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LA POMPEYA SANTIAGUINA

por 4 mayo 2010

Bolas de fuego cayendo del cielo, el Mapocho convertido en un río de lava, la tierra abriéndose a la altura de Plaza Italia. La escena parece de película de ciencia ficción, pero corresponde a una erupción ocurrida hace 450 mil años, la cual destruyó todo lo que hoy conocemos como Santiago. La pregunta es, si sucedió una vez... podría volver a ocurrir.

El de esta mañana fue el más fuerte desde que hace tres semanas comenzaron los sismos. De acuerdo a la información oficial, su intensidad superó los 8 grados, situándose su epicentro en la Caldera del Diamante del Volcán Maipo, mismo lugar donde se originan las fumarolas que han venido cubriendo los cielos metropolitanos desde hace ocho días. Ocurrió a las 6 con 15 minutos de la mañana y sacudió toda la zona central de la capital. Grietas en varias autopistas, accidentes de tránsito y un corte general de energía eléctrica. Los cristales de la torre de Telefónica y de los recién inaugurados rascacielos Titanium y Nueva Costanera provocaron una lluvia de esquirlas en varias cuadras a la redonda. La ONEMI decretó estado de emergencia, mientras una cadena de radio y televisión llamó a la calma, aconsejando a los trabajadores permanecer en sus casas hasta que la situación se normalice. El gobierno pidió a empresarios y empleadores flexibilidad para con su personal. Consultados al respecto, geólogos y vulcanólogos señalaron la necesidad de que la población se mantenga abierta ante nuevos movimientos, porque la actividad sísmica intensa está lejos de mermar. Helicópteros de Carabineros y de las Fuerzas Armadas han estado sobrevolando la ciudad constatando en terreno el masivo éxodo originado tras el fuerte movimiento de esta mañana...

Un día después...
El primer bólido nos despertó poco después de la medianoche. Una masa incandescente saltó desde el corazón de la cordillera trazando un arco perfecto sobre Santiago hasta impactar en el Parque Araucano, causando un incendio que no ha podido extinguirse. Fue la primera señal de lo que realmente estaba sucediendo. Los otros bólidos comenzaron a caer durante la madrugada, seguidos de sismos de mediana intensidad. Al principio aislados, luego cada vez más seguidos. Las sirenas de bomberos no han dejado de sonar y hay varios puntos de la ciudad en llamas. El San Cristóbal, la Torre Santa María, sectores de la Florida y Macul fueron alcanzados por rocas incendiadas, algunas de más de una tonelada de peso. Aterrados testigos, a la altura del paradero 14 de Gran Avenida, observaron como un bus de la locomoción colectiva, atestado de pasajeros era reventado por un proyectil emanado desde el cercano Volcán Maipo. El número de heridos y muertos no...

Ayer...
El último temblor fue incluso más fuerte que el de hace dos días. Los planes de evacuación de la ciudad funcionaron, pero aún queda gente aislada, en su mayoría por los incendios ocasionados por la lluvia de bólidos iniciada hace dos noches. Grietas se abrieron a lo largo de la Alameda, desplomando la calzada sobre las líneas de metro, mientras ríos de lava han comenzado a bajar por el cauce del Mapocho y sus afluentes. La columna de humo que ayer en la tarde comenzó a elevarse desde el volcán Maipo cubre de oscuridad todo el valle de la Región Metropolitana, ocasionado tormentas eléctricas sobre toda la zona precordillerana. Impulsada por vientos del norponiente, una lluvia de cenizas ha comenzado a caer sobre el norte del territorio argentino y se estima que en los próximos días alcanzará Paraguay y el sur de Brasil. De acuerdo a lo informado esta mañana por El Mercurio de Valparaíso, bólidos incandescentes han caído sobre Viña del Mar ocasionando un pánico en la población. Si bien la disminución de los temblores ha causado cierta calma, la ONEMI alerta que la señal no debe tomarse a la calma, sino por lo contrario con mucha alerta...

Hace tres horas. La explosión vino de súbito, volando en pedazos un área de más de 15 kilómetros cuadrados con una fuerza equivalente a 1 millón de bombas atómicas explotando al mismo tiempo. Los sismógrafos del planeta se volvieron literalmente pocos, mientras la NASA no demoró en informar una leve alteración en el eje de la Tierra producto de la violencia de la explosión. Menos de una hora después una kilométrica masa de lava se dejó caer a más de 500 kilómetros por hora sobre el valle de Santiago. En menos de cuarenta minutos, el oriente de la ciudad, desde Peñalolén, La Reina, Macul, Ñuñoa y Providencia quedó completamente destruido, percibiéndose daños irreparables en el resto de las comunas de la capital. Como una moderna Pompeya, Santiago de Chile ha desaparecido bajo la fuerza del volcán Maipo.

