la administración de Michelle Bachelet (PS).

El PS enfrenta una compleja situación porque ME-O organizará un partido para continuar su política contra la Concertación y convertirse en un actor de la izquierda. Lo hará apoyándose en los mismos recursos económicos y políticos que le llevaron a obtener el 20% del electorado: el financiamiento de Max Marambio, un millonario  formado en la Cuba de Fidel Castro, que fue mirista y miembro del Gap del presidente Allende, el respaldo de su padre, el senador Carlos Ominami, que termina su mandato en marzo próximo, pero es presidente de Chile 21, un think tank de la izquierda de la Concertación. Contará con la simpatía de la prensa oficialista y los errores de dirigentes de la Concertación, especialmente en el PPD, pero también en el PS,  convencidos de poder controlarlo.  El debilitamiento del SPD de Alemania a partir de la renuncia de su ex presidente Oskar Lafontaine es un caso que se debe mirar atentamente.

La situación en la izquierda es difícil, además, porque el PC entró al Congreso a través de un pacto electoral y competirá en el Congreso con el PS. Este pacto tuvo costos para la Concertación, porque se perdió un quinto de los votos logrados por ambas coaliciones en los nueve distritos en que hubo candidatos del PC: de los 495.489 votos obtenidos por ambas coaliciones en 2005, se bajó a 399.334 el 2009, una disminución de 96.155 electores. Y no se obtuvo ningún doblaje, como esperaban. Sumar votos en democracia es más complejo que una operación matemática, afirmó Enrico Berlinger, el dirigente comunista italiano promotor del “eurocomunismo”.

Hitos en el debilitamiento del PDC

El PDC se ha debilitado política y electoralmente, perdiendo la mitad del electorado obtenido en los comicios de 1993 y ha dejado de tener liderazgo en la Concertación, con la excepción de la decisión de Frei de ser candidato presidencial, cuando nadie en los partidos oficialistas quería postular.

El debilitamiento electoral del PDC comenzó hace años, en las parlamentarias de 1997 y  se agudizó en las elecciones presidenciales de 1999, que enfrentó con un agresivo discurso contra Ricardo Lagos y la izquierda de la Concertación, impropio en la competencia entre partidos aliados y recordaba la época de la Guerra Fría. Ello produjo el desplazamiento de una parte de sus votantes a la candidatura de Joaquín Lavín, que lo llevó al borde del triunfo, y hacia la UDI en las parlamentarias de 2001, que le permitió convertirse en el principal partido.

Hubo graves errores cometidos por sus dirigentes, como la mala inscripción de la lista de candidatos parlamentarios en los comicios del 2001 por la directiva de Ricardo Hormazábal y Edgardo Riveros y la decisión de la directiva presidida por Soledad Alvear frente a la rebelión del senador Adolfo Zaldívar, que condujo a su expulsión y a la renuncia de cinco diputados. Ello provocó la pérdida de la mayoría en la Cámara baja por parte de la Concertación, que permitió a la derecha aprobar la acusación  constitucional contra la ministra de Educación, Yasna Provoste (PDC), destituida después por el Senado con los votos de Fernando Flores, renunciado al PPD, y de Zaldívar.

Pese a todo ello, el PDC mantiene un apoyo de la ciudadanía que se aprecia en las encuestas y en el electorado, obteniendo el 2009 un satisfactorio resultado en términos de parlamentarios, aunque beneficiado por el binominal y el fin del pacto PS/PPD, que permitió a algunos de sus candidatos derrotar a sus competidores. Por ejemplo Ximena Rincón, esposa del presidente del PDC, el diputado Juan Carlos Latorre, con la ayuda de los diputados del PPD que iban a la reelección, le quitó el cupo al senador Jaime Naranjo (PS).

Ámbitos de la “renovación” del PDC

La renovación del PDC implica, en primer lugar, una definición estratégica: cuál es el rol que le asignan sus dirigentes en el sistema de partidos y en la oposición al gobierno de Sebastián Piñera. ¿Quieren que sea un partido de “centro”, que mira a la izquierda y la derecha para proponer soluciones intermedias entre las que ofrece esta y aquella? Esta opción conduce a una política reactiva y sin liderazgo en la coalición, que agravará su debilitamiento. ¿O, por el contrario, se quiere un partido que ejerza liderazgo en el sistema político, comenzando por la Concertación?  Es la vieja disputa entre el partido centrista, equidistante entre la izquierda y la derecha, y el partido de vanguardia propuesto por Jaime Castillo Velasco a fines de los años 50, que fue el que se impuso y fue determinante en conducirlo a La Moneda en 1964.

