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Sistema público-privado de cárceles

por 15 mayo 2010

Las cárceles concesionadas operan al 119% de su capacidad. Es decir, 1% debajo del límite legal que obligaría al fisco a pagar una multa diaria al prestador por sobrepoblación.

Las opiniones sobre el sistema concesionado de cárceles deberían partir de la base de que asistimos a un progreso en materia de mejoramiento de las condiciones de vida de la población penal. La existencia en estos nuevos recintos está mucho más cerca de cumplir el imperativo que señala que el castigo de la persona recluida es dictado por los tribunales de Justicia y se refiere solo a la pérdida de libertad, no a la degradación y el hacinamiento.

Chile intenta avanzar hacia el propósito de reducción del hacinamiento, para lo cual se proyecta la construcción de nuevas cárceles. Es dable suponer que las medidas antidelincuencia demandadas por la ciudadanía no variarán la actual necesidad de infraestructura carcelaria. Chile mantiene a 52 mil personas recluidas, y esta cantidad se expande al 10% anual.

Las cárceles concesionadas operan al 119% de su capacidad. Es decir, 1% debajo del límite legal que obligaría al fisco a pagar una multa diaria al prestador por sobrepoblación.

Por regla general, las cárceles concesionadas operan al 119% de su capacidad. Es decir, 1% debajo del límite legal que obligaría al fisco a pagar una multa diaria al prestador por sobrepoblación. Ese 19% significa que hay celdas individuales (de 6 m²) que deben ser habitadas por dos reclusos. Aun así, el sobre-uso dista del registrado en penales tradicionales.

El caso del Complejo Penitenciario de Rancagua es particular, pues el terremoto del pasado 27 de febrero obligó a trasladar a reclusos desde los penales de Talca y Curicó, que resultaron muy dañados. Antes de esto, la cárcel operaba al 119% de su capacidad (2013 personas), pero hoy es habitada por 2.200 personas.

Más allá de esta situación extraordinaria, estos recintos destacan por su estándar de segregación de la población según nivel de compromiso delictual y baja posibilidad de fuga. Sin embargo, se registra un déficit en el ámbito de la diferenciación de espacios según la mencionada segregación de la población penal: ausencia de materiales distintos del hormigón; no utilización de pinturas de colores en patios, pasillos, etc. Nuevamente, la cárcel de Rancagua es una excepción, pues ha comenzado a incorporar la pintura de motivos amigables, asociados a la infancia, la maternidad y el ambiente, entre otros. Es de esperar que otros recintos emulen esta iniciativa.

Por supuesto, aquí no sólo concierne hablar de las mejores condiciones para reclusos y reclusas, sino de la dignificación del trabajo que realizan los gendarmes, pues muchas veces este personal ha enfrentado situaciones que escapan a lo que el sentido común dicta como un ambiente adecuado para trabajar. En el mismo sentido, es notable el mejoramiento de los servicios médicos y la infraestructura asociada.

En la perspectiva general, el déficit de las cárceles concesionadas dice relación con la dinámica de los conceptos de productividad y rendimiento aplicados al ámbito penitenciario. ¿Cuáles son los impactos de esto en los usuarios del sistema?

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