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Respuesta al padre Berríos

por 31 enero 2010

Si el padre Berríos y la Fundación que dirige reciben aportes de empresas como Barrick Gold, Arauco, Anglo American y Minera Los Pelambres, es legítimo preguntarse como se transparentan los montos de estas donaciones y si hay un código de ética asociado.

El padre Felipe Berríos, reconocido por su aporte al país con la creación de la Fundación Un Techo para Chile, sorprendió al hacer una férrea defensa de la construcción de cinco represas en la Patagonia, propuesta de HidroAysén -alianza entre Colbún y Endesa-, y atacando frontalmente a la coalición ciudadana que conforma el colectivo Patagonia Sin Represas.

Las personas y organizaciones  que conformamos la Campaña Patagonia Sin Represas no podemos más que lamentar estas declaraciones, más aún cuando provienen de un representante de la iglesia y destacado líder de opinión, pues develan un profundo desconocimiento de la relación entre los problemas ambientales y sociales, además de presentar una visión sesgada de las cosas. Estas opiniones dan muestras de una  posición ideológica, más que una adecuada ponderación de la situación.

Si el padre Berríos y la Fundación que dirige reciben aportes de empresas como Barrick Gold, Arauco, Anglo American y Minera Los Pelambres, es legítimo preguntarse como se transparentan los montos de estas donaciones y si hay un código de ética asociado.

El desconocimiento sobre la relación directa e ineludible entre lo ambiental y lo social en las sociedades modernas ha caracterizado a sectores empresariales e incluso a ciertos gobiernos, pero dirigentes de organizaciones que se comprometen con temas sociales y de pobreza deberían reconocer la importancia de este vínculo, que ha sido puesto en el debate internacional por organizaciones como Naciones Unidas, PNUD (Informe de Desarrollo Humano), Unesco, PNUMA, FAO, además de ONG’s de prestigio mundial como Oxfam, Caritas, UICN, Amigos de la Tierra, etc. Estos organismos internacionales han proporcionado pautas para reorientar el desarrollo, con el propósito de que sea más armónico social y ambientalmente. Por ello resulta penoso que un integrante de la iglesia desconozca información tan relevante para el desarrollo de su trabajo.

En contraste, una práctica frecuente de los grandes conglomerados empresariales es socializar las pérdidas y privatizar las ganancias. Por más que intenten mostrar una imagen socialmente sensible, e incluso aporten fondos a fundaciones como Un Techo Para Chile, estos fondos representan una mínima fracción de lo que en rigor les correspondería gastar si fueran verdaderamente responsables social y ambientalmente.

La construcción de represas en la Patagonia chilena implicaría impactos no sólo ambientales sino también en el ámbito social, pues repercutirían en la pérdida de oportunidades para el desarrollo de actividades económicas locales que son más rentables y que generan un mayor número de empleos, pueden elevar la calidad de vida de las personas y son menos dañinas para el medio ambiente.

La estrecha relación entre problemas sociales y ambientales salta a la vista a través de numerosos ejemplos en todo el mundo, tales como conflictos por el acceso al agua, contaminación, acceso a alimentos, etc. En relación a Chile, se pueden mencionar numerosas situaciones que al parecer el padre Berríos desconoce, tales como la situación de la industria salmonera, que tuvo un explosivo crecimiento en las últimas décadas en el sur del país. Sin embargo, el mal manejo ambiental de la industria desembocó en una crisis sanitaria a través de la expansión de una epidemia de virus ISA, que diezmó la producción y provocó, a su vez, el despido masivo de trabajadores del sector, generando una crisis social, especialmente en la Región de los Lagos. En este caso, la industria y el gobierno se han caracterizado por una falta de visión y una estrecha colaboración, en desmedro de las personas y el medio ambiente.

Es el caso también de la contaminación atmosférica en distintos puntos del país, en los que procesos productivos de termoeléctricas y mineras emiten contaminantes que son respirados por el conjunto de la población, enfermándola de diversas patologías. Las empresas se niegan a elevar sus estándares ambientales esgrimiendo diversos argumentos, de manera que en la práctica eluden su responsabilidad en relación a la salud de la población y traspasan este costo al estado y a las personas.

Otro caso comparable es el de la explotación minera de Pascua Lama, en el norte de Chile, que sólo en su fase de exploración destruyó valiosos glaciares milenarios y amenaza con dejar sin agua, en pocos años más, a las comunidades y a los agricultores del valle del Huasco. Allí, la empresa canadiense Barrick Gold –que figura entre las firmas que colaboran con la Fundación que preside el padre Berríos-, consiguió todos las autorizaciones necesarias para la explotación de oro y plata, utilizando para ello el agua de la región, en detrimento de las necesidades locales.

También merece atención la actuación de Celulosa Arauco, otra donante de Un Techo Para Chile, que en las localidades de Mehuín y Missisipi “sensibilizó” a través de  un sistema de pago a una parte de la comunidad para que permitieran la realización del estudio de impacto ambiental de obras que evidentemente afectarán su calidad de vida. Esta manera de actuar destruyó un valioso tejido social en esas localidades.

El caso de HidroAysén no es muy distinto. Endesa ha estado presente en la zona desde el año 2006, distribuyendo cuadernos en los colegios (en los que incluían mensajes que destacaban las supuestas virtudes del proyecto) y más tarde ha implementado un sistema de aportes, concursos, premios u otros, canalizados a través de los municipios o clubes deportivos locales, con lo que han intentado dar una imagen de compromiso social cuando, en el fondo, lo que buscan es desmovilizar a la ciudadanía. Ante ello, es necesario preguntarse, ¿por qué esta u otras empresas no hacen estas obras en zonas donde no tienen interés por desarrollar proyectos? ¿Por qué, si realmente buscan hacer un aporte al país a nivel local, no crean un fondo de beneficencia que ayude a los más necesitados del país, sin importar donde estén ubicados? O mejor aún, ¿por qué no simplemente cumplen con los mejores estándares ambientales y sociales?

Si el padre Berríos y la Fundación que dirige reciben aportes de empresas como Barrick Gold, Arauco, Anglo American y Minera Los Pelambres, es legítimo preguntarse como se transparentan los montos de estas donaciones y si hay un código de ética asociado (como tiene, por ejemplo, la organización “Médicos sin fronteras”).

Finalmente, en relación a la generación eléctrica que propone HidroAysén, sería importante informar al padre Berríos que existen estudios técnicos que se han dedicado a analizar este tema con la mayor rigurosidad. Las organizaciones comprometidas en la campaña Patagonia Sin Represas hemos hecho un tremendo esfuerzo no sólo para generar una campaña comunicacional que sensibilicen al país, sino para generar estudios que demuestren que las represas en la Patagonia no son necesarias, y que si HidroAysén no se hace, Chile no se quedará sin luz.

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