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La responsabilidad de Bachelet

por 28 enero 2010

No se puede gobernar con las amiguis. Allende nombró canciller a Almeyda aunque sus distancias personales fueran abismales. Nixon apenas pasaba a Kissinger, pero con él diseñaba la política exterior imperial. Se gobierna con equipos no con camarillas.

Atribuir a una persona el desenlace exitoso o el fracaso de un proceso político es injusto y científicamente insustentable. Sin embargo, cabe preguntarse por los efectos de las conductas políticas personales en cuanto a si estas contribuyeron a acelerar y acentuar u obstaculizar o impedir tal desenlace. Hay entonces una gran pregunta en la política chilena. ¿Tiene Michelle Bachelet responsabilidad en el desastre concertacionista? Debacle cuyos efectos desastrosos efectos irán in crescendo.

El candidato natural del socialismo y de la Concertación para las elecciones presidenciales de 2005 era José Miguel Insulza. La Alvear se había borrado a sí misma en su pugna con Adolfo Zaldívar. Por razones que sería interesante averiguar, el entonces ministro del Interior, postergó su aceptación a la candidatura creando un espacio que llenó una candidata desconocida para la opinión pública y que venía desde fuera de la nomenclatura concertacionista que había estado gobernando exitosa, soberbia y lucrativamente.

En un acto multitudinario del PS celebrado en el Estadio Chile, el 19 de Abril de 2005, apareció un lienzo del comunal Lo Prado que decía “Michelle Presidenta”. Insulza no fue al acto, donde seguramente habría sido ovacionado. Ricardo Lagos dirigió un mensaje televisado, se escucharon algunas pifias. Era el desprecio de la cúpula para con la base, por lo menos así lo sintieron estos últimos. Cuando llegó Michelle como una militante más, era ministra, hubo hartos aplausos, todavía no una ovación. Pero era el clic inicial entre los corrillos de su candidatura, planteada por la sinceridad ingenua de Martner y la vocación negociadora de Escalona y Solari, y la base partidaria. Se cumplía una ley de la vida, de la física y hasta del amor: nunca un espacio queda libre por mucho tiempo.

No se puede gobernar con las amiguis. Allende nombró canciller a Almeyda aunque sus distancias personales fueran abismales. Nixon apenas pasaba a Kissinger, pero con él diseñaba la política exterior imperial. Se gobierna con equipos no con camarillas.

Sorprendentemente, quizás incluso para sus “negociadores patrocinantes”,  Michelle prendió rápido y fuerte en la sociedad civil. En las discusiones del tercer piso de la sede socialista, “la franja de Gaza” (cobijaba la disidencia socialista), manifesté mis aprensiones: fue becaria del Pentágono, dije, los americanos no becan a los que promueven la justicia social, les dan otro trato. La respuesta fue contundente para mi escepticismo; era socialista, separada, ex presa política, mujer, jefa de hogar, ex exiliada, su padre muerto en las cárceles pinochetistas, hacía clases de marxismo en la universidad durante el tiempo de Allende. La presentación no era mala, era alguien que conocía de la vida y sus rigores.

Michelle sintetizó una disconformidad en la Concertación en contra de una cúpula que exhibía un nepotismo sin rubor alguno, que no sólo aplicaba sino profundizaba el modelo neoliberal y que además tenía ya signos claros de corrupción.

La militancia sabía que Michelle no era un dechado de talento, que cuando le tocó presidir un congreso partidario, por el sólo mérito de ser ministra, extravió las conclusiones y el esfuerzo de mil 200 delegados estuvo un año sin publicar. Se confiaba en su posición política supuestamente de izquierda.

Es cierto, debe dejarse muy claro, ella no buscó la candidatura. Esta le llegó.

Cuando partió la campaña las limitaciones de la candidata se hicieron evidentes. Señaló, por ejemplo, que el tipo de cambio lo fijaba el Banco Central. Hay más ejemplos, muchos, demasiados.

La Secretaria del Frente de Masas del PS le preparó un hermoso acto de proclamación  en el Teatro Cariola. Sindicatos, organizaciones de estudiantes y pobladores que repletaban el teatro se quedaron esperando. La candidata avisó, no se excusó, con los organizadores, no con los asistentes, que tenía una sesión de fotografías. La beca en el pentágono pensé. Es mi pesimismo empedernido, me reanimé.

Un día, el entonces secretario general del PS, Arturo Barrios, me comentó que la candidata no le contestaba el teléfono. No era asunto circunstancial sino político, sus amores estaban con el grupo escalonista. Martner fue literalmente derrocado al poco tiempo de la conducción del socialismo por esa fracción.

