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Piñera, entre la crisis y la insignificancia

por 12 marzo 2010

Piñera, entre la crisis y la insignificancia
Para que se entienda bien y directo. Piñera en su praxis, o hace administración o hace política. Así de simple. Si lo pensamos desde las ciencias sociales diremos, o Piñera se concentra en la idea de crisis o Piñera se concentra en la idea de insignificancia. Si se concentra en lo primero se transformará en un producto desechable como desechable se transformó Frei y Lagos; o se trasformará en un producto “telegénico” como Bachelet, la primera mujer presidente.

¿Dónde concentrará la praxis el nuevo Presidente con su Gabinete? ¿Qué harán los Larraín, los Lavín, los Kast (¿Kast Marx?) o los Bulnes orientados por Piñera? No tiene muchas opciones. Diremos, sólo dos. Y elegirá mal como mal eligieron los gobiernos de la Concertación. Ambos procesos, llamémoslos así, el antiguo régimen y el nuevo régimen que recién comienza, ya perdieron su sentido el día que decidieron decir lo mismo. ¿Lo mismo de qué? Lo mismo que dijera el más decisivo –y no decimos, valioso o necesario- político del Chile del siglo XX, Pinochet; pues Pinochet hace tiempo que dejó de ser una persona concreta y ya significa un concepto, un ethos, una economía y un horizonte de comprensión política. Hace tiempo que comprendimos que estar en contra de la dictadura no significa estar simplemente en contra de una persona y menos haber votado NO en un plebiscito. No es que no se pueda estar en contra, así como que no se pueda decir algo distinto de lo mismo. Se puede, pero no permite ni ganar elecciones ni menos, en estas circunstancias, gobernar.

¿Cuáles son esas dos opciones? Antes, agreguemos que la mala elección de Piñera, tendrá para él tintes dramáticos. Pensemos. Después de todos estos años de verlo y escucharlo en todos los medios, después de conocerlo tanto como lo conocemos, Piñera ¿querrá pasar a la historia, Le Grand Histoire decimos y no simplemente la Petite, asegurada por las portadas en los diarios, o peor, asegurada por las encuestas de opinión, como quién? ¿Como Aylwin, como Alessandri? Claramente no, querrá que su apellido diga un modo de gobernar en el sentido más potente, como cuando decimos Napoleón, Clemenceau, Churchill. No podrá.

La idea de insignificancia es también la intuición –la palabra lo dice- de que da lo mismo la política, pues la cultura y devenir expresivo van por otro camino.

Para que se entienda bien y directo. Piñera en su praxis, o hace administración o hace política. Así de simple. Si lo pensamos desde las ciencias sociales diremos, o Piñera se concentra en la idea de crisis o Piñera se concentra en la idea de insignificancia. Si se concentra en lo primero se transformará en un producto desechable como desechable se transformó Frei y Lagos; o se trasformará en un producto “telegénico” como Bachelet, la primera mujer presidente. Porque administrando la crisis y haciendo una excelente gestión no resolverá el problema de fondo de nuestra sociedad desplegada en un ethos pinochetista, entregada a lo que disgrega, divide, y crea las condiciones, por ejemplo, para el último saqueo transversal post terremoto del que hemos sido o testigos o víctimas. Pues bien, esto hará Piñera. Su preocupación fundamental –con y sin terremoto- es la gestión, la administración, la producción, el crecimiento.

La idea de insignificancia, ampliamente tratada por Zygmunt Bauman y Cornelius Castoriadis, aparece cuando en las sociedades liberales la disputa entre la derecha y la izquierda pierde su sentido; cuando la izquierda decidió hacer esta micropolítica de la administración; cuando el marketing se transforma en el mejor medio para mantenerse en el poder; cuando el arte, la filosofía y la literatura van en esta misma dirección. La idea de insignificancia es una forma de enunciar el hecho de que a las sociedades envueltas en esta especie de fin de la historia declinada como liberal, les acontece la inercia política y lo que es peor la inercia del pensamiento. Pues todo se reduce a calcular los mejores medios solo para algunos fines. Sin discutir, claro está, esos fines. La idea de insignificancia es también la intuición –la palabra lo dice- de que da lo mismo la política, pues la cultura y devenir expresivo van por otro camino. La intuición de que ejercer la ciudadanía por el voto es una perdida de tiempo o la participación de un gran reality show. Pues bien, quien afronte los desafíos de la insignificancia, afronta los desafíos de la gran política y por qué no decirlo de la Grand Histoire.

¿Piñera y su gabinete? No se meterán a transformar el paradigma socio-político ni menos el modelo antropo-económico. Pasarán la lista de asistencia de la buena gestión con un ¡presente! Y dará lo mismo. Pues lo que verdaderamente importa –lo vimos claramente después del terremoto: nuestra sociedad chilena está rota en pedazos- no es tema para viejos políticos. Por lo tanto, qué alegría la austeridad en el cambio de gobierno.

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