No está de más aclarar que lo anteriormente descrito es una situación imaginaria de que podría ocurrir si dentro de los próximos años se produjera en la región metropolitana una erupción como la ocurrida en nuestro cercano Volcán Maipo hace más de 400 mil años, la cual devastó todo lo que hoy conocemos como valle central, alcanzando en su destrucción a parte de Argentina y la costa de Valparaíso. Este cataclismo delineó la geografía y la morfología de nuestro país, pero lo más relevante demuestra lo expuesto que está Chile a la fuerza de los volcanes. El Maipo no esta extinguido, sólo es un gigante que duerme y aunque las probabilidades de que vuelva a ocurrir un hecatombe como la que pasamos a describir son muy escasas, no por ello debe tomarse el asunto a la broma. Porque al igual que en el caso del meteorito que extinguió a los dinosaurios, si un evento de tal magnitud sucedió una vez, perfectamente puede volver a ocurrir.

REGION METROPOLITANA, HACE 450 MIL AÑOS

El reflejo con forma de rombo y aspecto parecido al diamante es la inofensiva imagen que posee hoy el Volcán Maipo, ubicado dentro de la Caldera del Diamante y donde a sus pies se resguarda la apacible laguna de aguas turquesas llamada del mismo nombre. Ubicado a una altura de 5.323 metros sobre el nivel del mar, actualmente el acceso más expedito es por la pampa argentina, a unos 200 kilómetros al suroeste de Mendoza, donde se organizan variadas actividades recreativas que transforman en un panorama encantador, lo que hace unos miles de años fue escenario de una verdadera e infernal catástrofe.

Flujos de piroclastos, es decir, masas ardientes de 300º a 800 º C, circularon a altas velocidades, avanzando varios metros por segundo sobre las laderas del volcán que entonces existía, colapsando la caldera y dando paso a una erupción de carácter súbito. El hielo que en ese entonces cubría la caldera, debido a la época glacial en la que ocurrió, ayudó a que la nube de material ardiente se deslizara aún más rápidamente alcanzando los 500 kilómetros por hora, carbonizando, asfixiando y enterrando, flora, fauna y todo lo que encontrara a su paso. Este material, llamado ignimbrítico, cubrió todo el valle del río Maipo y Cachapoal, alcanzando además la zona noroeste de la Región Metropolitana, lo que sería hoy Pudahuel, zona en que este material alcanza hasta los 30 metros de espesor. Incluso en las cercanías de Lo Prado, por la ruta 78, camino a Valparaíso, además de algunos lugares más altos de la capital, como el sector de Los Dominicos, a casi 200 metros sobre el nivel de la zona de Pudahuel, poseen la huella de la furia volcánica. Así la mayor parte del suelo de la cuenca de Santiago que pisamos a diario, guarda en sus entrañas las cenizas que son prueba de esta violenta erupción, definida en varios ensayos de geología y vulcanología como un evento cataclismático, es decir con la capacidad de cambiar por completo la geografía del área donde ocurre. O en este caso, donde ocurrió. Y más allá de las fronteras geográficas de nuestra ciudad capital, hay abundantes registros que un área que abarca buena parte de las actuales regiones 5ª y 6ª fue bombardeada por bólidos, piedras incandescentes despedidas desde el cráter del Maipo que se desploman sobre el terreno a velocidades cercanas a la del sonido, como verdaderos misiles de la naturaleza. Parece fantasía o ciencia ficción, pero no lo es, todo lo contrario. No es necesario advertir que si algo así ocurriera actualmente, el desastre borraría a Santiago del mapa.

SANTIAGO BAJO LAVA

Esta catástrofe ocurrida hace unos 450 mil años dio lugar a la formación en el borde occidental de la Caldera Diamante, al enigmático Volcán Maipo. Según señala Oscar González-Ferrán en su libro Volcanes de Chile, la ubicación de la caldera que alberga al volcán, ha dificultado su observación y el registro de actividad histórica, señalando como última actividad significativa, la que dio lugar al embalse que hoy conocemos como Laguna del Diamante el 1º de marzo de 1826, hecho que habría sido confirmado por la expedición de Vicuña Mackenna en 1873. Luego de esta actividad, señala que “el registro es incierto”, aunque se ha podido constatar que su última movimiento ocurrió hace 100 mil años. Sin embargo, tomando en cuenta que tanto el Maipo como la Caldera del Diamante tienen estatus de masas volcánicas activas, la pregunta que nos asalta de inmediato es que si hace miles de años sucedió una hecatombe, como la que describen los geólogos y que se calcula tuvo la fuerza de 1 millón de bombas atómicas explotando al mismo tiempo, ¿ésto podría volver a ocurrir?