Asistí a los actos de celebración del triunfo. Cuando salí a la calle vi un entusiasmo ciudadano fervoroso, particularmente en las mujeres, había esperanzas, yo también las tenía. Quien me acompañaba, me dijo: oye chico, cuando Fidel no esté, sería bueno también en Cuba una mujer.

Me duró poco el optimismo. La conformación del gabinete anunció lo que venía, los tres ministerios más importantes quedaban en manos de personas, respetables por cierto, pero que representaban una síntesis de lo conservador y lo pro norteamericano en la Concertación. Andrés Zaldívar en Interior, Alejandro Foxley en Relaciones Internacionales y Andrés Velasco en Hacienda. Este último  tan laureado por su supuesta eficiencia que nos permitió a los cotizantes de AFP perder la mitad de nuestros fondos mientras él entubaba su voz dando lecciones de prudencia y austeridad.

Las cosas fueron mal desde un principio. Cuando estalló la revolución pingüina el gobierno quedó inicialmente estupefacto. Caería el ministro y le seguirían muchos otros, como nunca en los gobiernos de la Concertación. Cuando el gobierno reacciona lo hace en el sentido de defender lo existente: el modelo educacional neoliberal. Se opera cooptando-corrompiendo dirigentes estudiantiles, que pasan ser empleados del ministerio de Educación, reprimiendo, y engañando a la gente con una LGE que es más de la misma LOCE. Ello culmina con las manos entrecruzadas y los brazos en alto de Hernán Larrain y Camilo Escalona celebrando la nueva ley, en realidad, la derrota de los nobles pingüinos, nuestros hijos.

El estropicio mayor que fue Transantiago se implementó con soberbia y arrogancia inusitada. Publiqué el mismo día de su partida un artículo en  El Mostrador y cuyo título lo dice todo: “Transantiago, el Titanic ha zarpado”. Me llovieron los insultos; resentido, frustrado, poco socialita, etc.

Buscando sacar provecho del propio desastre la Alvear consiguió la expulsión de Adolfo Zaldívar, este montó un partido y saco 7 % de los votos, ¿quién ganó con ello? Se perdió la presidencia del Senado, la Presidenta impertérrita. Miles de votos fuera.

El ministro no tenía conocimiento alguno de transporte público. El subsecretario cuya cónyuge se jactaba de su amistad con la Presidenta, tampoco, por ello marchaban alegremente al precipicio. Desastre para el erario fiscal (se han gastado ya 5 mil millones de dólares en intentar enderezar a este curco) y los usuarios, no para todos. El vicepresidente del PS aparece súbitamente como Presidente del directorio de dos concesionarias.

Largo sería el listado de la ineficiencia. Se fue la segunda ministra  de Educación por defenestración parlamentaria, el primero se había ido por repulsa ciudadana, la ministra de Salud, Soledad Barría, renunció por las chambonadas de marca mayor  en los casos de sida, el Estado deberá pagar demandas millonarias. La ministra del Trabajo al inicio de la crisis llamó a los desempleados a no buscar trabajo para no impactar las estadísticas. Para el premio Nobel ¿cómo pudieron llegar a ser ministras?

La corrupción no se detuvo y fue desde las millonarias como la del Registro Civil hasta la del director de Onemi de Arica, sorprendido hurtando una crema de 9 mil pesos en una tienda. “Mechería” le laman en el argot delictual, especialidad menor de los bajos fondos.

Cuando la presidente Bachelet inició su mandato, el PS estaba férreamente unido. Como pocas veces en su historia no había grupos ni personas que se definieran socialistas fuera de la estructura partidaria. Hoy las cosas están como se sabe.

La Presidenta no gobernó con la Concertación, como ocurrió siempre, ni con un partido, lo que ya sería un error de marca mayor, sino que lo hizo con una fracción socialista, el sector que lidera Camilo Escalona.

El Congreso de Panimavida la Presidenta lo inauguró no desde su investidura, la mayor de nuestro estado democrático, sino como la más fervorosa militante fraccional, y así defendió la gestión de Camilo Escalona que ya acumulaba muchas criticas De su parte Escalona, como una suerte de regente inexistente en nuestra institucionalidad, dio la cuenta del gobierno, que por cierto, lo pintó de los más hermosos colores.

La desembozada intervención  de la Presidenta a favor del grupo de Escalona en ese Congreso es determinante en la derrota de Diciembre pasado.

