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Europa se proyecta al 2020-2030 ¿y nosotros?

por 15 abril 2010

El análisis prospectivo y la creación de escenarios de futuro han vuelto con fuerza a las mesas de trabajo de los líderes políticos en Europa, Estados Unidos y el Asia, como también en la OCDE, la UNESCO y otros organismos internacionales. Esta ciencia, o método (se discute si la prospectiva es propiamente una ciencia o un método), contribuye a reducir la incertidumbre y gestionar el futuro, y en tal sentido es una herramienta política esencial en nuestro tiempo. Es diferente de la planificación, aunque la integra, en cuanto no se trata de la creación de escenarios a partir de la proyección lineal de la realidad presente, sino de generar una “visión” anticipatoria (“foresight”) de una realidad posible situada en el largo plazo. Contribuyen fuertemente a ello organizaciones internacionales no gubernamentales como The Millennium Project; la World Future Society o The Challenge Forum.

Pues bien, en diciembre de 2007 el Consejo Europeo, máximo órgano de gobierno de la UE integrado por los jefes de estado y de gobierno de los 27 países, estableció un grupo de reflexión sobre el horizonte europeo 2020-2030, presidido por Felipe González e integrado por altas personalidades de la Unión, fijó como parámetros el fortalecimiento y la modernización del modelo europeo económico y de responsabilidad social, la mejora de la competitividad de la UE, el Estado de derecho, el desarrollo sostenible, la estabilidad mundial, las migraciones, la energía y la protección del clima, así como la lucha contra la inseguridad mundial, la delincuencia internacional y el terrorismo, prestando particular atención a los modos de entrar mejor en contacto con los ciudadanos y responder a sus expectativas y necesidades. El grupo deberá presentar sus conclusiones en junio de este año. Por su parte, la Comisión Europea, el órgano ejecutivo de la Unión, presentó a consideración del Consejo un documento estableciendo metas específicas al 2020 (“Europa 2020, una estrategia para un crecimiento inteligente, sostenible e inclusivo”) que deberían ser abordadas para la competitividad, el empleo y el medio ambiente. El Consejo en su reciente reunión de finales de marzo analizó esta propuesta y fijó el calendario para su aprobación, previa consulta abierta a los ciudadanos. Cabe señalar que también los líderes europeos acordaron celebrar un Consejo Europeo en septiembre próximo, con sus ministros de RR.EE., para examinar la manera en que la UE se conectará con sus socios estratégicos para coordinarse en los temas globales. De nuestra región, dos países, Brasil y México, tienen el estatus de socios estratégicos de la UE.

Esta estrategia europea reviste un claro interés para América Latina, pues la UE es el principal inversionista, socio comercial y cooperante de nuestra región.

Esta estrategia europea reviste un claro interés para América Latina, pues la UE es el principal inversionista, socio comercial y cooperante de nuestra región, de manera que nuestros centros académicos y los departamentos de estudio de empresas, entidades financieras y del estado deberían estar atentos a las conclusiones del grupo 2020-2030 y las decisiones que se adopten en ese marco. Asimismo, esta forma de gestión del futuro es sin duda un valioso referente sobre como es posible avanzar en objetivos comunes de desarrollo en el marco de un proceso de integración, toda vez que lo que marca nuestra era es la necesidad de una progresiva convergencia en el largo plazo de las regiones y países hacia un escenario global interdependiente que debería construirse entre todos.

¿Y nosotros, en América latina? Cabe decir a este respecto que la prospectiva y los estudios de futuro han estado presentes en universidades de algunos países, y en ciertas redes académicas regionales, lideradas principalmente por especialistas colombianos y argentinos, y en algunos encuentros y documentos patrocinados por la CEPAL. La propia UE apoyó en el 2000 el estudio “América latina 2020”, liderado por la asociación española AIETI, junto a ONGs italianas y latinoamericanas. Asimismo, la Red Latinoamericana de Prospectiva puso en marcha reuniones y seminarios en varios países, y patrocinó una publicación llamada también “América latina 2020”. La Secretaría del Convenio Andrés Bello por su parte patrocinó un estudio y publicación sobre prospectiva tecnológica en América latina.

Hay asimismo iniciativas como “Perú 2020” del Consorcio de Universidades del Perú, o la propuesta “México 2030” de la presidencia de México. Argentina, en época de Perón, puso en marcha un grupo de trabajo prospectivo para analizar escenarios post Segunda Guerra mundial, anticipatorio de una posible tercera guerra que se veía como posible. Hay muchos trabajos del profesor Miguel Ángel Gutiérrez del Centro Latinoamericano de Globalización y Prospectiva sobre la educación superior en el futuro de América Latina, o de José Cordeiro de la Sociedad Mundial del Futuro en Venezuela. En Estados Unidos la Central de Inteligencia (CIA) ha hecho análisis prospectivos y construido escenarios de futuro para la región. En Chile hace muchos años existió una unidad de prospectiva en Mideplan, hay una iniciativa “Valdivia 2020”, también un estudio del Colegio de Ingenieros sobre Chile 2020, y otro promovido por el MOP sobre Chile al 2020. Seguramente existen más iniciativas locales, porque la inquietud por el futuro es creciente, en un mundo caracterizado por la inseguridad e incertidumbre, con oportunidades abiertas que no se visualizan si nos concentramos sólo en administrar el presente.

Pero como el mundo hoy ya es un escenario donde juegan sistemas integrados, y la competitividad es sistémica, no basta con análisis prospectivos locales o sectoriales, ni con reflexiones académicas sólo recogidas en libros y revistas, pero que no tienen impacto en el ámbito y nivel en que se toman las decisiones. Recientemente The Millennium Project ha puesto en marcha un estudio sobre América Latina 2030 mediante el método Delphi, en tiempo real, en el que están participando on line cientos de especialistas de todo el mundo, cuyas conclusiones serán presentadas en junio en Estados Unidos. Será un gran aporte, y lo que falta es contar a nivel de toda la región latinoamericana con un esfuerzo político de análisis prospectivo y creación de escenarios de futuro, apoyado en estudios académicos y estratégicos, por cierto, pero que sea fundamentalmente una reflexión global compartida a niveles de toma de decisiones de los gobiernos y los organismos regionales, apoyada por una voluntad política, e institucionalizada en los organismos de integración existentes.

Tanto el Grupo de Río como la ALADI y la CEPAL son instancias suficientemente abarcadoras a las que los Jefes de Estado latinoamericanos podrían encargar la formación de un Grupo de Trabajo de alto nivel político, de análisis prospectivo, similar al de la Europa 2020-2030, que presente unas conclusiones con escenarios de futuro para la región y una propuesta de estrategia consecuente, con una agenda de largo plazo. Ello podría ser el eje ordenador que nos hace falta para dar base a un proceso de integración latinoamericana para el Siglo XXI sustentable, realista y movilizador.

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