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Obama y América Latina

por 28 abril 2010

Por eso tiene razón el Presidente Lula cuando concluyó hace poco que “tendremos que conversar más con el compañero Obama”.

Cumplido ya más de un año de gobierno del Presidente Obama, se puede hacer un primer balance sobre lo que han sido las relaciones hemisféricas en este período. No cabe duda que la elección del primer mandatario negro en Estados Unidos generó grandes expectativas  en la región, y encuestas recientes en diversos países muestran que todavía se mantienen altos grados de simpatía, y una visión positiva de este país en la opinión pública latinoamericana (algo notable cuando se contrasta con la opinión existente sobre la anterior administración de Bush).

Lo anterior se vio reforzado, además, por declaraciones iniciales del gobernante y sus asesores más cercanos, de hacer en adelante una “política con, más que hacia América Latina”, en contraste con lo sucedido históricamente entre Estados Unidos y sus vecinos del Sur. Sin embargo, estas afinidades iniciales no son suficientes ni garantizan una convergencia de intereses en temas que son de preocupación regional. Ha habido, por cierto, algunos gestos positivos hacia la región: el levantamiento parcial de las sanciones a Cuba; la ayuda post-terremoto a Haití; o el reconocimiento de una responsabilidad compartida en la expansión del narcotráfico y la criminalidad asociada a este flagelo.

Por eso tiene razón el Presidente Lula cuando concluyó hace poco que “tendremos que conversar más con el compañero Obama”.

Pero por otra parte la decisión de instalar bases militares en Colombia, haber reconocido con anticipación la legitimidad de las elecciones organizadas por el régimen de facto en Honduras, el proteccionismo en materias comerciales, o el trato a la inmigración ilegal, han colocado a la administración Obama en posiciones claramente antagónicas con la opinión de la mayoría, y también  principales países de la región (Argentina, Brasil, México, entre otros).  Y es que más allá de las buenas y sinceras intenciones del Presidente, las urgencias globales que hoy enfrenta su gobierno, o el hecho de que muchas decisiones estén supeditadas a intereses partidistas, burocráticos, a la inercia de continuar con políticas anteriores, o al omnicomprensivo rol del Congreso, limitan muchas veces,  la voluntad y capacidades de la Casa Blanca para cumplir con las expectativas que se han despertado en lo que prometía ser un “Nuevo Compromiso con América Latina”.

En el próximo tiempo debiese haber decisiones concretas por ejemplo, en temas como la reforma inmigratoria, reducción de los subsidios agrícolas, acuerdos hemisféricos en los ámbitos de la salud y educación, y políticas más concretas que hagan realidad la co-responsabilidad de Estados Unidos en el drama del narcotráfico.  El Presidente Obama y su administración todavía pueden ser un socio relevante para la región, pero habrá que ser realistas respecto a los otros actores y poderes que inciden y neutralizan muchas de las políticas que el actual gobierno quisiera implementar. Por eso tiene razón el Presidente Lula cuando concluyó hace poco que “tendremos que conversar más con el compañero Obama”.

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