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Las amenazas de Piñera

por 27 enero 2010

[cita]Una duda que acompaña al liderazgo de Piñera es la capacidad programática de su sector para responder a la creciente complejidad de la sociedad chilena. Por una parte, no queda claro que la “solución liberal” pueda responder efectivamente a la demanda de protección de los ciudadanos y a la revalorización de las instituciones públicas.[/cita]

Una cosa es ganar una elección, otra consolidar un liderazgo político efectivo. Para esta última meta, Sebastián Piñera deberá afrontar, a lo menos, cuatro amenazas para evitar que la adhesión a su candidatura sea solo un dato fugaz, en un panorama marcado por la crisis de representación de las dos grandes coaliciones.

Como primera amenaza aparece la pérdida de cohesión en su coalición de apoyo. La posibilidad de fragmentación, está reforzada por factores idiosincráticos o ideológicos de larga duración presentes en la derecha chilena. Tal como lo han señalado Renato Cristi y Carlos Ruíz, durante el siglo veinte, la derecha se desarrolló en tres direcciones antagónicas; el nacionalismo, el gremialismo de raíz corporativa y el neoliberalismo. La trascendencia del pensamiento de Jaime Guzmán se fundamentó en una articulación de estos tres polos. El desafío para Piñera, por tanto, consiste en organizar estas diferencias evitando que se conviertan en factores de deterioro político.

Una duda que acompaña al liderazgo de Piñera es la capacidad programática de su sector para responder a la creciente complejidad de la sociedad chilena. Por una parte, no queda claro que la “solución liberal” pueda responder efectivamente a la demanda de protección de los ciudadanos y a la revalorización de las instituciones públicas.

Una segunda amenaza, consiste en el “corrimiento a la izquierda” del sistema político chileno. Este fenómeno destacado por autores como Timothy Scully y Ángel Flisfisch, determina que el crecimiento de nuestro sistema de partidos sea, en general, hacia la izquierda. Si se acepta esta hipótesis se podría sostener que un proyecto fundacional de derecha debiera mirar hacia el centro para construir nuevas estructuras. En este plano, ¿hasta que punto es posible para Piñera crecer hacia el centro? y ¿Cuál debiera ser la estrategia para no tensionar, alternativamente, la relación con la UDI o con sus electores de centro?

Otro riesgo para el candidato de la Coalición por el Cambio es la ausencia de una mayoría electoral y parlamentaria relativamente estable a la luz de los resultados de diciembre. En esta materia, es indispensable para Piñera que la mayoría circunstancial generada por el balotaje se transforme en una mayoría reforzada al estilo de los modelos consociativos. Más allá de las incorporaciones de algunos personajes defenestrados por la Concertación, de la incorporación de ChilePrimero y del reclutamiento selectivo de outsiders para un eventual gobierno, la Coalición por el Cambio es -en lo orgánico- la misma alianza de 1990.

Finalmente, una duda que acompaña al liderazgo de Piñera es la capacidad programática de su sector para responder a la creciente complejidad de la sociedad chilena. Por una parte, no queda claro que la “solución liberal” pueda responder efectivamente a la demanda de protección de los ciudadanos y a la revalorización de las instituciones públicas. Tampoco está claro que Piñera pueda constituir un liderazgo efectivo para trascender el “darwinismo epistémico” presente en algunos de sus grupos de apoyo.

No considerar estos problemas significa subestimar la importancia electoral del “anticoncertacionismo”. En suma, el mayor peligro para Piñera es no entender que la demanda de innovación política es transversal y que esta elección tendrá una fuerza reestructuradora sin parangón desde 1990.

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