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Felipe Berríos: desvistiendo un santo para vestir a otro

por 27 enero 2010

Felipe Berríos: desvistiendo un santo para vestir a otro
Lo que hoy ocurre en Aysén es sintomático de lo que sucede en el mundo. El cambio climático, un tema originalmente de los “ambientalistas”, tiene implicancias económicas y sociales mundiales, en que, indefectiblemente, los más afectados siempre son los más vulnerables. La razón es simple, son quienes menos alternativas tienen para defenderse ante estos fenómenos.

Con interés hemos seguido el debate suscitado en El Mostrador por la entrevista en que el padre Felipe Berríos defiende las represas, en particular en la Patagonia.  Para quienes vivimos en este territorio y dependemos del agua que él concede a las trasnacionales, es relevante conocer la opinión de líderes validados por su trayectoria personal en pos del bien colectivo.  O, por lo menos, de una parte de éste.

Su visión me recuerda lo que dijera el ex ministro Osvaldo Andrade sobre la posibilidad de avanzar en la temática ambiental: “Si alguien quiere incorporar a la Alianza en los temas de los ecologistas, me parece bien. Pero debe quedar claro que ellos quieren resolver problemas sociales de ‘segunda generación’, cuando en Chile aún tenemos problemas de primerísima generación”.

Hoy en muchos países ya no se habla de conflictos ambientales, se les llama socioambientales.  Tales naciones han entendido la insensatez de separar conceptualmente al ser humano de los ecosistemas.  ¿La muerte de peces en el río Mataquito fue un problema ambiental o no lo fue también social y económico, al afectar el sustento de las familias de los pescadores artesanales?

Que hoy existe inequidad social en Chile es una notoria verdad.  Pero ésta no se debe ni se deberá nunca a la protección de la naturaleza.  Es más, es otra cara de la misma moneda.

Lo que hoy ocurre en Aysén es sintomático de lo que sucede en el mundo.  El cambio climático, un tema originalmente de los “ambientalistas”, tiene implicancias económicas y sociales mundiales, en que, indefectiblemente, los más afectados siempre son los más vulnerables.  La razón es simple, son quienes menos alternativas tienen para defenderse ante estos fenómenos.

Hoy por hoy en el río más caudaloso de Chile, el Baker, legalmente no hay agua. No la hay porque al poseer HidroAysén derechos sobre prácticamente todo su caudal no ha dejado espacio para que los pobladores que dependen de su curso tengan acceso a ella.

Hoy por hoy Energía Austral e HidroAysén están, con cuestionables políticas de RSE, validando que lo único importante en la sociedad es el dinero y el beneficio material.  Conceptos como arraigo, pertenencia, naturaleza e identidad son sólo ideas que no caben en su ideario productivista.

El mundo de los derechos humanos es amplio y vasto, incluye la superación de la pobreza y los horrores de la dictadura, pero no se queda allí.  Integra la defensa del medio ambiente y las comunidades, las etnias originarias, la dignidad de los pueblos.  Son todas luchas hermanas no excluyentes.  Así lo entienden hoy nuestro obispo Luis Infanti y, estoy cierto, también Gaspar Quintana, pastor del pueblo pisoteado por Barrick y su proyecto Pascua Lama.  Ellos también son nuestro orgullo y, muchas veces, nuestro sostén.

Que hoy existe inequidad social en Chile es una notoria verdad.  Pero ésta no se debe ni se deberá nunca a la protección de la naturaleza.  Es más, es otra cara de la misma moneda.  Cuando entendamos esto será el día en que de verdad podremos avanzar, sin tropiezos, en la lucha contra todas las formas de injusticia.

No hacerlo será, simplemente, desvestir un santo para vestir a otro.

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