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Abogada del Diablo

por 9 marzo 2010

Dicen que los seres humanos son hijos de sus circunstancias, pues entonces hay que humanizar esas circunstancias. ¿O piensan que casas, sueldos, educación, sistema de salud, son dignos?

“El diablo dice la verdad más a menudo de lo que creemos, pero tiene un auditorio ignorante…”. Lord Bayron.

Hace ya varios años que veo con estupor y miedo lo que se le hace a nuestra clase trabajadora. Cada vez que paso por sus barrios (po-bla-cio-nes ¡perdón!, los barrios son de la clase media pa`rriba) y presencio su forma de vida, no puedo comprender tanta sumisión, tanto silencio.

Me parece bastante aburrido tener que recordarles a los que leen estas líneas (porque estoy segura de que lo saben) el sinnúmero de vejaciones a las cuales tenemos sometida a nuestra clase obrera. Pero evidentemente nos hacemos los “suecos” con el tema.

Dicen que los seres humanos son hijos de sus circunstancias, pues entonces hay que humanizar esas circunstancias. ¿O piensan que casas, sueldos, educación, sistema de salud, son dignos?

Vamos a cerrar los ojitos e imaginarnos a una familia de nueve personas viviendo en una casa de 50 m2, niños, ancianos, adultos y adolescentes. A uno de estos niños le pondremos sexo femenino. Esta mujercita, que creció lejos de su madre (pues ésta es nana de otros niños) queda tempranamente embarazada (ni hablar de la píldora del día después, porque es cara y sólo está disponible para las niñas de buen nacer), tratando de terminar su cuarto medio con infinidad de dificultades. ¿Para qué? Pues para aspirar a trabajos un poco mejores que el de su madre, aunque no mejor pagados: por ejemplo, como “cajera de supermercado”.

Eso sí, no podemos olvidar que estas cajeras, para ganar un poco más que el sueldo mínimo, necesitan estar sentadas por extensas jornadas, pasando y cobrando mercadería, porque les pagan por cantidad de dinero en sus cajas (comisión). No se levantan ni para ir al baño (¿la solución?... ¡pañales para adulto!). ¡Como que me entere que esta rotita se está meando mientras toca mis delicatessen!

Estoy tan irritada por el modo de referirse  a esta gente (siiiii…flaite, rotitos, etc.), me molesta tanto o más que verlos con la secadora a cuestas.

No estoy justificando el comportamiento delictivo que tuvieron algunos, pero ¿Qué esperaban? ¿Se sienten engañados? ¿Jamás se lo habrían imaginado? ¿Creían que vivían en Suiza o Dinamarca? Nooooo señores, esto es Chile, uno de los países con una de las brechas más grandes entre ricos y pobres. Ah! ya sé…, les dio vergüenza que esas imágenes salieran en todo el mundo, que todos se enteraran  de la calaña que es nuestra gente, ¡atroz!

Dicen que los seres humanos son hijos de sus circunstancias, pues entonces hay que humanizar esas circunstancias. ¿O piensan que casas, sueldos, educación, sistema de salud, son dignos? A mí no solo me parecen indignos sino que indignantes.

Lo que ocurrió en este terremoto es que, cual bisturí quirúrgico, abrió la realidad desde el esternón hasta la ingle y salieron desparramados los intestinos calientes y pulposos e infinitamente más pestilentes de lo que nos habíamos imaginado. Con un corte limpio y continuo se nos expuso el repugnante espectáculo. Pero tranquilizaos mis tiritones compañeros, ya vendrá lo que llaman “normalidad” y como buen cirujano, retornará esta masa descontrolada y resbaladiza a su zona contenedora, sus poblaciones, sus estrechas casas y sus miserias. Zurcirá y no quedará más que una cicatriz como recuerdo de lo visto y vivido…  lo que realmente somos.

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