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Giro a la izquierda

por 4 febrero 2010

Con el triunfo de Sebastián Piñera, se ha hecho un lugar común decir que “Chile se derechizó”, y han salido al ruedo múltiples explicaciones “sociológicas” del fenómeno: que los emergentes, que los aspiracionales, que la ineficiencia del Estado, que las nuevas tecnologías. Tal fenómeno, sin embargo, no existe. Al revés: a la luz de lo que fue la campaña 2009, “Chile se izquierdizó”; o más exactamente, se centro – izquierdizó.

La campaña reciente, en efecto, se desplegó en el campo ideológico y programático de la centro - izquierda. Miremos lo que hizo la Alianza. Algo ya había ya ocurrido el 2005, pero en esta ocasión llegó al extremo, con el desplazamiento de sus líderes ligados al ancienne régime por uno que estuvo en contra de éste, y que se preocupó en la campaña de sacar del baúl de los recuerdos sus credenciales anti - pinochetistas, y de mimetizarse con el discurso histórico de la centro - izquierda: protección social, extensión de las regulaciones, ampliación de los derechos de las minorías, etc. De este modo, si en los años noventa del siglo pasado las campañas electorales se desenvolvieron en el campo ideológico de la derecha, con una Concertación dando garantías que no arrasaría con el equilibrio fiscal, ni ahogaría la libertad de elegir, ni restringiría el consumo –en otras palabras, que no haría trizas el tipo de capitalismo instaurado bajo Pinochet–, ahora lo hicieron en el terreno de la centro – izquierda.

Marco Enríquez – Ominami, por su parte, quien partió como la figura de una izquierda rebelde o “díscola”, en el curso de la campaña se fue inclinando hacia el centro, con el fin de ampliar su base electoral. Así, al final terminó presentándose como un candidato híbrido que se situaba “más allá” de las divisiones entre izquierdas y derechas propias de un pasado que él prometía dejar atrás. Por el lado de la izquierda articulada en torno al Partido Comunista, ella eligió el 2009 al candidato más moderado que ha tenido desde 1989, Jorge Arrate, quien hizo propuestas que cabían perfectamente en el campo programático de la Concertación. En suma, en las recientes elecciones no hubo candidaturas ni de izquierda ni de derecha: todas convergieron en la centro – izquierda; un campo que hasta entonces había sido monopolio de la Concertación.

El Partido Comunista se alió con la Concertación para entrar al Parlamento. Y lo logró, por primera vez desde el retorno de la democracia. En la arena legislativa, es probable que el peso simbólico del PC sea muy superior a su número de congresistas, por la influencia que tendrá sobre los parlamentarios de la Concertación, en especial del PS y PPD, así como por su capacidad para servir de articuladores entre las movilizaciones sociales y el sistema político. Se sumará a esto una Concertación en la oposición, que buscará refugiarse en el mundo social, laboral y sindical, donde volverá a competir mano a mano con el PC, que ha sido su adversario histórico en este mundo. El resultado de todo esto será una mucho mayor conexión entre las movilizaciones sociales y el sistema político, lo que implica revertir la tendencia que ha dominado en las últimas dos décadas. Todas éstas son señales de un giro a la centro – izquierda, no a la derecha.

Curiosa situación. Las chilenas y chilenos eligieron un Presidente de derechas, pero para realizar políticas de izquierdas. Lo que no es nuevo: lo mismo hicieron con la Concertación a comienzos de los noventa, pero en el sentido inverso. ¿No habrá en esto, acaso, una secreta sabiduría de los electores?

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