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Fecundidad en Chile: cómo nos hacemos cargo

por 27 enero 2010

Con alarma en la exposición de los últimos resultados de la encuesta bicentenario Universidad Católica y Adimark se señala la correlación entre estos y los últimos datos de fecundidad en Chile que muestran una intensa caída de la tasa de natalidad, alcanzando a 1,9 hijos por mujer. Cifra que se encuentra por debajo de la llamada “tasa de reposición”, es decir; de lo necesario para renovar la población actual (2,1 hijos por mujer).

De hecho me acabó de dar cuenta que estoy bajo la tasa de reposición en mi aporte a la sobrevivencia de la especie.  Aún cuando con dos hijas me doy para satisfecha y feliz.

Las principales razones expuestas en la encuesta por las mujeres para no tener más hijos son de orden económico bastante obvias asumiendo el sistema de bienestar o de incipiente Estado de Protección Social existente en Chile, por tanto, la sorpresa de los resultados no parece tal:

* Tener hijos hace más difícil que la mujer trabaje 53%,
* Los niños son difíciles de mantener 51%

Como se puede observar las razones son de orden material y no espiritual o valórico, ni menos asumiendo una postura posmoderna de parte de nuestras mujeres.

Lo mismo se puede observar cuando se consulta por las razones para contar con familias pequeñas, donde la que obtiene mayoritariamente la primera mención es de orden material:

* Es mejor tener pocos hijos, pero darles una educación de calidad 77%.

El corolario de los datos anteriores termina con la siguiente consulta ¿Usted considera que Chile es una sociedad que apoya a las mujeres para tener hijos o que no las apoya?

Donde sólo un 29% afirma que se las apoya en contraposición con un 43% que afirma que no.

Con tan solo estas tres preguntas y sus principales resultados se puede asumir que el principal argumento para no tener más hijos e hijas en Chile actualmente tiene relación con motivos económicos y materiales:

* Tener hijos hace más difícil que la mujer trabaje, precisamente por esta premisa Chile presenta las menores tasas de inserción laboral de la mujer de América Latina. A pesar de que sabemos que el ingreso femenino es fundamental para salir de la pobreza, así como también vivimos el que tener hijos y trabajar tiene una serie de cortapisas partiendo por un pos natal breve, la discriminación en las Isapres, las jornadas de las salas cunas y jardines infantiles no acordes con la realidad laboral, a pesar de lo que avanzó el gobierno de la Presidenta Bachelet en aumentar su cobertura aún tenemos importantes trabas en relación a los horarios de atención y a sus costos asociados a las mujeres de clase media.

* Los niños son difíciles de mantener, sin duda que la vida tiene un costo el tema es quien se hace cargo de él. En una sociedad de desigualdades como la nuestra. Donde obtener prestaciones de calidad y oportunidades tiene un costo que es asumido directamente por las familias, las que en esta sociedad de riesgos como señala Beck están menos dispuestas a asumir costos que no saben si podrán sustentar en el tiempo.

* Es mejor tener pocos hijos, pero darles una educación de calidad, este resultado ratifica el anterior, la principal forma de asegurar oportunidades a futuro a nuestros hijos e hijas es a través de una buena educación y sabemos que en el Chile desigual de hoy esa buena educación existe prácticamente sólo a un alto costo.

Frente a la última pregunta del apoyo de Chile a la maternidad y su negativo resultado se obtiene la última obviedad y el desafío para futuro. Lo primero es que Chile no apoya a la maternidad no sólo porque la lógica de libre mercado no tiene por qué hacerlo, o porque las incipientes medidas de protección social no llegan a hacerse cargo de ello, sino también, porque no hablamos de cómo compartimos la maternidad como sociedad, como país. Donde el Estado tiene un rol esencial, este no es un tema sólo de las familias, o de las mujeres. No es un problema individual. Sino que es un tema societal, el Estado debe asumir un rol en la protección social mayor, así como también incentivar cambios culturales que permitan que los hombres y mujeres que conforman esta sociedad compartan sus roles en el cuidado de los hijos e hijas y de las tareas domésticas.

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