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¿La Nación Imposible?

por 3 mayo 2010

Más allá de las buenas intenciones de periodistas, directorio y postulantes, es muy complejo para La Nación lograr niveles de independencia razonables y alejarse de la influencia del poder central. Puede intentar muchas fórmulas, pero su sello seguirá siendo ser un diario de Gobierno. Y si es un diario del Gobierno, es indudable que quienes se sientan parte de él, a metros o kilómetros, tendrán la sensación de que pueden influir en sus contenidos, reclamarlos o simplemente quejarse.

La Nación existe sólo porque es viable económicamente a través de otros negocios, era el premio de consuelo de la Concertación luego de perder los medios que nacieron en busca de alimentar esa “sensibilidad” y todavía guarda recuerdos de momentos en que hubo intentos de independencia (La Nación Domingo). Pero más allá de eso, nunca logró sostener por un tiempo razonable niveles de credibilidad suficientes que abrieran la puerta a un proyecto real. Tanto que durante algunos periodos de la Concertación, senadores de derecha influían tanto en los destinos de La Nación como la misma gente de Gobierno. Eso sólo pasa cuando el diario no importa, ni siquiera como instrumento.

Al interior del gobierno de Piñera persisten las dudas sobre cerrar La Nación o no. Y pensaron en crear un proyecto, como lo dijo Mirco Makari, que se alejara de la política contingente. Que buscara a ese público algo abandonado por los diarios nacionales que hoy dominan el mercado. Un proyecto así probablemente puede levantar cabeza, pero no es suficiente. Los diarios son influencia, son elite, necesitan marcar agenda…es la materia prima que los mantiene vivos. Pueden tener farándula, policial y deporte, pero es la política y la economía lo que les da vida y razón de ser.

La viabilidad del diario es compleja, casi imposible. No existe en el mundo (al menos, hasta donde alcanzo a ver) un gobierno con un diario en su poder. Probablemente un gobierno corporativo -a lo TVN- junto con una administración audaz y un proyecto moderno, permitirían limpiar algo la imagen de un diario que hace pocos días volvió a convertirse en tema público: por sus penurias y no por sus logros.

Parece un hecho que el Gobierno de Sebastián Peñera no quiere cerrar La Nación. Si suponemos que no es por llevarle la contra al senador Allamand, el desafío no está en sacar al diario del circuito y convertirla en un medio correcto, pero sin lectores ni influencia. Está en alejarlo lo más posible de La Moneda. El “cómo”…ese es el desafío.

*Esta columna se publicó en Quinto Poder

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