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¿Cuándo se jodió la Concertación?

por 23 enero 2010

Hay muchas voces que hoy día se escuchan enarbolando la renovación, provenientes precisamente de los que jodieron a la Concertación. Alerta con aquellos que ya están pretendiendo encabezar una renovación de talante gatopardista.

Hace algunos años el escritor peruano Mario Vargas Llosa se preguntaba ¿Cuándo de jodió el Perú? mientras cavilaba sobre su país. Hoy se hace necesario que nos preguntamos también en Chile ¿cuándo se jodió la Concertación?

Después del estrepitoso fracaso electoral reciente, hemos conocido toneladas de sesudos análisis que buscan encontrar una explicación, sino justificación,  para dicho evento.

Por cierto, mucha tinta ha manado de las plumas de quienes precisamente jodieron a la Concertación, autoproclamándose ser los nuevos porta estandartes de las banderas de la renovación, esquivando cualquier asomo de autocrítica personal.

Más allá de esos análisis, es la propia cotidianeidad política la que nos entrega la respuesta.

En estas horas, arde la cúpula Concertacionista por todos sus costados, tras el numerito que se mandó la directiva del Partido Radical, al llegar a un acuerdo de gobierno de la Cámara de Diputados con la derecha.

Hay muchas voces que hoy día se escuchan enarbolando la renovación, provenientes precisamente de los que jodieron a la Concertación. Alerta con aquellos que ya están pretendiendo encabezar una renovación de talante gatopardista.

¡Traición! Se escuchó decir por los pasillos del Congreso; ¡renuncien todos los Ministros y Subsecretarios Radicales! pidió un acalorado Diputado.

Falta por ver aún como se buscará desenredar este nuevo desaguisado, para que un dirigente aparezca en los próximos días por televisión diciendo que “se ha dado por superado el impasse”, barriendo la basura debajo de la alfombra, por supuesto hasta un próximo numerito.

Todo esto no es sino consecuencia de un hecho medular: La Concertación dejó hace mucho tiempo de ser un conglomerado político con un factor aglutinante común que llamaremos un proyecto de país compartido, al cual concurren diversas fuerzas políticas en un pacto leal y honradamente acordado.

En un recodo del camino se perdió la afectio societatis, siendo reemplazada por un acuerdo de fachada que ninguno de los comensales estaba dispuesto a cumplir en su fuero interno, acicateado por sus intereses personales, de pequeños grupos que expresan lo más nefasto de la faz agonal de la política. Es decir, la Concertación perdió su inspiración inicial, siendo reemplazada por prácticas de sus cúpulas condicionadas por las luchas por alcanzar más poder.
Hoy, la situación ha alcanzado extremos impensables siendo un ejemplo muy didáctico de ello lo que llamaremos el “numerito Radical”.

Cuando los intereses de grupos, las deslealtades, la falta de solidaridad y la corrupción política campean por los corrales concertacionistas, la credibilidad, elemento fundamental al momento de concursar, se resiente profundamente y ocurre lo que tiene que ocurrir: el pueblo, le quita su apoyo a ese grupo y opera lo que hoy en día está en boca de todos: el cambio, palabra mágica que simplemente significa pérdida de confianza.

Mientras no seamos capaces de ser leales, creíbles, transparentes, honrados y consecuentes entre nosotros mismos, y a partir de esas premisas construir un proyecto de país que interprete a la mayoría, no tenemos derecho a llorar como hoy en día se escucha por ahí reclamando por lo mal agradecidos que son los chilenos con la Concertación.

Finalmente, ¡cuidado! Hay muchas voces que hoy día se escuchan enarbolando la renovación, provenientes precisamente de los que jodieron a la Concertación. Alerta con aquellos que ya están pretendiendo encabezar una renovación de talante gatopardista.

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