Una respuesta es la que entrega a MUY, Luis Lara, geólogo de la sección de Volcanología del Servicio Nacional de Geología y Minería de Chile. Lara aclara que episodios como estos tienen muy poca probabilidad de que ocurran. “Una cosa es que uno no pueda asegurar que se vaya a repetir o no. Pero tengo la impresión de que hay ciertos cambios en el cómo funciona el volcán Maipo, del relleno de esa caldera, que más bien hacen pensar que procesos como el que produjo la conmoción, no es muy probable que se reiteren. Esto es pura teoría, pero si pasara, como el relieve ha cambiado desde ese tiempo, sus materiales se emplazarían a lo largo de las quebradas actuales, por lo tanto no necesariamente tendría los mismos efectos que tuvo en el pasado”.

¿Entonces Santiago, no correría peligro?

“En teoría no, pero. En esta clase de eventos cataclismáticos se hace imposible predecir que realmente ocurrirá”

Al respecto, González-Ferrán señala en su libro que existen algunas zonas más vulnerables de ruptura ante el reactivamiento eruptivo del volcán. “(...) Quedarían definidas las zonas sur y suroeste como las áreas de mayor debilidad del cuerpo volcánico y consecuentemente serían los puntos críticos de máxima deformación, óptimos para dar paso a una erupción explosiva lateral”. A esto se agrega el estudio de la geóloga argentina Patricia Sruoaga, Geocronología y Evolución Geoquímica del Volcán Maipo, en la que se describe que hay ciertos cambios que podrían ser una alerta. “Si bien en términos de volumen los productos emitidos por el volcán Maipo son discretos en comparación con los depósitos asociados con la generación de la caldera Diamante, el comportamiento geoquímico del magma está evidenciando una clara tendencia hacia una eventual recurrencia ignimbrítica o por lo menos a erupciones potenciales de tipo explosivo”. Esto significa que se ha evidenciado que los magmas han tenido una tendencia de composición más silícea con el transcurso del tiempo, lo que quiere decir, que es de una acidez mayor lo que podría provocar que los gases emitidos sean de mayor volumen y por consiguiente más volátil. El geólogo consultor y ex académico de la Universidad de Concepción, Miroslav Rodríguez, aclara que más que la característica geomorfológica actual de la zona que rodea el Volcán Maipo, es la composición del magma lo que condiciona las características de cada erupción (magmas más ácidos, con mayor cantidad de volátiles, se asocian a erupciones más explosivas). “La morfología lo que hace es canalizar los flujos, principalmente las coladas lava y lahares. El material particulado se dirigiría principalmente hacia Argentina, debido a la dirección de los vientos. Por otra parte, las nube ardientes (flujos piroclásticos) son las emanaciones volcánicas de mayor peligrosidad debido a su alta temperatura y la elevada velocidad de su avance, el que puede ir incluso por sobre la topografía”.

Eventos como lo ocurrido en la formación del volcán Maipo hay varios, pero llama la atención el ocurrido el año 79 d.C, cuando Pompeya y Herculano, fueron sepultadas bajo la nube ardiente provocada por la erupción del volcán Vesubio. Tal fue el efecto mortífero y arrasador que sólo fue descubierta su existencia hace unos 1.500 años cuando en 1594, construyendo un canal, descubrieron los vestigios de lo que fue una de las grandes ciudades del Antiguo Imperio Romano y que en la actualidad forma parte de la Provincia de Nápoles. La dramática crónica de la tragedia fue descrita por Plinio, el Joven, quien escribió una carta al historiador Tácito, para explicar la muerte de su tío bajo la furia del Vesubio. Fueron más de 1.500 años de inactividad en las que estuvo el “monte” Vesubio en una época en el que consecuente desconocimiento de lo que era realmente un volcán provocaron que el desastre fuera aún más dramático. Dos mil años después, con tecnología y expertos en actividad volcánica, la furia emanada de la Tierra, aún representa en muchos casos, un misterio impredecible.

PREVINIENDO LA CATÁSTROFE

Cuando se dan estas condiciones ambientales catastróficas, la pregunta que surge es si se pudo evitar o no. Las erupciones volcánicas, a diferencia de la actividad sísmica, tienen la posibilidad de poder ser prevenidas con varios meses de anticipación, eso, si es que existe un constante monitoreo de la actividad magmática, cuestión en la que incluso en países desarrollados como Japón, aún no basta para evitar todos los daños que provocan.

Es que además de la problemática de recursos, ya sea humanos como técnicos, la ciencia funciona de acuerdo a la información que puede obtener, ya que como todo, también tiene sus límites, punto con el que concuerda el geólogo Luis Lara: “Hay responsabilidad de todo el mundo, porque la ciencia, o las instituciones científico- técnicas, que siguen el fenómeno tienen sus limitaciones y además una dificultad para entender lo que está pasando, porque tampoco hay muchas opciones. Se actúa lo mejor que se puede con la información que hay, que normalmente es poca. No es tan simple hacer pronósticos de qué va pasar, cuándo va a ocurrir o dónde va a ocurrir. Pero en general la ciencia no se pone tanto en situaciones extremas, porque en ese escenario, todo desaparece y no tendría mucho sentido estudiarlo. Lo que se hace es ponerse de alguna forma en los casos más probables”.