Todos fuimos notificados que estar contra el estado de cosas, era estar contra Escalona y su fracción y que detrás de ellos estaba la Presidenta Bachelet.

Esa fracción impuso un sistema para elegir el candidato presidencial socialista que hacia imposible una competencia verdadera. Intervine en el evento proponiendo primarias abiertas, aún recuerdo los jactanciosos garabatos a mi persona luego que impusieron su método, que llevó al socialismo a tener en su momento cuatro candidatos presidenciales: Insulza, Arrate, ME-O y Navarro. Los tres últimos querían ir a la interna socialita, lo más probable era que perdieran, noblemente se atenían al resultado, lo que no estaban dispuestos a tolerar es el insulto de permitir que el adversario juegue abiertamente con las cartas marcadas. De haber ido estos candidatos a la interna, querían hacerlo. Lo repito, Piñera habría perdido sin apelación en diciembre pasado, en primera vuelta.

En una reunión en La Reina, donde estuvo toda la izquierda partidaria, salvo Carlos Moya que estaba en Europa, Navarro, ante la criticas que algunos esbozábamos, expresó con toda sinceridad que él era un bacheletista convencido y luego reconoció que a pesar de aquello hacía meses que no lo recibían en La Moneda, a pesar que era un senador del partido de la Presidenta. Lo mismo le había pasado a uno que estaba más cerca, el ministro del Interior Belisario Velasco, ¡la presidenta no le recibía los llamados a su ministro del  Interior!, de la antología de cómo no se debe gobernar.

No se puede gobernar con las amiguis. Allende nombró Canciller a Almeyda aunque sus distancias personales fueran abismales. Nixon apenas pasaba a Kissinger, pero con él diseñaba la política exterior imperial. Se gobierna con equipos no con camarillas.

En Derechos Humanos las cosas no fueron mejores. La política era a todas luces incoherente. El gobierno mantenía en situación miserable las pensiones de los exonerados y paralelamente suscribía tratados de DD.HH. al por mayor, participaba y organizaba eventos recordatorios pero los abogados del Consejo de Defensa del Estado iban a discutirles las indemnizaciones a los familiares de las víctimas en la Corte Suprema.

El Instituto de Derechos Humanos fue un festín, inventaron organizaciones brujas, se nombraron amiguis, y la Presidenta se auto designó en el directorio.

¿Y los DD.HH. en el Chile de hoy?, más de sesenta mapuches presos , sin las más mínimas garantías de un debido proceso, el subsecretario Rosende los estigmatiza por la prensa y luego el Ministerio Público les aplica en concordancia con el gobierno la Ley Antiterrorista dictada por Pinochet. Hay varios mapuches muertos por la represión. Matías Catrileo asesinado por carabineros por la espalda. El autor continúa en la institución, recibiendo el viático especial de los carabineros allí destinados, y es un guardián del orden público. Que no nos pille de espaldas.

¿Y  82% de apoyo? Muy simple, ese cohecho encubierto, que devalúa a nuestra ciudadanía, que no entrega derechos sino prebendas, por no decir limosnas, produce el efecto de agradecimiento personal, no la aprobación a la gestión gubernamental. Farkas también cultiva agradecimientos.

Nada de esa “popularidad” se traspasó a Freí pues era agradecimiento personal.

La orientación neoliberal del gobierno de Lagos no se alteró y se siguió adelante con las privatizaciones de cárceles y hospitales, nuestras riquezas naturales se las siguieron llevando gratis. El sueldo mínimo en miserables 165 mil pesos mensuales, en el país más caro de América Latina.

La última paletada

Cuando se planteó la renuncia de los presidentes de partido, más allá de la exigencia de ME-O, estas eran esperadas por la ciudadanía como una autocrítica, ruptura con  la soberbia  anterior, que indicara nuevos rumbos, la Presidenta salió en defensa de Camilo Escalona con lo cual le permitió algunas semanas más de gobierno partidario y alejo los votos de los que aún pensaban que la Concertación podía enmendar rumbos sin sufrir el escarnio de una derrota ante la derecha, cuyo verdadero rostro volveremos a ver desde el 11 de Marzo.

La presidenta Bachelet defraudó las expectativas de quienes la apoyaron, consolidó y profundizó el modelo neoliberal y tiene responsabilidad principal en la derrota, que se graficará cuando ella misma entregue a los herederos del pinochetismo la banda presidencial. Esa es su obra real, ni la protección social, ni género, esas son sus obras: la derrota y la división.

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