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Análisis internacional

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Nick Clegg, el chico listo que tiene a UK partido en tres

por 3 mayo 2010

Nick Clegg, el chico listo que tiene a UK partido en tres
A días de la elección general en Reino Unido, el líder Liberal Demócrata no sólo se coló en las encuestas remeciendo el histórico bipartidismo de la isla, sino que tiene el poder de bloquear a cualquiera de sus oponentes.

Ya sea con incredulidad, desdeño o franco entusiasmo, todos en Reino Unido llevan varias semanas hablando de la Cleggmanía, el fenómeno que está amenazando con resquebrajar la tradicional estructura partidista británica. El hombre detrás de la hazaña es Nick Clegg (43), líder del partido Liberal Demócrata, cuya popularidad creció exponencialmente después de su actuación en el primero de los tres debates televisados que por primera vez se realizan en este país durante una carrera electoral.

Con un discurso progresista, centrado en la economía verde y una visión poco dogmática respecto a la inmigración, Clegg ha conseguido captar especialmente el voto joven  (liderando en el segmento de 18 a 44 años, según la encuesta Metro Urban Life), además de filtrarse en la clase media y trabajadora, por décadas el target duro del Partido Laborista.

Mientras los bonos del líder liberal demócrata siguen subiendo, no es aún claro hacia quién se volteará a la hora de las negociaciones.

Recién terminado el ciclo de debates televisivos y en la cuenta regresiva para la Elección General, que se realiza el próximo jueves 6 de mayo, el país está virtualmente dividido en tres tercios. Después de una correcta performance en el último debate, que la BBC transmitió el jueves, el conservador David Cameron logra mantenerse con una leve ventaja en las encuestas. Pero lo que fue por meses otra victoria segura para la derecha en Europa, hoy tiene inesperada sombra. El igualmente joven Tory es seguido de cerca por Clegg y, algunos puntos más abajo de acuerdo a la mayoría de las encuestas, por un desgastado Gordon Brown.

Sin embargo, estas mediciones pueden conducir a lecturas erróneas, considerando que en el parlamentario sistema británico, los votantes no marcarán su preferencia en la papeleta al lado de ninguno de estos tres nombres, sino de los candidatos al Parlamento de sus lugares de residencia, lo que impide traducir literalmente estas tendencias en intención de voto.

Actualmente, el Partido Laborista tiene mayoría absoluta, la que se acaba si pierde a 24 parlamentarios. Las encuestas más moderadas auguran que perderá alrededor de 70. Toda una masacre política que terminaría con 13 años de Laborismo en el poder.

El escenario más probable es que ninguno de los tres partidos logre mayoría absoluta, algo que no sucede  a esta escala desde 1929. Y eso obligaría al ganador a negociar para levantar una coalición que le otorgue cierta gobernabilidad al país. De ahí el poder de Clegg, cuyo partido –que actualmente cuenta con poco más del 10% de los escaños en Westminster- jamás había estado en esta posición de dominio.

El problema es que mientras los bonos del líder liberal demócrata siguen subiendo, no es aún claro hacia quién se volteará a la hora de las negociaciones. Si bien su estructura ideológica es de centro izquierda, lo que lo pone naturalmente más cerca de Brown, esta semana sorprendió con declaraciones en las que dijo no descartar un acuerdo con Cameron y sus Torys, a pesar de que hay un ancho margen de diferencia entre las políticas de ambos partidos en temas sensibles como educación, seguridad, impuestos, integración europea e inmigración.

Y es que Clegg parece determinado a sacarle lustre a su emergente capital político, y ya ha deslizado que una eventual alianza de su partido con el Laborismo está condicionada a que éste levante a un nuevo líder, mientras que una reforma al sistema electoral sería un requisito indeclinable para trabajar con cualquiera. Dos peticiones de difícil e improbable respuesta positiva.

En este escenario, la elección británica es la más impredecible que este país haya enfrentado en décadas, y ciertamente no se decidirá cuando se acabe el conteo de votos. Sino en la trastienda política que empezará a continuación.

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