Sábado, 3 de diciembre de 2016Actualizado a las 01:39

Autor Imagen

De ciudadanos a consumidores

por 26 enero 2010

En un contexto de auto-complacencia, la Concertación no fue capaz de percibir que estaba fallando en, quizás, lo más importante: consolidar, promover, fomentar y estimular una ciudadanía preparada, informada, instruida, crítica, con conciencia cívica y sentido de responsabilidad.

Entre las múltiples hipótesis esgrimidas respecto a la derrota de la Concertación el pasado 17 de enero, sobresale aquella que sostiene que la Concertación ha sido víctima de su éxito. Algo así como “la Concertación posibilitó la consolidación de una clase aspiracional, a la cual su relato ya no logra convocar”. Estos juicios giran en torno a que buena parte de esta clase aspiracional, cansada de votar por una Concertación desgastada y sumida en escándalos de corrupción y cúpulas, habría abrazado las promesas de crecimiento, de sociedad de oportunidades, de mejor gestión y de cambio del candidato electo.

De acuerdo con esos analistas, la ciudadana hipotética Marcela, vendedora de Isapres, trabajadora jornada completa, quien manda a su hijo a colegio subvencionado y quiere cambiar su auto no se habría entusiasmado por la promesa del candidato de la Concertación de más Estado.

Dicen, asimismo, que la Concertación no logró constatar, o procesar, que Chile cambió.

En un contexto de auto-complacencia, la Concertación no fue capaz de percibir que estaba fallando en, quizás, lo más importante: consolidar, promover, fomentar y estimular una ciudadanía preparada, informada, instruida, crítica, con conciencia cívica y sentido de responsabilidad.

Tras tanto leer y escuchar este tipo de, a nuestro juicio, sorprendentes y hasta insólitas explicaciones y análisis de expertos electorales, políticos destacados y figuras públicas respecto a la derrota de la Concertación, hemos decidido, también nosotros, compartir nuestra opinión: la Concertación no es víctima de su éxito, es víctima de su mayor y no reconocido, al menos abiertamente, fracaso.

La Concertación, según declaran varios de sus miembros más destacados, construyó un sentido de unidad nacional a partir de la política económica. De hecho, se atribuyen como uno de sus mayores logros el haber ofrecido garantías de estabilidad suficientes para generar una expansión significativa de la inversión, que posibilitó crecer aceleradamente durante los noventa y, así, reducir la pobreza.

En ese contexto de auto-complacencia, la Concertación no fue capaz de percibir que estaba fallando en, quizás, lo más importante: consolidar, promover, fomentar y estimular una ciudadanía preparada, informada, instruida, crítica, con conciencia cívica y sentido de responsabilidad. La Concertación no abarcó ese, el principal desafío, posiblemente el mayor de una democracia, fortalecer a sus ciudadanos.

La Presidenta Michelle Bachelet impulsó por breve tiempo la idea de que Chile merecía ser gobernado bajo un esquema que posibilitase la “Participación Ciudadana”, al tiempo, y ante la imposibilidad de imponerse, la Presidenta giró hacia la “Protección Social”. Más allá de la resistencia de los partidos de la coalición gobernante, ¿era posible lograr “Participación Ciudadana”?

Lamentablemente, creemos que no. No, al menos, de la noche a la mañana. La Concertación, en un escenario excesivamente economicista, consolidó y estimuló durante más de tres lustros al CONSUMIDOR, no al CIUDADANO. Difícilmente, entonces, podría rápidamente generar la masa crítica de instituciones sociales, sociedades civiles y organizaciones de base necesarias para gobernar en una democracia participativa e inclusiva. Más aún, la Concertación permaneció inmune e incólume ante la predominancia de una ciudadanía, en promedio, apática, indiferente, displicente y desinteresada por básicamente todo lo que no fuese o implicase consumo.

A comienzos de la segunda década del siglo XXI, una alta proporción de chilenos y chilenas no tiene opinión respecto a alguno de los siguientes debates: HidroAysén, termoeléctricas, contaminación, pesca de arrastre o reforma de aguas. De modo similar, cree que la discusión sobre la televisión digital culminó con la selección de la norma japonesa. Además, no lee revistas técnicas, ni científicas, ni de esparcimiento o actividades recreativas (distintas de farándula), y por supuesto, por sobre todas las cosas, no lee libros. Tampoco va al teatro, poco al cine y no practica deporte. No participa en organizaciones ciudadanas y no tiene intereses mucho más allá de Yingo, Arenita y Pelotón.

En suma, ha sido la Concertación la que ha preparado la cancha, ha sido la Concertación la que le enseñó a los chilenos que lo principal es consumir. Finalmente, ha sido la Concertación quien entregó a la Coalición por el Cambio el discurso perfecto para conquistar el poder. Ha sido la Concertación la que olvidó su mayor y última tarea, el fin y no el medio, educar y formar a su pueblo. Ha sido la Concertación la que se dejó guiar por técnicos en comunicación y marketing que le dijeron que al "chileno" ya no lo movilizaban los sueños, que lo que el “chileno” quería eran más malls, autos, carreteras, crédito y artículos tecnológicos. Sí, es posible, eso quería, pero ¿eso necesitaba?

Compartir Noticia

Más información sobre El Mostrador

Videos

Más Noticias

Blogs y Opinión

Encuesta

Mercados

TV

Cultura + Ciudad

Deportes