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Jóvenes y trabajo: juicios y prejuicios

por 29 enero 2010

La precariedad de la inserción laboral es la característica más notable en la relación de los jóvenes con el mercado del empleo: trabajos inestables, sin protección laboral y con bajos salarios.

A propósito de  la idea de bajar el sueldo mínimo a los jóvenes, para incorporarlos al mercado laboral, quisiera hacer algunas reflexiones.

La tasa de desempleo juvenil en Chile es 3,2 veces más alta que la tasa de los adultos. La Encuesta Casen 2006 mostró que el sueldo promedio del tramo de edad entre 15 y 29 años era de $212.014, mientras que el salario promedio de la población general era de $309.501. Además, un 79% de los entrevistados perciben que los empleadores no respetan sus derechos laborales.

Un reciente estudio de Corporación Genera contribuye desde una nueva perspectiva a la comprensión de la situación laboral de los y las jóvenes en Chile, aporte de gran importancia dado el dinamismo y el peso social, cultural, económico y demográfico que representan los y las jóvenes en Chile

La precariedad de la inserción laboral es la característica más notable en la relación de los jóvenes con el mercado del  empleo: trabajos inestables, sin protección laboral y con bajos salarios.

Según su estudio “Jóvenes y trabajo: juicios y prejuicios” un 58% de los encuestados piensa que “los jóvenes son flojos en el trabajo”. En tanto, un  50% cree que los jóvenes de buenos colegios son mejores en el trabajo.

Los resultados de esta investigación son un reflejo de la “escandalosa” desigualdad nacional, aplicada, en este caso sobre los jóvenes en el trabajo –sobre todo a los jóvenes de menores ingresos-;  la falta de una estrategia y de políticas adecuadas hacia ellos y  la invisibilidad de sus temas en la esfera política.

El aporte de este trabajo es señalar que la vigencia de los derechos laborales no se agota en lo meramente laboral: para entender el desempleo, los  abusos y las discriminaciones es necesario ir más allá de la relación entre empleador y empleado y buscar las  condicionantes sociales y culturales instaladas en el “sentido común” que permiten aceptar como naturales prácticas abusivas hacia ellos en el mundo laboral.

Sus  resultados constituyen un gran aporte para reorientar las actuales  políticas públicas, actualmente dirigidas a reducir el desempleo juvenil por  sobre otros aspectos del Trabajo Decente en Chile como lo es la calidad del empleo.

Es el “Trabajo Digno” (“Decente” según la OIT) en la enseñanza social de la Iglesia, el concepto que exige que hombres y mujeres tengan trabajos dignos y productivos, de calidad aceptable y con cierta estabilidad laboral.

La precariedad de la inserción laboral es la característica más notable en la relación de los jóvenes con el mercado del  empleo: trabajos inestables, sin protección laboral y con bajos salarios. Jóvenes que se ven compelidos a trabajos informales y ocasionales, ubicados en el extremo más deteriorado del mercado laboral: determinada además por variables como pobreza, género, raza, baja escolaridad, entre otras.

Por lo mismo, parece urgente delinear una estrategia de políticas públicas que aborde los problemas de los y las jóvenes en el trabajo de manera integral. Esto implica ir más allá del fomento al empleo, asumiendo que los y las jóvenes tienen características especiales tanto respecto de su ingreso al mercado laboral, como respecto a su potencial desempeño en él.

Los jóvenes tienen una alta valoración del trabajo como espacio para el desarrollo de la identidad e integración a la sociedad. Pero experimentan en la práctica la frustración, porque el trabajo se les presenta como un espacio donde se aprende poco, se reciben malos tratos y no hay mecanismos de protección, ni proximidad con las asociaciones de trabajadores.

Esta nueva mirada sobre nuestros jóvenes y el trabajo es necesario no sólo para los responsables de las políticas públicas relativas al trabajo sino también para las instituciones educacionales, las organizaciones y dirigencias sindicales, pues, como bien lo señala el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, Nº 289:  “La capacidad propulsora de una sociedad orientada hacia el bien común y proyectada hacia el futuro se mide también, y sobre todo, a partir de las perspectivas de trabajo que puede ofrecer.

El alto índice de desempleo, la presencia de sistemas de instrucción obsoletos y la persistencia de dificultades para acceder a la formación y al mercado del trabajo constituyen para muchos, sobre todo jóvenes, un grave obstáculo en el camino de la realización humana y profesional”.

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