En seguida, la renovación del PDC implica corregir errores cometidos en el pasado reciente, por ejemplo, el tratamiento de la rebelión del senador Adolfo Zaldívar, que condujo a su expulsión y a la renuncia de cinco diputados en solidaridad con éste, que se incorporaron al PRI, los cuales votaron por el ex presidente Frei en la segunda vuelta. Debiera producirse un acercamiento en la Cámara de Diputados que apunte hacia su reincorporación al PDC. El PRI tiene una bancada similar en número al PC y dos de ellos fueron DC, Alejandra Sepúlveda y Pedro Araya, con amplia base electoral en sus distritos.

En tercer lugar, debe formular una propuesta programática atractiva a los votantes, especialmente la juventud, una tarea bastante más compleja que preparar una lista de políticas públicas convincentes a ministros y altos funcionarios de gobierno. Deben ser ideas que apunten a fines superiores del país y no olviden las utopías, concepto rechazado por algunos tecnócratas. Esto requiere que sus dirigentes se interesen por el rol de las ideas para el fortalecimiento del partido, interés ausente en las directivas de los últimos años.

La importancia de las ideas en política

El PDC en el pasado se interesó por las ideas, incorporando a destacados intelectuales, profesionales y académicos, muchos de los cuales después ingresaron al partido y fueron dirigentes, ministros y parlamentarios. También hubo ese interés durante el régimen militar, sobresaliendo la labor del ICHEH, el centro de estudios del PDC,  con financiamiento de la Fundación  Adenauer de Alemania, vinculada a la CDU, bajo la dirección de Claudio Orrego Vicuña, llevando a cabo una muy importante tarea, con múltiples seminarios, publicaciones y estudios que fueron de enorme importancia para fortalecer al PDC en esos difíciles años.

Sin embargo, ello no continuó después de 1990, debilitando su labor, que concluyó con su cierre a fines del 2009. Y lo que se sabe de los pasos adoptados por la actual directiva del PDC, de acuerdo con la Fundación Adenauer,  para iniciar una nueva etapa de cooperación, van en la dirección equivocada, porque han convocado a ex funcionarios de gobierno vinculados a la actual directiva, sin integrar a profesionales y académicos de prestigio, con capacidad para innovar las ideas que inspiren la acción de los DC y convocar a más profesionales.

Institutos autónomos organizados por personalidades del PDC en los años del régimen militar, como CIEPLAN y el CED, ayudaron al desarrollo de las ideas para recuperar la democracia y formular una alternativa programática, convocando a académicos e intelectuales que luego entraron al gobierno y tuvieron un rol muy importante en la dirección económica de los gobiernos de la Concertación. Sin embargo,  la entrada al gobierno los debilitó, especialmente Cieplan, que no tuvo una segunda generación de profesionales.

El deterioro de la calidad de los dirigentes y la necesidad de un upgrading

En cuarto lugar, debe integrar nuevas figuras en su dirección, caracterizada por estar formada por un pequeño círculo de  personas donde se ha deteriorado la calidad profesional y política. Un examen de los miembros de la directiva (nueve personas) y el consejo nacional (18 personas) lo demuestra. De  esas 27 personas, cuatro son actualmente diputados (dos de los cuales perdieron la reelección, Francisco Renán Fuentealba y Gonzalo Duarte), hay un ex senador (Sergio Páez), seis ex diputados (destaca Gutenberg Martínez, el más influyente en  “la máquina” del PDC), uno de los cuales volvió a la Cámara (Ricardo Rincón, cuñado del presidente del partido), dos ex ministros (Andrés Palma, por algunos meses en Mideplan en el gobierno del presidente Lagos, habiendo sido antes diputado, y Mariana Aylwin en Educación, también de Lagos, por dos años, y diputada por un período) y ex funcionarios de gobierno. El secretario nacional, Moisés Valenzuela, fue jefe de gabinete del ministro secretario general de la presidencia Eduardo Dockendorff con el presidente Lagos y fue derrotado por Alejandra Sepúlveda (PRI), recibiendo un  bajo 14,05% de los votos.

No hay senadores en ejercicio, alcaldes o personas destacadas del mundo profesional, con la excepción de Francisco Frei, hermano del senador. No me fue posible conseguir información a través de internet de las biografías de los tres subsecretarios nacionales, un indicador de la ausencia de una legitimidad ajena a la carrera partidaria.

