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No man´s land

por 4 marzo 2010

La falta o derechamente errada información y su adecuada distribución por las propias autoridades públicas, parece ser otro déficit que se añade a este caos.

El terremoto de oceánica potencia de la madrugada del sábado nos sacó de nuestra ensoñación de sociedad perfecta de camino al cielo. Muchos y me incluyo, creíamos que a pesar de la intensidad del sismo que suponíamos había causado graves descalabros, nuestro país a través del funcionamiento de sus instituciones estaba en condiciones de efectuar un rápido control de daños y en un santiamén nos abocaríamos a la reconstrucción en forma ordenada, solidaria y coordinada- pero, finalmente los perjuicios parecen haber sido muchísimo mayores a las prospecciones más fatalistas – y el orden, solidaridad y coordinación, una ilusión más.

A las víctimas directas: muertos de toda edad, desaparecidos, heridos y damnificados, ha seguido la victimización secundaria de estos, que han debido esperar ayuda durante varios días, sin información, sin conducción ni resguardo y, lo que es peor, sin alimentos, sin agua y sin electricidad, profundizando su estado de completa incertidumbre sobre lo que ocurrirá con ellos y sin la presencia pública de una autoridad que ellos esperaban, los guardara.

La falta o derechamente errada información y su adecuada distribución por las propias autoridades públicas, parece ser otro déficit que se añade a este caos.

Este estado de necesidad, -frente a la ausencia manifiesta de la autoridad pública-, ha llevado a algunos a tomar la poco razonada determinación de procurarse alimentos y enseres de primera necesidad por sí mismos, al margen de toda legalidad y con el riesgo cierto de validar y legitimar ese proceder, que a lo más, puede ser comprendido dentro del marco de extrema emergencia. Azuzando a los afectados, la delincuencia organizada ha reaccionado con extrema eficacia y ha liderado las acciones de saqueo y pillaje que se han verificado en prácticamente todas las zonas afectadas.

Este proceder de la delincuencia organizada no es nuevo y comienza a ser una constante, que como hemos sostenido en otras ocasiones, ya ha pasado de la etapa predatoria para comenzar a tener una presencia válida ante los desesperados y menesterosos, que como en esta ocasión, terminan por sumarse y validar los designios de aquellos, en desmedro, ya no sólo de la propiedad privada, sino que, de la autoridad pública incapaz de ejercer la soberanía para la que fueron mandatados.

A todo lo anterior, la falta o derechamente errada información y su adecuada distribución por las propias autoridades públicas, parece ser otro déficit que se añade a este caos, pues como todos hemos podido apreciar, existen fuertes contradicciones entre las versiones de las autoridades políticas de alto rango y las organizaciones ejecutoras, como ya ha ocurrido con las encontradas versiones entre el Ministro de Defensa y la Onemi y el Servicios Hidrográfico y Oceanográfico de la Armada, respecto de la alarma de tsunami; o, sobre el Estado de las carreteras entre el Ministro de Obras Públicas y el portavoz de las concesionarias que las administran; o, el silencio constante entre los encargados del orden y la seguridad pública, que se esfuerzan por transmitir normalidad, en tanto que por lo medios de comunicación, especialmente la radio y la televisión, nos enteramos sobre los graves problemas de orden y seguridad que asolan diversas ciudades del país generando incertidumbre y un temor cerval a ser víctimas de las actividades delictuales, que es otro baldón sobre una ya castigada población; y, peor aún, en  respuesta  a ello, una sociedad que espontáneamente trata de armarse y protegerse creando cuerpos de autodefensa vecinal o barrial, una vez más, al margen de la autoridad. Nada nos parece socialmente más peligroso que el espontaneísmo y el terror subrogándose en el rol de aquella.

Por su parte, reconociendo que hemos sufrido una enorme catástrofe, parece ser que los servicios de suministros de luz, agua, gas, internet y otros, no se encuentran a la altura de la realidad de un país sísmico como Chile y han manifestado en esta emergencia toda su precariedad y un alto grado de improvisación en las acciones emprendidas para regularizar sus servicios. Es así como unos niños cerca de mi casa cantaban con cierta inocencia y mucha sorna el día de ayer: “no queremos pan, queremos luz; queremos a Lucerito y electricidad.”

Finalmente, en un acto que retrata la profunda orfandad en que se encuentra el aparato público, la principal autoridad del país, ha llamado a  Don Francisco que representa el símbolo de la organización de la solidaridad pública, para que venga a sus 70 años a ordenar el asistencialismo que garantice la reconstrucción. Esto me recuerda la serie de Gotham City: No Man’s Land, donde Batman, el vigilante, es el único que puede salvar la City de una hecatombe natural y social.

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