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El don de los dioses

por 11 mayo 2010

El carisma. Concepto griego tan antiguo, que data de los tiempos en que Grecia aun tenía plata. Los griegos sabían que no tiene que ver con personalidad, sino con un don, como dirían ellos, de los dioses.

En mayo de 1997 pude observar de primera mano el triunfo de Tony Blair en el Reino Unido. Fue un rechazo fuerte y definitivo al gobierno Conservador de John Major. En mayo de 2010, ahora desde la distancia, se nota que si bien el electorado británico ha manifestado un fuerte descontento con el Partido Laborista, la incertidumbre que aún rige indica que tampoco está tan entusiasmado por apoyar a los otros partidos. David Cameron, a quien la Reina probablemente le pedirá que forme un gobierno de minoría o de coalición, no logró convencer a la gran mayoría de los británicos. ¿Qué pasó?

Lo primero tiene que ver con ideología. A grandes rasgos, los votantes del Reino Unido son mucho más afines a la visión política de los Laboristas: exigen un estado grande y fuerte, proporcionando una serie de servicios públicos desde salud hasta educación universitaria. Cuando se quejan –y lo hacen mucho– de la calidad de los servicios públicos, están exigiendo una mejora, no que se privaticen.  Por lo tanto, la poca distancia en la votación popular desmiente la noción de que se ha vivido un gran giro ideológico. Es imposible identificar la emergencia de alguna nueva mayoría, adherida a la visión conservadora ofrecida por Cameron. El rechazo que  ha sufrido el Partido Laborista se centra mucho más en aquellas dimensiones en que el gobierno de Brown (y Blair), se alejaron de esa visión: principalmente la guerra en Irak, y el manejo de la crisis económica.

El carisma. Concepto griego tan antiguo, que data de los tiempos en que Grecia aun tenía plata. Los griegos sabían que no tiene que ver con personalidad, sino con un don, como dirían ellos, de los dioses.

Y, tal vez más que nada, se centra en personalidades y liderazgos. Ya ha sido comentado ad nauseam que la gran novedad de esta elección fue el uso de debates televisados, que para los británicos implica la adopción de un estilo estadounidense y presidencial en la política (aunque hay otros sistemas parlamentarios que hace décadas han usado debates en períodos electorales).
De hecho, si los debates tuvieron algún efecto, fue en crear una inflación engañosa en los niveles de aprobación del líder Liberal, Nick Clegg, apoyo que luego no se vio reflejada en la votación recibida. Si Clegg hoy día es el que tiene el poder –como dicen en Londres– de cortar el queque, no es por la votación que logró, sino por el bajo y tibio apoyo que lograron obtener los dos partidos principales.

Pero el tema de personalidad va más allá de si Cameron sea más telegénico. Tiene que ver con liderazgo, y de un atributo que en esta era del tecnócrata a veces es mirado a menos: manejo político. En esto la figura más parecida a Gordon Brown es Paul Martin, ex Ministro de Finanzas de Canadá, que, al igual que Brown, llegó a un acuerdo con un su Primer Ministro para que, después de cierto tiempo en el poder, le dejara el espacio para que el asumiera. Brown fue un extraordinario Ministro de Finanzas, cuyo expertise y sabiduría en temas económicos le permitió ser internacionalmente reconocido por su liderazgo durante la crisis financiera global.

Pero muy tempranamente Brown aprendió la lección que aprendió Martin en Canadá unos años antes: las habilidades que se requieren para ser un buen Ministro (especialmente de Finanzas) no son necesariamente las mismas que se necesitan para ser líder de un partido o Jefe de Gobierno. El primero es una posición mayoritariamente tecnocrática, aunque como aprendió Andrés Velasco, ayuda tener una sensibilidad política (y como demuestra Velasco, esto se puede aprender). El segundo es un cargo político que demanda algo que es muy difícil de adquirir: liderazgo.

El carisma. Concepto griego tan antiguo, que data de los tiempos en que Grecia aun tenía plata. Los griegos sabían que no tiene que ver con personalidad, sino con un don, como dirían ellos, de los dioses. Weber lo modernizó, insertándolo en el estudio moderno de la política. Los cientistas políticos tratan de evitar el tema, porque como los mismos griegos sabían, no es medible (un poco como la deuda fiscal griega). Sin embargo existe, pero no en Brown. Es probable que Brown sea mucho más inteligente que Tony Blair, pero durante todo su período en las más altas esferas del poder, nunca dio ninguna señal de que poseía un gramo de carisma.

Un partido, entonces, que llevaba muchos años en el poder, implementando políticas que lo alejaban de su base electoral, en medio de una crisis económica, y con un líder careciendo de carisma, no tenía por dónde ganar. ¿Le recuerda a algo?

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