Consuelo Coloma, geóloga consultora, concuerda con esta idea y recalca además que las características de los eventos eruptivos ocurridos en el pasado, no obligatoriamente corresponderán, en términos generales, a las características de un nuevo evento. “Cada volcán es un individuo, con características tectónicas, geoquímicas y topográficas propias; lo que sucede en uno, no necesariamente puede ser aplicable a otro. Por otra parte, dependiendo de la composición del volcán, se puede tener una idea del comportamiento que eventualmente podría experimentar en un proceso eruptivo”, agrega.

El suelo que pisamos cada día es la denominada capa externa de la Tierra, llamada litósfera, la cual se forma por la corteza terrestre y por la corteza oceánica. Esta se presenta dividida en capas tectónicas que a su vez se mueven sobre la astenósfera, capa de material fluido, bajo el manto superior. Chile se circunscribe en la zona geomorfológica llamada, “Cinturón de Fuego del Pacífico”, donde el constante movimiento tectónico correspondiente al fenómeno de subducción, es decir, el avance de la Placa de Nazca por debajo de la Placa Continental Sudamericana, produciría los sismos. La presión del magma, que son las rocas en estado líquido que se encuentran bajo la litósfera, provoca que ésta ascienda hacia la corteza a través de grietas producidas por el mismo movimiento tectónico anteriormente descrito, originando la formación de volcanes. Al llegar el magma hacia el exterior es cuando se origina la erupción volcánica, lo que además provoca emisión de gases hacia la atmósfera.

El volcanismo en los últimos 500 años, ha provocado 300 mil muertes en el mundo además de la pérdida millonaria de recursos económicos que sin duda han afectado a los países más pobres o en vías de desarrollo. En Chile, según datos recopilados por la Oficina Nacional de Emergencia del Ministerio del Interior, ONEMI, desde el siglo XIX, han existido cerca de 300 erupciones en 36 volcanes de nuestro territorio, las que han provocado daños materiales, humanos y del medio ambiente. A pesar de que existe un Plan Nacional de Protección Civil del año 2002, en la que se designa para cada comuna la creación de su propio Plan de Protección Civil, con un Comité presidido por el alcalde y organismos representantes de la comuna correspondiente, es difícil de entender porque aún en nuestro país, no existe una cultura en la población de que vivimos en zona de riesgo. La piedra –o volcán en este caso- de tope, es que, en el caso del Maipo, debido a la enorme área que eventualmente se vería afectada – prácticamente toda la Región Metropolitana y sus alrededores– correspondería a la mayoría de las municipalidades formar el mencionado comité, lo que en algunos casos, es evidente que no existirían los recursos suficientes.

Frente al anterior escenario, el geólogo Luis Lara tiene sus reparos y enfatiza que el volcán Maipo es una preocupación, pero no representa una prioridad de estudio. “Hay otros volcanes que son mucho mas activos, que tienen muchas erupciones históricas en el siglo XX y que además vive mucha gente cerca. El volcán Maipo tiene periodos de actividad más largos, menos eventos recientes y está más lejos de áreas pobladas, aunque esté relativamente cerca de la capital”.

Lo fundamental, según el geólogo Miroslav Rodríguez es el correcto uso de la información que se da a conocer a la comunidad y la utilidad que se le dé. “Más que alarmar a la población, hay que educarla y una forma de acercar la geología a la comunidad y que ésta sepa en qué país vive es realizar el monitoreo continuo de los volcanes y generar un mapa de riesgo volcánico o de riesgo sísmico en general, de tal forma que toda actividad urbanística, tome en consideración para planificar su urbanización y en definitiva evitar en el futuro construir en aquellas zonas que tienen un alto potencial de riesgo”.

El problema es que en una ciudad, como Santiago, con una población estimada en 6.527.903 habitantes y donde el actual boom inmobiliario crece cada día ubicándose incluso en la periferia de la región, sería difícil por no decir casi imposible, la evacuación de tal cantidad de gente, al precipitarse la furia del Volcán Maipo, nombre que, por lo demás, proviene del mapudungún y que curiosamente significa “labrar la tierra”. La ética de la Naturaleza no puede ser comprendida por el hombre y cada cientos y miles de años, la Tierra volverá a clamar su justo equilibrio, dejando a la “joya de diamante” de los Andes, cobrar su alto costo.

*Articulo publicado originalmente en MUY INTERESANTE, junio 2008

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