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TVN en la mesa del pellejo

por 12 abril 2010

TVN en la mesa del pellejo
La pregunta sobre si la televisión debe ser utilizada para educar es totalmente inoficiosa. Toda comunicación es formativa y, por lo tanto, siempre está educando. Lo que tendríamos que preguntarnos es si actualmente está educando para bien o para mal.

Renuncia el director ejecutivo de Televisión Nacional. ¿Quién lo reemplazará? ¿Algún experto en farmacopea o astronomía que con los años contará con gracia a sus nietos el que, mire lo que son las cosas, trabajó en la tele durante un tiempo? Recordemos que alguna vez dicho cargo lo ejerció un veterinario, yerno del dictador, tal vez adecuado para la existencia bovina que se nos imponía. Esto en nuestro país nunca ha llamado a escándalo y ya es un procedimiento aceptado que esa designación, o los puestos en el directorio de Televisión Nacional y el Consejo Nacional de Televisión, sean algo así como la mesa del pellejo para correligionarios momentáneamente sin otros nichos aceptables.

Seguramente el nuevo administrador que llegue, sin conocimiento alguno sobre televisión – lo que se considera un detalle - pero políticamente correcto, dominará muy pronto la terminología del medio, hablará con soltura de la parrilla anual o audiencias cautivas y exhibirá orgulloso, como su mayor logro, el que TVN sea el único canal público en el mundo que se financia sin aporte alguno del Estado. Al precio de no ser un canal público, claro.

Recordemos que alguna vez dicho cargo lo ejerció un veterinario, yerno del dictador, tal vez adecuado para la existencia bovina que se nos imponía.

En la última campaña presidencial se habló, como era de esperar, de cuanto tema se pensó pudiera interesar a los votantes. Y entre ellos ocupó un lugar preponderante desde luego, remember the penguins, la educación. Hay consenso en que se debe reformar para que sea más igualitaria. Aunque nadie sabe cómo. Pero, al respecto, no recuerdo que se haya dicho una sola palabra sobre la televisión. Lo que me obliga a preguntar.

¿Cómo es posible que quienes se sienten llamados a dirigir el país, políticos y empresarios, ignoren la tremenda importancia de un medio que llega todos los días, a toda hora, con imagen y sonido, a todos los hogares del país? ¿Se imagina Ud. lo que habrían hecho con semejante instrumento los hombres de la ilustración que iniciaron el proceso educativo de nuestro país durante el siglo diecinueve? ¿Y no fue eso, justamente, lo que intentaron Jorge Alessandri y Frei Montalva al entregar la televisión a las universidades y posteriormente a un canal público?

La pregunta sobre si la televisión debe ser utilizada para educar es totalmente inoficiosa. Toda comunicación es formativa y, por lo tanto, siempre está educando. Lo que tendríamos que preguntarnos es si actualmente está educando para bien o para mal. Para el grito, la fugacidad y la frivolidad o el respeto, la diligencia y el raciocinio. Y esto, que atañe por razones obvias más directamente a Televisión Nacional, no puede ser enteramente ajeno a las demás estaciones que disfrutan la concesión de un bien escaso y de tanta influencia en la comunidad. Obviamente si llevan una credencial universitaria, pero también si hemos de dar crédito a la responsabilidad social de sus empresarios en los canales privados.

Curiosamente, la televisión replica hoy a nivel de toda la población el mismo desequilibrio que tanto lamentamos – al menos verbalmente – en la educación formal de las escuelas. Porque así como los colegios pagados ofrecen una mejor educación, la televisión pagada ofrece una mejor programación. Y el que no tiene dinero para pagar queda automáticamente en desventaja. Abundantes programas de excelente calidad sobre historia, obras de arte, adelantos científicos o la naturaleza, que ofrece el cable, no llegan justamente a quienes más los necesitan. Al 65% de la población que no tiene forma de acceder a ellos por otros medios.

Esos compatriotas que viven en poblaciones, aldeas o sectores rurales, sin la menor posibilidad de financiar estudios especiales, viajar o asistir a espectáculos de calidad, podrían entrar mañana mismo en contacto, gratis y en su propia casa gracias a la televisión abierta, con múltiples ámbitos de la cultura que hoy les están vedados. Porque para eso no se necesitan más medios, nuestra eterna excusa, ni tecnologías fuera de nuestro alcance. Basta una simple decisión política. La de utilizar la televisión, al menos la del Estado, para lo que fue creada.

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