Es indispensable un upgrading de la directiva del PDC y su consejo nacional, con figuras de relieve profesional, no sólo ex funcionarios de gobierno o ex parlamentarios, que tengan capacidad para atraer a más personas de prestigio nacional al trabajo del partido y sirvan de estímulo que los independientes se acerquen a colaborar.

Esta composición de su directiva y consejo nacional es un gran retroceso en comparación a los momentos de gloria del PDC, cuando tuvo destacadas personalidades del mundo profesional y político. Eso fue así antes de 1964 y de 1990. Con la llegada de la democracia, pasaron a ocupar cargos de gobierno, comenzando por Patricio Aylwin (Renán Fuentealba, varias veces presidente del PDC, expulsado del país en 1974, fue designado intendente; Narciso Irureta, fue ministro del presidente Frei, Edgardo Boeninger fue ministro y senador designado, Alejandro Foxley, ministro, presidente del PDC y senador, etc).  También en el Congreso, en que destacaron Gabriel Valdés y Andrés Zaldívar.

Los obstáculos a la renovación

Integrar nuevos rostros del mundo político, especialmente alcaldes, y del mundo externo, como académicos, profesionales o empresarios, será difícil, porque si algo caracteriza a los partidos es su control por un grupo reducido de personas (“la ley de hierro de las oligarquías”, como escribió Robert Michels en 1911). Y estas personas tienen en común dedicarle tiempo a crear bases de apoyo al interior del partido, sin interesarles lograr respaldo en la sociedad.

Sin la cooperación de quienes ocupan puestos de poder, es decir, renunciar a cuotas de poder,  no habrá una genuina renovación de rostros. En ello tiene un rol clave Gutenberg Martínez,  que tiene un enorme poder e influencia, habiendo ocupado altos cargos (secretario general, vicepresidente y presidente), ha sido muy influyente en la elección de sus directivas y del consejo nacional por su influencia en la junta nacional, el órgano decisorio superior del PDC, y en la actualidad integra el consejo nacional. Su esposa es la senadora Soledad Alvear, que fue presidenta del PDC (2006-2008). Fue miembro del “comité estratégico” de la candidatura presidencial de Frei. Fue diputado durante tres períodos hasta 2001 (en las dos primeras elecciones postuló en forma protegida, porque no tuvo competencia de un candidato del bloque PS/PPD). Desde el 2003 es uno de los socios controladores y presidente de la Universidad Miguel de Cervantes, una de las pocas universidades que no ha buscado la acreditación (son sólo cinco), siete la han pedido, sin lograrla, y hay 48 universidades privadas acreditadas, incluida la del Desarrollo. Esta fue fundada y dirigida por personalidades de la UDI, siendo su presidente Hernán Büchi, el vicepresidente del consejo directivo es Joaquín Lavín, entre sus consejeros se encuentra Cristián Larroulet y el rector desde un comienzo es Ernesto Silva Baffalluy, uno de los principales directivos de Odeplan durante el régimen militar y fundador de la UDI.

Las perspectivas

No hay motivos para que el PDC no supere sus debilidades y vuelva a ser un partido de vanguardia en una política de coalición que privilegie su relación con el PS y busque tener un rol de liderazgo y no como un partido más en una coalición de varias colectividades. Después de  profundos cambios estructurales y de cinco elecciones legislativas hay una notable estabilidad en el electorado, en que la izquierda sigue siendo una minoría, como también el PDC. Ello los obliga a seguir la política de coalición, además de los incentivos del binominal y el ballotage.

Para alcanzar esa posición requiere decisiones políticas y una firme voluntad de seguir ese camino, partiendo con la integración de nuevos rostros, en que sobresalen los alcaldes, como también personalidades destacadas del mundo profesional y del humanismo cristiano, personas que tienen en común estar fuera de la organización del partido (“la máquina”, como la llamó Max Weber). Y considerando la gran experiencia de políticos destacados, como Andrés Zaldívar, que regresa al Senado.

La carrera partidaria no es indefinida sin mostrar logros. Quienes tienen actualmente posiciones de poder debieran mostrar generosidad y dar un paso al lado. Fue así en el pasado, cuando el PDC fue un partido de vanguardia y debió pasar a la oposición en 1970. Es la conducta en los partidos exitosos de Europa, como la CDU  alemana y también el PSOE y el PP en España y los partidos Laborista y Conservador en Gran Bretaña.

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