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Lo quiero todo

por 28 abril 2010

Lo quiero todo
El Presidente Piñera no ha disimulado su deseo de “quererlo todo”, demostrando que no se resigna a que su agenda de gobierno se reduzca a la tarea de la reconstrucción post sismo. Esta situación puede ser una oportunidad, no sólo para la centroizquierda chilena.

No deja de resultar una sorpresa la forma en que el nuevo gobierno,  liderado por Sebastián Piñera, no sólo está acogiendo sino también implementando ideas y proyectos que durante las últimas décadas ha promovido la Concertación de Partidos por la Democracia.  Así como los “cuadros técnicos” alcanzaron sólo para la primera línea del gobierno, tal parece que las ideas también están siendo escasas, haciéndose necesario buscar en las agendas de la hoy oposición.

Primero fue la reforma tributaria y ahora una agenda política que plantea contenidos fundamentales para la democratización política del país.  Nos referimos a temas tales como el fideicomiso ciego, la inscripción automática, el voto en el extranjero, la ley de partidos políticos y la ley de primarias, que han sido propuestas persistentes de los programas de gobierno de la Concertación, materializándose muchos de ellos en proyectos de ley que recibieron sistemáticamente negativas por parte de los parlamentarios del actual gobierno.

Sabemos que en ausencia de partidos políticos emergen liderazgos populistas que arrasan con la institucionalidad política existente, tal como ha sucedido en países de la región. El momento de las reformas es ahora.

Una explicación simplista sería la de afirmar que la Concertación no tuvo las  agallas suficientes o la voluntad política para avanzar en estos temas. Sin embargo, es bueno recordar que, en aras de la gobernabilidad y de una política de acuerdos con la oposición, muchos  de ellos fueron quedando rezagados. Sin embargo, se pudo avanzar en otras áreas como las reformas sociales, impulsando paralelamente un escenario propicio para el crecimiento económico y el desarrollo de las personas.  Como resultado, estos temas fueron pospuestos, en el marco de un debate público en el que se ha insistido en señalar que la política es menos importante que la resolución de los asuntos concretos de las personas, falsa disyuntiva colocada por los sectores neoliberales.

Desde una perspectiva progresista (o de centroizquierda, para los que no les gusta el término), el fortalecimiento de la democracia es un elemento fundamental para el mejor desarrollo de las libertades y los derechos de las personas. Es por esa razón que, a pesar de que muchas veces no se obtuvieron los logros buscados, no se cesó en la lucha por ampliar las libertades y la ciudadanía. Una democracia saludable no es sólo aquella que elige a sus líderes mediante la competencia política libre y transparente sino que, además, se preocupa de que los ciudadanos tengan la posibilidad constante de revisar las conductas de quienes toman las decisiones. Se requiere, además, de procesos transparentes y de autoridades que tengan una legitimidad proveniente de su irrestricto compromiso con el servicio público, alejado de intereses particulares. En este marco, el fideicomiso ciego es fundamental para el control horizontal de las autoridades por lo que es de desear que dicho proyecto vea resultados sin cálculos de por medio, dada la coyuntura actual. La inscripción automática, el voto de los chilenos en el extranjero y la existencia de primarias abiertas inyectarán energía a un sistema político que tiende a la concentración y centralización del poder.  Si estos proyectos avanzan las próximas elecciones serán, sin duda, un gran desafío para la clase política.

Por otra parte, se requiere una ley de partidos políticos que actualice su rol, en el marco de una democracia representativa, incluyendo incentivos para su renovación. Nuestro sistema de partidos políticos ha sido uno de los pilares de la estabilidad política del país desde el siglo XX. Si bien los chilenos desconfían de ellos,  sabemos que en ausencia de partidos políticos emergen liderazgos populistas que arrasan con la institucionalidad política existente, tal como ha sucedido en países de la región. El momento de las reformas es ahora.

El Presidente Piñera no ha disimulado su deseo de “quererlo todo”, demostrando que no se resigna a que su agenda de gobierno se reduzca a la tarea de la reconstrucción post sismo. Esta situación puede ser una oportunidad, no sólo para la centroizquierda chilena de avanzar en una agenda de democratización del país, sino que, además, permitirá corroborar una sospecha: que una vez en el gobierno, la derecha esté descubriendo la importancia de la política.

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