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Impuestos, vacas y trabajadores

por 17 mayo 2010

El Estado tiene 4,6 veces más capital humano que vigila nuestros huertos y bosques que el que se preocupa que los derechos laborales se respeten efectivamente. Visto así pareciera que nos resultaría más fácil detectar y detener la fiebre aftosa que las prácticas antisindicales.

Se ha vuelto un lugar común sostener que los presupuestos transparentan cuánto pesan verdaderamente las convicciones que nos declaramos como país.

Por ejemplo, muchos académicos comparan el porcentaje del PIB que se gasta en educación para evaluar el valor que el Estado le da al sector.

Aprovechando el reciente planteamiento de la Directora del Trabajo respecto a que se aumentará el número de fiscalizadores, queremos realizar una comparación espuria pero muy ilustrativa entre la fiscalización que pueden realizar el SII, el SAG y la Dirección del Trabajo en base al número de fiscalizadores con los que cuentan.

El Estado tiene 4,6 veces más capital humano que vigila nuestros huertos y bosques que el que se preocupa que los derechos laborales se respeten efectivamente. Visto así pareciera que nos resultaría más fácil detectar y detener la fiebre aftosa que las prácticas antisindicales.

Sabemos que la naturaleza de sus funciones es distinta, pero nos han envalentonado comparaciones como las realizadas en el ya clásico freakonomics (como el perturbador dato de que una piscina en una casa es mil veces más mortal para los niños que la existencia de un arma de fuego). Quizás algunas de estas cifras, perdidas en el maremagnum estatal, nos puedan ayudar a iluminar la discusión.

En Chile existen un poco más de 15 millones de contribuyentes (cifras SII 2009) un poco más de 7 millones de trabajadores (estimación INE 2009) y casi tres millones de vehículos motorizados (INE 2008).

Con estos guarismos en la mano podemos sacar unas operaciones aritméticas gruesas: el SII cuenta en Chile con 1097 fiscalizadores o, lo que es lo mismo, con un fiscalizador cada 13.994 contribuyentes. El SAG en cambio cuenta con la no despreciable suma de 1.773 personas dedicadas a la fiscalización (destacando 612 en la Sexta Región, especialmente en la época estival).

Este número se explica al constatar que somos el segundo agro exportador del mundo detrás de Nueva Zelanda y que enviábamos al extranjero anualmente -ya el 2004- la friolera de 2.100 millones de toneladas de frutas.  La Subsecretaría de Transportes cuenta con 389 fiscalizadores para supervisar todo el universo vehicular del país. Es decir, si hipotéticamente todos los fiscalizadores tuvieran el mismo número de motorizados a distribuirse, individualmente les corresponderían 7.597.

La Dirección del Trabajo cuenta con 380 personas que realiza funciones de inspección. Es decir, existe un Inspector del Trabajo por cada 19.427 trabajadores.

Dicho de otro modo, el Estado tiene 4,6 veces más capital humano que vigila nuestros huertos y bosques que el que se preocupa que los derechos laborales se respeten efectivamente. Visto así pareciera que nos resultaría más fácil detectar y detener la fiebre aftosa que las prácticas antisindicales.

El caso de la Dirección del Trabajo es, comparativamente y en sí mismo, dramático. En Chile hay un poco más de 1 fiscalizador por cada comuna del país y  por cada 1.000 trabajadores. Comparado con el número de policías (43 mil hombres), en Chile hay 50 policías por 1 Inspector del Trabajo.

¿Cuánto tiempo espera en general un trabajador entre que toma la decisión de hacer una denuncia y la fiscalización respectiva? Si los bancos calculan el tiempo que esperan sus clientes en la fila, el Estado con mayor razón debiera manejar estas cifras (ignoro si en alguna repartición pública se encuentre esta información).

Así las cosas, no nos queda otra que afirmar que son las vacas (con toda la estima que les guardamos) los seres más protegidos de la República.

Por supuesto, los números no reflejan la realidad, pero la sugieren. No olvidemos la sabia prevención del escritor irlandés Bernard Shaw: “La estadística es una ciencia que demuestra que si mi vecino tiene dos coches y yo ninguno, los dos tenemos uno.”

Volviendo a lo que planteábamos al comienzo, díganme cuánto se esfuerza el país en una temática específica y sabremos qué importancia práctica se le otorga. Más allá de los discursos.

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