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La agenda que espera al Panzer

por 25 marzo 2010

No obstante los esfuerzos de sectores conservadores del continente por impedir su reelección, el Secretario General de la OEA obtuvo por unanimidad la renovación de su mandato por otros cinco años más. Estos sectores, como sabemos, no le perdonan a Insulza el aislamiento que vivió el régimen de facto de Micheletti en Honduras, el levantamiento de las sanciones que impedían el retorno de Cuba al sistema interamericano (la derogación de la resolución de 1962), y la reticencia del Secretario General a entrar en una pugna abierta con la Venezuela de Hugo Chávez. Pero en estos tres casos, Insulza, más allá de sus preferencias personales, no hizo sino seguir las posturas ampliamente mayoritarias del continente, y también respetar las limitaciones que le impone la actual normativa al Secretario General, para intervenir en diversas situaciones de conflicto en el hemisferio. Por ello, su reelección nunca estuvo en riesgo, al contar desde casi un comienzo del proceso con el apoyo mayoritario de los países de la UNASUR y del CARICOM.

Como impedir que países del ALBA abandonen la organización, buscando levantar otros foros alternativos, y como avanzar en el conjunto de otras tareas apelando a la necesaria coexistencia e intereses comunes

Pero Insulza quería y necesitaba algo más: ser reelecto por unanimidad, y sobretodo, con el apoyo de Estados Unidos, y también del nuevo gobierno chileno encabezado por Sebastián Piñera. De aquí entonces, los importantes gestos realizados en las últimas semanas, plasmados tanto en encuentros bilaterales, como también en el importante discurso efectuado el pasado 3 de marzo, donde Insulza presenta formalmente su propuesta para la reelección. Entre aquellos puntos que el Secretario General destacó, y que claramente estaban dirigidos a aquellos actores que tenían ciertas reticencias a su reelección, están por ejemplo, la necesidad de acciones anticipativas para enfrentar amenazas graves a la democracia, y también relevar la importancia del ejercicio democrático del poder, una vez que se ha alcanzado el gobierno. De hecho, Insulza recuerda en su discurso que fue el primero en señalar hace ya años, “que no basta ser elegido democráticamente, que hay que gobernar también democráticamente”, agregando que ello está en la esencia de la Carta Democrática Interamericana. Además, recordó que a diferencia del pasado, a la OEA se le pueden criticar muchas cosas, pero hoy está presente en la resolución de casi todas las situaciones de conflicto en el hemisferio. Con estos planteamientos, y con un apoyo mayoritario ya asegurado, la administración Obama finalmente endosó la reelección de Insulza para un nuevo período al mando de este organismo. Ahora, hay muchos que se preguntan por la utilidad de la OEA en el actual escenario regional y hemisférico. Que duda cabe: la región enfrenta hoy un escenario complejo de polarización dentro, y entre países, una baja densidad democrática en la mayoría de ellos,  instituciones débiles,  grandes desigualdades y fragmentación sociales, y amenazas crecientes que provienen de fuentes no convencionales a la seguridad. La OEA, al igual que cualquier organismo internacional, depende finalmente, de la voluntad de sus miembros integrantes, especialmente de aquellos que tienen mayor poder y gravitación internacional. Por otra parte, todos los grandes temas de la actual agenda hemisférica, dado el carácter interdependiente que tienen, requieren de más cooperación y esfuerzos concertados. Y un espacio de diálogo multilateral y regulado con Estados Unidos siempre es necesario, y muchas veces indispensable. La Secretaría General puede proponer, inducir, incentivar, ejercer lo que el académico Joseph Nye llamó el “poder blando” en las relaciones internacionales, y esto, como todos reconocen, Insulza lo sabe hacer muy bien (en la reelección por unanimidad, hay un reconocimiento tácito a esto) . Pero le esperan grandes desafíos: como hacer un uso más eficaz y preventivo de la Carta Democrática Interamericana en situaciones de crisis, como impedir que países del ALBA abandonen la organización, buscando levantar otros foros alternativos, y como avanzar en el conjunto de otras tareas apelando a la necesaria coexistencia e intereses comunes, en un continente sin embargo, dividido y polarizado. No parece una labor fácil, y probablemente habrá logros más modestos de lo esperado. Pero ¿sería mejor un hemisferio sin un organismo que facilita el diálogo, supervisa elecciones, contribuye en labores humanitarias y de desarrollo, y desempeña un papel central o de apoyo en la resolución de crisis internas y entre países? Obviamente, la respuesta es NO.

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