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Piñera y el cambio para que todo siga igual

por 26 enero 2010

La Concertación va a volver a fracasar si intenta regenerarse. Obstinada como está en no dejar la teta que le ha dado de mamar durante veinte años, será una oposición blanda que desde el Parlamento seguirá cogobernando con la derecha para que no la saquen del juego.

A pesar que la victoria de Piñera era esperable, confieso que me afectó más de lo que podía imaginar.

Siempre he sabido que hace cuarenta años los grupos económicos controlan de jure el poder político en nuestro país. En los últimos veinte, desde la mal llamada “vuelta a la democracia”, su estrategia ha sido lo que un amigo denomina “repartición de huevos en distintas canastas”, o en otras palabras, financiar dispersamente las campañas políticas. Así, mientras algunos grandes empresarios financian las campañas de la Concertación, otros las de la Alianza, e incluso en la última elección financiaron o, para ser más rigurosos, inventaron la campaña de Enríquez.

La Concertación va a volver a fracasar si intenta regenerarse. Obstinada como está en no dejar la teta que le ha dado de mamar durante veinte años, será una oposición blanda que desde el Parlamento seguirá cogobernando con la derecha para que no la saquen del juego.

Eso con el compromiso de que ninguno de sus beneficiados se atreva a tocar el orden institucional del que se sirven: negocio redondo utilizando una estrategia bastante poco sofisticada.

Si con la Concertación eran los Luksic y los Angelini los grupos más favorecidos, y con Enríquez aspiraban a serlo los Marambio y los Danús. Con Piñera serán los Matte y los Edwards (para no mencionar a Piñera…)

Pero si es claro que Piñera y Frei sólo se disputaban la capacidad de gestionar y administrar el modelo, y que ninguno representaba “mi modelo”, ¿por qué me afecta tanto la alegría de los piñeristas?

Quizás porque Piñera es la cara menos grata del sistema, o como algunos afirmaron: “el mal peor”. A pesar de los intentos de limpieza de imagen que ha realizado la televisión estos días, cómo no repudiar a un multimillonario que hizo su fortuna gracias a las privatizaciones de la dictadura, que ha sido prófugo de la ley por estafa y condenado por utilización de información privilegiada, y que si eso no fuese suficiente, no vendió sus multimillonarias acciones antes de ser electo sólo porque sabía que sus precios subirían el día después de la elección.

Todo esto me había afectado hasta que volví a ver la realidad: “príncipes” que sin pueblo quieren salvar un proyecto desahuciado y “caras nuevas” defendiendo las mismas políticas y convirtiéndose efectivamente en las caras nuevas, pero de la vieja política, en forma de caricatura.

Por nuestra parte, nuestra posición no se inmuta con esta coyuntura: hemos sido, somos y seremos oposición a este orden institucional autoritario y a este modelo económico oprobioso, sean quienes sean sus administradores y defensores.

Se requieren compromisos, ideas y proyectos nuevos capaces de convocar a la totalidad de nuestro pueblo. Por eso la Concertación va a volver a fracasar si intenta regenerarse. Obstinada como está en no dejar la teta que le ha dado de mamar durante veinte años, será una oposición blanda que desde el Parlamento seguirá cogobernando con la derecha para que no la saquen del juego.

Para nosotros el camino no cambia. Sigue siendo urgente reconstruir una izquierda con proyección hacia el futuro, de vocación mayoritaria y asentada en un proyecto desde y para la ciudadanía.

Algunos, cuando terminen de lamentarse, esperarán hasta las próximas elecciones para reaccionar. Otros apuestan a seguir concursando por la administración del modelo.

Nuestra invitación a transformarlo sigue abierta…

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