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Fusiones encubiertas

por 12 abril 2010

Desde 2006 existe una investigación en la Fiscalía Nacional Económica sobre una eventual fusión de Telefónica Chile y Movistar.

Los distintos servicios de telecomunicaciones como telefonía fija, móvil, radiodifusión o el extinto télex, requerían hasta hace algunos años de redes exclusivas para ser ofrecidos al público. Actualmente, en cambio, todos los servicios pueden ser provistos de manera integrada, a través de una misma red.

La integración es una consecuencia de la convergencia tecnológica, de suerte que hoy es posible que haya varias redes multiservicios compitiendo entre sí, pudiendo participar además redes que prestan un único servicio, o bien proveedores sin redes que prestan servicios a través de infraestructura ajena, previo pago.  Las telecomunicaciones dejaron de ser un monopolio natural y deberían constituir entonces un mercado con mínima regulación, como la mayoría de los mercados.

Desde 2006 existe una investigación en la Fiscalía Nacional Económica sobre una eventual fusión de Telefónica Chile y Movistar.

Pero la convergencia no solo está ocurriendo en el campo técnico, sino que también en el comercial. Por ejemplo, antes recibíamos distintas facturas de Telefónica Chile y sus filiales, según fueran de telefonía fija, larga distancia, telefonía móvil, banda ancha o televisión. Hoy, todas esas facturas dicen Movistar. Lo mismo está empezando a suceder con Entel y pronto veremos una sola marca para Télmex y Claro. Y la administración de las matrices y sus filiales también empieza a ser común. Sin embargo, estas formas de convergencia pueden dar lugar a fusiones encubiertas, ya que se están haciendo a espaldas del Orden Público Económico.

En efecto, aceptar estas fusiones sin los debidos resguardos puede poner en peligro la competencia, frenar el desarrollo del mercado e impedir el ingreso de nuevos operadores, ya que el actual marco regulatorio no está preparado para hacer frente a ellas, pese a que aparentemente están justificadas por la convergencia tecnológica.

Más aún, algunas de esas fusiones colisionan frontalmente con el actual marco regulatorio. Tal es el caso, por ejemplo, de los servicios de telefonía fija y de larga distancia, que desde 1994 y por mandato expreso de la Ley General de Telecomunicaciones (LGT) deben ser provistos por empresas que –pudiendo pertenecer a un dueño común– tienen que operar en forma totalmente separada. ¿Es razonable esta exigencia? Por cierto, ya que obedeció a un mandato de los organismos antimonopolios, recogido en la LGT, para proteger y fomentar la competencia en los servicios de larga distancia y evitar abusos de los operadores de telefonía fija con poder significativo de mercado. Esa exigencia fue un acierto y su espíritu ha de seguir primando en pro de la libre competencia.

Otro acierto data de 1996, cuando Telefónica Chile introdujo el servicio "Superteléfono Personal Móvil", respecto del cual la Comisión Resolutiva –actual Tribunal de Defensa de la Libre Competencia, TDLC– dictó la Resolución 483/1997 que sancionó a dicha empresa y recomendó modificar la LGT para que quienes deseen operar integrados en telefonía fija y móvil, lo hagan mediante empresas totalmente separadas, tal como se dispuso para el servicio de larga distancia.  Lamentablemente, esta recomendación no ha sido implementada y sigue pendiente.

Asimismo, desde 2006 existe una investigación en la Fiscalía Nacional Económica sobre una eventual fusión de Telefónica Chile y Movistar.

Es más, a comienzos de 2009 el TDLC emitió su Informe 2/2009, que liberó las principales tarifas a público de telefonía fija, y que al mismo tiempo recomendó que se prohíba el empaquetamiento de servicios de telefonía fija y móvil.

El regulador anterior poco hizo en esta materia. Confiamos en que la nueva administración se preocupará de las fusiones encubiertas, para evitar la disminución de la competencia y el estrangulamiento de márgenes de los operadores más pequeños, incluyendo los proveedores de aplicaciones sobre Internet.  No resulta improbable que esas fusiones –de aceptarse sin resguardos–, permitan más adelante que los principales operadores también se fusionen, con lo que el mercado abandonaría la senda del libre emprendimiento y regresaría al monopolio absoluto.

En lo inmediato es indispensable poner freno a las fusiones encubiertas, en tanto no se dicte una nueva regulación que reconozca la convergencia y que al mismo tiempo contenga resguardos competitivos, para que la cancha no se incline a favor de los principales operadores y en contra de los más pequeños. La convergencia es importante, que duda cabe, pero también hay un bien superior que proteger, que es la libre competencia.

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