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A propósito de los saqueos

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La advertencia de republicanos como Camilo Henríquez y Juan Egaña

por 5 marzo 2010

La advertencia de  republicanos como Camilo Henríquez y Juan Egaña
Qué decirle al Intendente de Concepción quien nos dice que no estaba preparado para los saqueos dirigidos por personas conduciendo “cuatro por cuatro”. Mi amigo y mi padre los vieron. Filas de autos saqueando. ¿Por qué esos conductores no se fueron a poner a disposición de la Intendencia o de la Municipalidad para ayudar al compatriota?

Recibo un correo electrónico de la provincia de Concepción. Es un abogado quien escribe a sus compañeros de generación. “Ayer nos reuníamos para salir a tomar un copete a algún pub o casino.  Hoy día damos gracias a Dios por tomar un vaso de agua, sin cuestionar su origen”. Tras describir sus tres horas haciendo cola en la villa para comprar lo que se pueda, recuerda como dos centros comerciales fueron saqueados. “De manera completa, metódica y absoluta.  A plena luz del día.  Todo, se llevaron hasta las mascotas de la tienda.  Todo”. En el centro mismo de la capital regional le “tocó asistir, a plena luz del día, al saqueo de tiendas de golosinas (distribuidoras), supermercados, tiendas de muebles, bodegas de Ripley, Falabella, y otras, con personas de toda clase social, con tantos vehículos que cortaron el tránsito en calle Los Carrera, en sus seis pistas”.

Un igualitarista de los albores de la república chilena no dudaría en decirle a mi amigo  que lo que relata es fruto maldito de las desigualdades existentes en Chile. Santiago Arcos le diría que cuando la ley no garantiza la justicia y no refrena el abuso de los poderosos, los pobres se rebelarán apenas puedan,  imponiendo su “anarquía”. Ello llevará a los ricos a imponer su “estado de sitio”… hasta la próxima revuelta.

Camilo Henríquez diría que “estamos condenados a ser esclavos eternamente”. No hay república sin republicanos y no hay libertad sin hacer lo que se necesita para ser libres.

Sin embargo, mi amigo abogado es hijo de la tradición republicana chilena y sólo coincidiría en parte con Don Santiago. Los republicanos, tanto los que hicieron su hogar en el bando conservador como los más radicales, no estarían plenamente conforme con la explicación de Arcos. Es cierto que cuando los débiles no están bien protegidos por la fuerza pública, cunde la infelicidad y la indiferencia por el bien común. Sí, pero qué decirle al Intendente de Concepción quien nos dice que no estaba preparado para los saqueos dirigidos por personas conduciendo “cuatro por cuatro”. Mi amigo y mi padre los vieron. Filas de autos saqueando. ¿Por qué esos conductores no se fueron a poner a disposición de la Intendencia o de la Municipalidad para ayudar al compatriota? Pues los republicanos saben que siempre y en cualquier lugar debe amarse la patria. Ella es la libertad y las leyes, diría don Juan Egaña. Virtud pública que nos llama a realizar esa “disposición generosa de sacrificar su interés personal al interés universal del pueblo”.

Amar a Chile es fácil cuando se es acomodado y se vive en circunstancias de normalidad. Lo difícil es cuando se es pobre o caído el Estado de Derecho, surge el miedo a perderlo todo. Pues lo difícil es hacer valer la libertad del republicano frente al aspirante a tirano, sea uno en el palacio de gobierno o miles en las calles. Patriotismo de los jueces, carabineros, soldados y funcionarios públicos que hacen hoy triunfar la ley, apresan al perturbador de  la quietud cívica y reponen el orden público. Patriotismo de esos vecinos de mis ancianas tías que venciendo el miedo, partieron a ayudarlas. Patriotismo de esas paramédicos, doctoras y enfermeras que cruzaron a pie el puente sobre el Bío Bío para ir a atender a sus enfermos, para no dejarlos desamparados; dejando solas sus casas. Patriotismo del médico que en bicicleta sabía muy bien en qué consistía su deber. Patriotismo de esos jóvenes voluntarios que salieron a recoger alimentos no para ellos, sino que para los otros. Patriotismo de los comunicadores sociales que no infundían alarma ni rabia, sino que tranquilidad y solidaridad. Patriotismo de esos bomberos, voluntarios por cierto, que arriesgan aún su vida escarbando escombros en busca de esperanza. Patriotismo de esa mujer que lloraba avergonzada ante el conductor de televisión diciendo que ella y su hija tenían necesidad, pero que no participarían en ningún saqueo. Patriotas que no tenían que esperar ayuda de nadie ni recibir instrucciones de ninguna autoridad para cumplir con su deber.

Sin esos patriotas, Camilo Henríquez diría que “estamos condenados a ser esclavos eternamente”. No hay república sin republicanos y no hay libertad sin hacer lo que se necesita para ser libres.  Eso es los que los republicanos llaman patriotismo. A Dios gracias eso también ha existido anónimamente, todos estos angustiosos días, en la provincia de Concepción y en Chile entero.

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