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Por el desierto

por 25 marzo 2010

Asumió Piñera y ya lleva algunas semanas al mando de la copia feliz del Edén. Todos pasamos un mal día ese 11M cuando se le hizo un reality en cadena nacional siguiéndolo 24 horas. Es más, algunos sufrimos malestares estomacales y esperamos expectantes que un remezón impidiera el cambio de banda. Sí, sólo de banda pues el mando en este país hace 40 años que no cambia.

Pero aparte de lo previsible y de lo vulgarmente obvio, nada escandaloso ha pasado: nombró un gabinete PUC de empresarios; esperó el mejor precio para vender sus acciones (lo que viniendo de él es casi una delicadeza pues realmente nunca pensé que las vendiera); premió a los candidatos al Congreso de la derecha que no consiguieron escaños por exceso de competencia, porque claro, si la Concertación lo hacía ¿por qué ellos no? y; para la reconstrucción de las zonas devastadas por el terremoto propuso subir los impuestos pero no toca a las grandes empresas pues ellas, en su infinita bondad, ya colaboraron en la Teletón.

Como se observa, nada que cualquiera con un mínimo de sentido común esperase, ha pasado aún.

Incluso los histéricos hoy están más calmos, pues claro, aún no pasa nada de lo que realmente los asustaba: no hay despidos masivos de funcionarios públicos, incluso en varios casos les ruegan que se queden. No hay cambios profundos en las políticas del Estado. Y no ha privatizado nada (como si algo quedara por privatizar). Aunque pensándolo bien, privatizar la ONEMI no sería tan descabellado, la licitaría baratísimo y la compraría él mismo.

Ver que en la Concertación no hay autocrítica, ni revisión de conductas, ni de decisiones, sino sólo errores, desaciertos, soberbia y acomodo, me hace pensar si seguirán creyendo que su único error fue el candidato.

Pero volvamos a los hechos. Lo del clima político enrarecido no es idea mía, es fácil de ver cuando por ejemplo uno se los encuentra -a los antes histéricos- . No sabe si su nerviosismo es por las réplicas sísmicas o por temor a estas réplicas políticas, que seguro igual vendrán.

Lo anterior no implica confiarse, todo lo contrario. Si Piñera ha hecho lo esperado y aún no lo temido es sólo porque lleva muy poco tiempo y recién está asimilando lo que implica administrar un Estado (aunque sea ínfimo como el nuestro).

Y cómo para que tenga las condiciones de desplegar en el Estado lo que ha hecho en todas sus empresas aún queda algo de tiempo y no podemos esperar pasivos hasta que eso ocurra, hay que analizar el resto de cosas que están pasando.

Ver que en la Concertación no hay autocrítica, ni revisión de conductas, ni de decisiones, sino sólo errores, desaciertos, soberbia y acomodo, me hace pensar si seguirán creyendo que su único error fue el candidato. Prefiero no subestimarlos.

En el país han pasado cosas importantes: un desastre natural ha desnudado los desastres humanos, sociales y culturales de nuestra sociedad; las placas subterráneas nos enrostran lo caricaturesco de nuestro ingreso a la OCDE y cual es el resultado de las políticas neoliberales; pero lo más terrible creo, es la indiferencia reinante y la nula mirada estructural de nuestros “líderes”.

¿No se dieron cuenta con esto que lo único que realmente tiene sentido es cambiar el modelo? ¿Querían diputados para colaborar con el gobierno de Piñera o para cambiar la institucionalidad y el modelo económico? Ver oportunidades -en casos como estos-, no se aplica sólo al pensamiento de derecha. Para la izquierda también se abre la posibilidad de encantar a la ciudadanía con un modelo alternativo que cultive valores distintos y con un Estado realmente capaz de protegerlos.

Son momentos para aglutinar a los descontentos y levantar con fuerza una alternativa. Es de sentido común.

Pero así las cosas a nuestro Sarkozy chilensis le espera un próspero gobierno y a nosotros un largo camino.

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